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Reportaje:

Franco contra el rock

El crítico Xavier Valiño publica una tesis sobre la censura de la dictadura

En 1971 Andy Warhol diseñó para los Rolling Stones la portada del mítico disco Sticky fingers. Warhol ideó un disco-objeto con un dispositivo que permitía subir y bajar la cremallera auténtica de la portada al gusto del usuario. Debajo aparecían los calzoncillos del modelo que posó para la historia. Una obra de coleccionista que nunca llegó a España, porque el régimen de Franco lo consideró "sexualmente explícito". La edición española del disco salió con una lata de conserva de la que emergían tres dedos mutilados bañados en sangre, una carpeta que hoy es una codiciada pieza de coleccionistas. Este es uno de los muchos casos de censura de discos que se produjeron durante el franquismo y que el crítico musical Xavier Valiño ha investigado para elaborar la tesis con la que este jueves se doctoró en Santiago. El trabajo, que tuvo como tutor al profesor de Políticas Xosé Luis Barreiro Rivas, da a conocer numerosas curiosidades inéditas hasta el momento.

"Alguno tuvo que invertir muchas horas pintando bragas y bikinis"

Hay un listado en el que se prohibían más de 4.000 canciones

Eliminación de textos, discos que salían con canciones de menos, frases amputadas sin sentido y sobre todo montones de fotografías, pósters y carpetas de discos no vieron la luz porque no casaban con la moral imperante en la época. Colaborador habitual en varios medios musicales y gestor de la web Ultrasónica, Valiño lleva una década indagando sobre la censura del rock durante el franquismo, escudriñando sin descanso en archivos y bibliotecas. "Estaba todo en cajas y había kilómetros de estanterías sin catalogar. Dediqué horas y horas a revisar el material en el archivo de la Administración General del Estado, y así fui encontrando cosas", recuerda el nuevo doctor sobre su proceso de trabajo.

En paralelo a su tesis, este apasionado de la música que en su día se licenció en derecho, fue recopilando todas estas piezas descatalogadas, y haciendo su propia colección con estos discos que el franquismo censuró o trató de "maquillar", a veces de forma burda. Entre estos discos están Quadrophenia (1973) de The Who "con un libreto interior memorable en el que alguien tuvo que invertir muchas horas pintando con paciencia bragas y bikinis para tapar un grupo de chicas desnudas", recuerda Valiño. Otro de los discos célebres "retocados" por el régimen fue Country life (1974), de Roxy Music, en el que dos modelos de una sensualidad y una belleza descomunales posaron semidesnudas para Bryan Ferry. En España la foto apareció ampliada de tal forma que solo salía en la portada un primer plano de la cara de una de las chicas. "Una de las portadas más delirantes que encontré es la de un recopilatorio de bandas alemanas de los setenta titulado Mama Rock and the songs of Rock?n roll, donde un trasero femenino que aparecía en la portada fue convertido por arte de magia en la parte trasera de un elefante", comenta el crítico e investigador lugués.

Dentro de su trabajo de investigación, se preocupó en indagar cómo se articulaba el aparato administrativo de la censura, que resultó tener algunos rasgos dignos del humor al gusto de Berlanga: "Eran cuatro señores que trabajaban como censores de libros por la mañana, y les ofrecieron hacer horas extra por la tarde como censores de discos". A lo largo de sus años de trabajo con la tesis, Valiño localizó al único de estos censores que queda vivo y hasta logró entrevistarse con él. "Lo mejor es que ni siquiera era afecto al régimen y hasta le habían censurado un libro suyo. El único criterio que tenían era contentar a los superiores y que no hubiese ningún problema", comenta el autor de la tesis.

El auge del rock y la implantación masiva de los sistemas de reproducción, como el tocadiscos en la década de los sesenta, provocó un mayor control por parte de las autoridades. Hasta tal punto que la censura musical se controlaba a partir de dos organismos: por un lado la Dirección General de Cultura Popular, y por otro la Dirección General de Radio y Televisión. Estos órganos de control funcionaron entre 1960 y 1977 y bajo la denominación de Textos gramofónicos calificados como no radiables Valiño precisa que "constan en el listado más de 4.000 canciones".

"Mucha de la tradición de la música española actual procede del franquismo, que impulsó géneros como la copla, el cuplé o la zarzuela, en detrimento del rock, que era más provocador", teoriza el doctor, que cuenta docenas de anécdotas extraídas de sus horas de dedicación al tema. Una de sus favoritas es una portada de Lucio Battisti, cantante italiano de cierto éxito en la España de los setenta, que publicó un disco con una portada anodina de unos hippies tumbados en la hierba. "Por algún motivo el censor de turno mandó cambiarla e hicieron una portada de un niño meando encima de una bacinilla. Era tan absurda como desternillante pero la censura tenía estas cosas y a veces su opinión hasta lograba mejorar las portadas", ironiza Valiño, que ya ultima los retoques de su libro, que verá la luz en 2011 con la Editorial Milenio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 19 de diciembre de 2010