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Crónica:CARTA DEL CORRESPONSAL / París

La A perdida y los detectives salvajes

Le Canard Enchaîné revela que Nicolas Sarkozy ha sufrido un coup de blues (un golpe de melancolía) tras la pérdida de la triple A. Lo cierto es que la noticia más temida llevaba tiempo rondando al presidente saliente. En octubre, la rebaja era dada por "inminente", pero siguió siéndolo ocho semanas más. Cuando al fin llegó, lo hizo con retraso y vulgaridad: en plenos saldos de enero, junto a otras ocho bajadas de países del euro, y cuando la prima de riesgo y los mercados de deuda ya habían dado por descontada la llegada del lobo.

El mordisco de Standard and Poor's fue recibido por Sarkozy con una calma apenas fingida, como un síntoma más de la enfermiza manía antieuropea y la incoherencia de las estúpidas agencias. París había culpado a los detectives de la deuda de machacar a Francia y de proteger sin razón a la pérfida Albión. Pero, como le recordó la oposición, fue Sarkozy quien convirtió la triple A en el centro de su acción política y la consideró una cuestión de vida o muerte para él mismo antes que para el país. ¿Recuerdan?: "Si nos quitan la triple A estoy muerto". Electoralmente muerto. En efecto, al día siguiente Libération publicó su nombre sin 'a' (S_rkozy); a tres meses de las presidenciales, el peor eslogan posible.

Fue Sarkozy quien hizo de la máxima nota una cuestión de vida o muerte

El pionero del negocio más odiado del mundo es un francés

La desgracia para el presidente saliente es que las zozobras deudoras se habían calmado mucho tras el Consejo Europeo de diciembre y los préstamos del BCE. Esa mejoría llevó a Xavier Musca, el súper asesor económico del Elíseo, a pensar que la rebaja ya no iba a llegar este año. O, al menos, a creer que, si llegaba, lo haría al mismo tiempo que la de Alemania, lo que hubiera sido muchísimo menos grave para la desinencia de Merkozy.

No fue así, y el socialista François Hollande ("han degradado la política de Sarkozy") y la ultraderechista Marine Le Pen ("ha muerto el mito del capitán protector") señalaron al culpable. Cosa algo injusta, porque la deuda gala la construyeron también los socialistas, pero humana y veraz: los datos afirman que, en cinco años, Sarkozy ha aumentado la deuda francesa en 630.000 millones (de los cuales el reciente libro "Un quinquennat à 500 millards" solo atribuye 109.000 al coste de la crisis).

Mientras, los medios decidieron mirar atrás. Y Le Monde narró la deliciosa y tumultuosa historia de las agencias. Y, ¡oh ironía, oh némesis!, resulta que el negocio más odiado del siglo XXI nació en Francia y fue un francés. Para más señas, era un exjefe de la policía de París y se llamaba Eugène-François Vidocq. El tipo creó en 1833 la Oficina de Informaciones Comerciales, agencia de detectives entre cuyas funciones estaba recoger datos sobre los prestatarios. Detectives poco ortodoxos y algo salvajes: Vidocq fue juzgado por atizar a un deudor al que quería sacar información.

Norbert Gaillard, autor de "Un siglo de ratings soberanos" (Springer, New York, 2011), ha recordado que el creador de S&P fue Henry Varnum Poor (1861, S&P desde 1916), que el de Moody's fue John Moody (periodista económico reconvertido en 1909), y que Fitch (hoy propiedad de un francés) echó a andar en 1924.

Cien años después, y a la vista de los sondeos de las presidenciales, tal vez la moraleja sea que los detectives salvajes siguen sobreviviendo a base de repartir leña mientras los Gobiernos, los presidentes y las triples A siguen cayendo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 29 de enero de 2012