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Reportaje:

Libélulas y caracolas en peligro

Seis animales y un carballo son declarados especies amenazadas

La caracola marina, la libélula, el colirrojo real, el águila pescadora, dos especies de murciélagos y el roble enano. Estas son las siete especies con presencia en Galicia que acaban de incluirse en el Catálogo Galego de Especies Ameazadas (CGEA) en la categoría de Vulnerables y que ya figuraban en el Catálogo Español. Esta condición es la que precede a la de especie en peligro de extinción. Una vez catalogadas, el siguiente paso sería aplicar las medidas específicas para poder preservarlas.

Para que una especie sea declarada vulnerable tiene que cumplir alguno de estos criterios: que se produzca un declive en su población, que disminuya el área de distribución un 50% como mínimo respecto a los últimos 50 años o que el tamaño de la población actual sea inferior al 50% de la que se estima que tendría una situación favorable para su conservación. De las 200 especies de fauna y flora recogidas en el catálogo gallego, 126 son vulnerables y 74 están en peligro de extinción.

En Galicia existen 74 especies en peligro de extinción y 126 vulnerables

La única población de roble enano se encuentra en el monte de O Pindo

El hábitat del Nyctalus noctula y del Nyctalus lasiopterus, dos tipos de murciélago, es el que realmente está amenazado. Aunque estas especies han sido "muy poco estudiadas en Galicia", según González, son extremadamente sensibles, las deforestaciones e incendios están acabando con los bosques caducifolios viejos donde habitan, ocultos en los huecos y zonas oscuras y húmedas que se dan en este tipo de entorno. Estos mamíferos son muy importantes en nuestro ecosistema puesto que pueden consumir casi un tercio de su propio peso en insectos.

El águila pescadora (Pandion haliaetus) es un ave rapaz grande -puede medir hasta 1,80 metros de envergadura- muy fácil de identificar. Tiene el cuerpo blanco con la parte baja del cuello y el pecho jaspeados en marrón oscuro. Un antifaz marrón separa la garganta blanca de la cresta, también blanca. Esta ave rapaz es especialista en atrapar peces en picada y está presente en todo el planeta. Pero su presencia en territorio gallego es "bajo el status de invernante", es decir, aparece durante los pasos migratorios hacia el sur. Serafín González cuenta que "no existen poblaciones reproductoras del águila pescadora en Galicia" y que, de acuerdo con los censos, "es una población pequeña pero estable".

La Charonia lampas es la típica caracola marina desde la que se escucha el mar al acercarla al oído y cuya concha vacía es utilizada como pieza de decoración en acuarios. Y, aunque su carne no forma parte importante de la cocina gallega actual, sí que es un manjar apreciado en lugares tan dispares como Andalucía o Japón. Aparte de esto, la otra amenaza reside en que su hábitat está siendo dañado por las construcciones en el litoral y la contaminación de las costas.

Que la especie Oxygastra curtisii sea catalogada como vulnerable en Galicia es un paso "lógico" para Serafín González, ya que las libélulas llevan varios años en una "mala situación" tanto en Europa como en España, donde ya hay numerosas especies protegidas por estar en peligro de extinción. El declive de la población de estos insectos es un claro indicador del estado de los ríos gallegos, su hábitat, y la contaminación de las aguas, ya que pasan gran parte de sus cinco años de vida en fase larvaria acuática.

La situación del colirrojo real (Phoenicurus phoenicurus), la otra ave incluída en el catálogo, es similar. En Galicia, la población de estos pajarillos es muy pequeña. Hace décadas que sus "índices están en declive", a pesar de que estas aves de cola roja crían en cualquier hábitat donde puedan encontrar agujeros para hacer sus nidos: bosques, parques, jardines o incluso en terrenos sin árboles. Es muy común verlos en las migraciones de otoño y primavera.

El monte de O Pindo, en Carnota, es la única zona de Galicia donde hay carballos enanos (Quercus lusitanica). El peligro de desaparición de este árbol reside en que es una población aislada, "un riesgo que corren los grupos fragmentados", explica Serafín González. Según este experto, la población de este tipo de roble más próxima se halla a 500 kilómetros de distancia, en el norte de Portugal.

El presidente de la Sociedade Galega de Historia Natural opina que "bien está que se proteja a estas especies", pero también advierte que existen otras "con una responsabilidad mayor para el ecosistema gallego" que todavía no lo están. También denuncia que es "profundamente criticable" que aún no se haya aprobado ningún plan de conservación ni de recuperación de las especies, desde que se publicara el catálogo en 2007. González añade que se "está dando luz verde a las concentraciones parcelarias y a la construcción de parques eólicos" que atentan contra la preservación de estas especies.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 13 de agosto de 2011