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Reportaje:Talentos

El carioca enamorado

Marcelo Camelo revoluciona la escena musical brasileña

La popular brasserie Jobi, situada en el barrio tan sofisticado sin esfuerzo de Leblon, en Río de Janeiro, lucía una reciente mañana de domingo la misma agitación somnolienta de la música del último y sensacional disco de Marcelo Camelo, que fue cantante y compositor de Los Hermanos, pionera banda brasileña de rock alternativo. Toda una celebración de la vida en fin de semana: los camareros se escurrían entre las mesas sin derramar la cerveza, las risas de las garotas lo alborotaban todo y Camelo, habitual de Jobi, explicaba inclinado sobre un plato de carne cocinado en el cielo que la atmósfera del álbum habría que buscarla en realidad en el bullicio de São Paulo.

Carioca de Jacarepaguá, se marchó hace dos años a vivir a la megalópolis rival "por amor, la única razón por la que merece la pena mudarse". Camelo, de 33 años, conoció a los 30 a una chica, cantante y famosa como él, llamada Mallu Magalhães. Un pequeño detalle: entonces ella tenía 16 años. Superada la novedad para la prensa amarilla, desoídos los consejos familiares y digerido el lío en general, la relación continúa y el grandullón de la barba descuidada y fama de tipo hosco aún está colado por la chica espabilada de la generación MySpace. Que el disco se titule Toque dela (Universal), el toque de ella, podría contar como otra prueba más.

"Mi debú en solitario se compuso en soledad en mi apartamento de Río, un lugar en el que, de tan silencioso, se escuchan las enredaderas crecer", recuerda Camelo. Con aquel trabajo, afloró en su obra el gusto, siempre latente en la música de Los Hermanos, por la MPB (siglas de Música Popular Brasileira) de Chico Buarque, Jorge Ben o Tamba Trío, músicos todos de los que nuestro hombre habla con devoción. Aunque Toque dela vaya más lejos que el anterior al añadir riqueza en los arreglos y exuberancia en las instrumentaciones.

Con la seguridad de haber encontrado su voz, el cantante está en condiciones de admitir lo que todos saben hace tiempo: el presunto paréntesis en la trayectoria de Los Hermanos, banda que fundó cuando era un estudiante de periodismo con ínfulas de reportero de rock (aún recuerda con espanto el día en que, en una entrevista, vertió un vaso de agua en la chaqueta de cuero de Joey Ramone) suena a estas alturas a separación en toda regla. "Dejamos de tener intereses comunes y sí, vendíamos un montón de discos [más de 300.000 de su homónimo debú de 1999], pero ¿qué significaría eso ahora? Aquí la industria está aniquilada por la piratería, los discos se ofrecen gratis en los blogs de los grandes periódicos", cuenta el músico brasileño.

Conviene no confundir este con el típico alegato contra las descargas del artista millonario. Camelo no es de los que lamentan el cierre de los estudios, hace tiempo que dejó de "creer en los objetos" y celebra "la enorme cantidad de bandas que descubre cada semana". Como The Growlers, combo californiano con el que actuó durante el segundo fin de semana del festival Rock in Rio. "Todo lo que sea acercar la música a los oyentes es bueno", afirma. "Porque ¿cuál es la misión divina de un compositor? Proveernos de canciones. Buenos temas para hacer el amor, para discutir, para trabajar, para ducharse o para un domingo por la mañana como este".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de noviembre de 2011