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La lacra del dopaje

Nimo, el maratoniano que no tragó

"Todos los deportistas tenemos ambición, solo que algunos somos conscientes de nuestras limitaciones y aceptamos nuestra realidad", anticipa Pedro Nimo, maratoniano gallego, de 30 años, que llegó al pasado Mundial de la mano de Manuel Pascua. Lo hizo, enfatiza, limpio. "Unos meses antes no soportaba la carga de entrenamiento, me costaba mucho". Pascua le apuntó que había una manera de solucionarlo. Nimo sabía cuál era y le dijo que no por segunda vez. Diez años antes había dejado el atletismo porque el mismo técnico trató de llevarle por ese sendero. Estuvo tres años sin competir, pero regresó. "Pensé que tanto el deporte como yo nos merecíamos otra oportunidad. Creía que sin dopaje se podían hacer muchas cosas".

En marzo de 2009, volvió con Pascua. "Piensas que la gente puede cambiar. Manolo es un gran entrenador. Yo tenía claro que no iba a pasar por el aro, pero para él lo más importante es el resultado, ganar". Esa codicia les separó. Nimo recibió el lunes tres llamadas de la Guardia Civil, le hicieron tres preguntas y a las tres contestó afirmativamente. "Lo tenían muy claro, me quedé con la sensación de que me llamaron para estar aún más seguros". Nimo les confirmó que había roto de nuevo con Pascua porque le había ofrecido doparse. Ahora el maratoniano siente que empieza otra carrera. "No hay palabras para felicitar a la Guardia Civil porque lo tenían todo en contra. Lo único que pido es que sigan hasta el final y que no haya llamadas pidiéndoles que paren porque llegan demasiado arriba".

A Nimo le alienta saber que algún día competirá entre pares. Hasta ahora no tuvo esa sensación. "Quiero tener la certeza de que si me ganan puedo darle la mano al rival y saber que me venció en igualdad. Todos sospechamos, pero de quien no me lo esperaba era de Marta, un ejemplo". Diferente es el sentimiento hacia Pascua: "Manolo sabe más que muchos médicos... y doparse no es barato, no es como ir a comprar una barra de pan".

Entre la desazón y la esperanza, Nimo cree que hay futuro para el atletismo. "A la larga, las malas noticias de ahora se convertirán en buenas", entiende. Solo pide que la gente valore el esfuerzo y no caiga en la tentación de crear ídolos únicamente desde el resultadismo. "El deporte es mucho más que medallas, son otros valores que tenemos que recuperar. Hay que confiar en que la gente que utiliza ventajas al final cae. Éstos lo han hecho porque estaban convencidos de que nadie les iba a coger, alimentados por una total sensación de impunidad", denuncia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 11 de diciembre de 2010