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Entrevista:EN PORTADA

Fangoria: 'Nunca fuimos tontos'

Siempre han reivindicado su derecho a no mirar atrás. Ahora, Alaska y Nacho Canut vuelven regrabando y actualizando los viejos éxitos de Pegamoides y Dinarama.

Warhol, Warhol, Warhol. Fangoria no cree en Dios. Cree en Andy Warhol. De poco sirven los avisos.

Por más que lo citéis no vamos a hablar de él, a no ser que lo hayáis conocido.

Y así era. Lo conocieron, pero no cruzaron palabra. Tocaron para Andy Warhol una vez, pero apenas se saludaron, cuentan Olvido Gara y Nacho Canut.

Nada, nada. Warhol estaba ahí, como una estatua de cera. A Warhol no se le habla, no se le toca. Es de mala educación. A alguien así no se le molesta. Él no dice nada, solo hacía fotos.

Esa mezcla de tiempos verbales, de pasado y presente, se revela como una presencia espiritual. Warhol les habita, Warhol les contempla, desde ese más allá del Olimpo. Como David Bowie. Si Warhol es Dios, para Fangoria, David Bowie es su profeta.

"Nos hicimos ricos, nos arruinamos también. Pero nunca fuimos tontos"

Por cierto, ¿dónde andará metido?

Tanto se ha especulado en los últimos tiempos con su retirada, con su estado de salud. El silencio de Bowie.

No está bien del corazón.

Le justifican como dos beatas de esa cultura pop universal, posmoderna.

¿Qué quiere decir eso, posmoderno? No sabemos qué significa preguntan.

De tanto colgarles la etiqueta van por la vida hartos de justificarse. Pero esa es precisamente una buena definición. Ni ellos ni nadie lo saben. Porque el posmodernismo es todo y nada. Es la caída de los dioses, de los mitos: "No more heroes", claman como lema. El precipicio de las ideologías, del dogma estético. El paso y la puerta abierta al eclecticismo. Y si Fangoria es algo o ha sido algo, es eso. Una mezcla de gustos sin complejos. Un cóctel de referentes que ellos mismos reivindican. "Nos gustan tanto Camilo Sesto como el punk. Raphael como The Ramones. Y Paquita la del barrio o el teatro chino de Manolita Chen igual que B-52, Roxy Music y Talking Heads".

The Ramones. Así comenzó todo. No sabían tocar ningún instrumento. Nada que ver con el perfeccionismo del que hace gala ahora Canut, que se ha metido a clases de piano. "Quiero llegar a tocar a Chopin y a Beethoven", avisa. ¿Como Krystian Zimerman? "¿Quién?". Krystian Zimerman, con 'k', que es polaco. "Espera que lo apunto".

Tampoco sabían apenas cantar. No tenían idea de futuro, pero querían ser eso, The Ramones. Como ellos pasados un poco por el filtro de Berlanga padre. Nacho Canut y el hijo del cineasta, Carlos, la otra alma ya desaparecida del grupo, habían montado un puesto en el rastro.

Nosotros vendíamos de todo, libros, discos, pinturas, lo que se terciara. Y ella era clienta.

Una clienta vestida de cuero negro, adolescente, simpática, curiosa y rompedora. Alaska. Montaron una banda. Era obligatorio. La movida. Hace 33 años. El catálogo de grupillos de aquella época es interminable. Solo unos pocos sobreviven. El secreto: reinventarse. Tirar para adelante. Siempre al día, camaleónicos. Fueron tiempos de tremenda energía, pasotes y discusiones. Los grupos duraban lo que tenían que durar. Los Pegamoides y Dinarama tuvieron su principio y su fin. Y los integrantes, tan amigos. "Unos querían tocar mucho para ganar; otros, poco y no ganar, y algunos, nada, pero ganar". Un lío de madre. "Pero luego nos arreglábamos, incluso nos llevábamos mejor separados que juntos".

Ahora, digan lo que digan, han caído en la nostalgia con un disco, El paso trascendental del vodevil a la astracanada. Antología de canciones de ayer y de hoy (Warner) en el que recopilan los 22 sencillos de la historia de Fangoria y actualizan los grandes éxitos de todas las épocas anteriores, con Pegamoides o Dinarama: de Bailando a Perlas ensangrentadas. ¿A quién le importa? Son los reyes del karaoke y el despiporre. Como los payasos de la tele lanzaron hace años un disco para poner a sus hijos en el coche. Ahora esos mismos padres pueden comprar a sus chavales adolescentes las canciones que les hicieron los reyes de las pistas en los años turbulentos. La nostalgia activa es un negocio redondo. ¿Por qué negarlo? Hacerlo, además, sería contravenir esa alma warholiana. La pasta está justificada. Siempre.

No, no somos nostálgicos.

Les molesta que se lo pregunten, pero insisten en contar batallitas del pasado. Cuando eran punks, cuando viajaban a Londres. Todavía lo hacen, of course.

Nos gustaban los Clash, Joy Division. Nada iba a ser igual. Nadie podía copiar a nadie.

Ahora también buscan referentes. El último que les ha impactado es Lady Gaga. "Desde Madonna, hace 20 años, no surgía en el pop alguien igual. Alguien que hiciera las cosas con una intención. Todo ha sido una laguna negra en la que solo hemos visto grupos Disney y triunfitos", comenta Canut.

Ellos pronto fueron independientes. Empezaron a ganar dinero.

Nos hicimos ricos, nos arruinamos también. Pero tampoco éramos tontos. No, nunca fuimos tontos.

Alaska se empeña en recalcarlo. Sí conocieron la gloria y el drama. Algunos quedaron en el camino, como Carlos Berlanga.

Estas canciones suenan ahora diferentes porque no han sido grabadas por los mismos que lo hicieron en el pasado.

Además lo justifican con un discurso teórico para que no les acusen de populacheros.

Fangoria ha hecho un viaje del vodevil a la astracanada. ¿Qué grupo barato diría eso? Somos populares y nos gusta el término. Pero no populistas.

¿Cuál es la diferencia?

Que unos buscan deliberadamente serlo, encajar con los gustos de la gente, y otros se convierten en ello sin quererlo.

Quizá por eso también se consideran más artistas que artesanos. Sea lo que fuere, si Alaska encarna algo es una especie de folclorismo posmoderno.

Eso ya lo escribió Jorge Berlanga hace años recuerda ella, para que nadie se apropie teorías ajenas.

Pues llevaba razón. A Olvido no le disgusta. Tampoco una folclórica se pondría a estudiar historia, como está haciendo. "Por la UNED". Ni se convertiría en tertuliana de radio. Con Federico Jiménez Losantos.

Comento cosas del corazón. Pero mi faceta de tertuliana es antigua. Viene de La clave, en los ochenta. Siempre ha sido paralela a la música.

¿Pero ahora no le importa que sea para la derecha más rancia?

Federico es un agnóstico. La prueba es que ya no está en la Cope. Era incómodo.

¿Víctima?

Sonríen. No quieren entrar al trapo. Les incomoda más lo de la nostalgia que esa curiosa relación con la caverna. "Jamás hicimos una gira de grandes éxitos". ¡Qué decadencia, por Dios! "Llevamos 20 años y no tenemos nada que demostrar".

El paso trascendental... se publica el 26 de octubre.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 15 de octubre de 2010