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Reportaje:Talentos

Una cámara a la orilla del Yangtsé

El fotógrafo Nadav Kander retrata China a través de su gran río - La serie ha sido premiada con el Prix Pictet

Ni siquiera las columnas de hormigón permanecen quietas, la velocidad destruye un país que ha confundido el cambio con la extinción. Pese a todo, el hombre resiste, y por eso junto al río Yangtsé -enfermo por el vómito de un crecimiento acelerado que niega cualquier signo del pasado y ha hurtado al viejo río sus corrientes de vida-, se puede ver a un grupo de jóvenes que comen tranquilos, incluso se ríen, pese estar rodeados de un mundo que agoniza. Solo uno de esos jóvenes parece desafiar la cámara que los ha capturado, la del fotógrafo Nadav Kander, que gracias a su serie dedicada al río para el proyecto Tierra ha logrado el Prix Pictet 2009 de Fotografía, organizado por el banco Pictet, con el Financial Times y un jurado de peso como garantía.

Kander afirma -sin que parezca presuntuoso- que las imágenes que tomó a lo largo y ancho de la interminable ribera no pueden repetirse, que lo que él vio (puentes, fábricas, edificios...) ya nadie podrá verlo otra vez. Kander (hoy residente en Londres, nacido en Tel Aviv y criado en Johanesburgo) se baja de su bicicleta para responder a las preguntas sobre una serie de fotografías que, dice, son "una metáfora no documental" sobre el cambio permanente de un país que no se respetó a sí mismo para encarar su obsesión por el futuro.

El Premio Pictet logró en su última convocatoria poner sobre la mesa del jurado los trabajos de 200 fotógrafos, de los que quedaron finalistas la docena que ahora se podrá conocer -junto al ganador- en la Delegación del Principado de Asturias de Madrid desde el 28 de octubre hasta el 28 de noviembre.

Nadav Kander (conocido por los 52 retratos que hizo del equipo de Obama poco después de proclamarse presidente de EE UU) viajó cinco veces a China para su proyecto. "Nunca permanecí más de 15 días. Para mí fue muy importante ir y volver a China para poder saber qué quería contar, para poder asimilar lo que veía, para encontrar lo que buscaba. Hacer un viaje largo y continuo es lo que hubiese hecho un fotógrafo del National Geographic, nada más lejos de mi intención. Yo no hago fotografía documental o fotoperiodismo, yo buscaba otra cosa, mi propia verdad, que tiene que ver con la esencia del hombre más que con la del paisaje. Por eso necesitaba procesar cada viaje, reposarlo en mi casa de Londres". Una especie de nube blanca baña cada imagen de Kander y le da una extraña unidad. Esa "atmósfera" pictórica es su seña de identidad. "El color era muy importante porque esa niebla lo envuelve todo alrededor del río. La primera vez que la vi pensé que era algo muy bonito, pero al acercarte no sabes si es bonito o sencillamente repugnante. El agua tan fría del río provoca ese humo al chocar con el calor, no es un efecto creado con la cámara sino algo que ya estaba ahí. Yo no quiero contar la historia de China sino lo que la tierra de China me puede contar a mí. Y allí es muy difícil saber qué es lo que se construye y se destruye".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 26 de octubre de 2010