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Crítica:DORMIR

Un 'martini' en el patio

PALACIO GARVEY, una casa noble del siglo XIX en el centro de Jerez

De un hotel en Jerez cabe esperar cualquier cosa que tenga relación con el vino. Una bodega o una casa patricia, por ejemplo, como la que en 1850 se hizo construir la familia Garvey (Fino San Patricio) en el centro histórico de la ciudad. Hace un lustro fue adaptado como negocio turístico por un grupo inmobiliario con intereses en la Costa del Sol y ahí sigue funcionando, promovido como un hotel con encanto, a gusto de una clientela atraída por su epidermis neoclásica con un guiño a la arquitectura colonial de su época. Aunque, en el fondo, lo que más engancha son sus precios y un servicio más funcional que esmerado, en línea con lo que últimamente se prodiga en la hotelería urbana. Eficiente, distendido y muy amable.

PALACIO GARVEY

Categoría: cuatro estrellas. Dirección: Tornería, 24. Jerez de la Frontera (Cádiz). Teléfono: 956 32 67 00. Fax: 956 32 73 40. Internet: www.sferahoteles.net. Instalaciones: garaje, piscina, sala de convenciones para 20 personas, salón de estar, cafetería, restaurante. Habitaciones: 7 dobles, 9 suites; todas con baño, calefacción, aire acondicionado, teléfono, TV satélite, minibar, equipo de música, secador, albornoz; habitaciones para no fumadores. Servicios: algunas habitaciones adaptadas para discapacitados, animales domésticos prohibidos. Precios: desde 60 euros + 8% IVA la doble (www.booking.com); desayuno, 11 euros + 8% IVA.

Ese recital de colonia añeja impregna sus interiores por obra y gracia de Desiderio Robles, capaz de sacrificar algo de luz para añadir calidez a los espacios, o de proponer en la recepción una mesa noble de trabajo en lugar del inefable mostrador. El interiorista ha dado vida, además, al patio andaluz, cubierto por una pérgola de forja que en verano propicia el encuentro, la conversación y unos martinis muy celebrados. Mención aparte recibe el restaurante La Condesa por su atmósfera refinada y el tono elevado de sus platos, ensamblaje sin estridencias entre la cocina mediterránea y lo que siempre se comió en la Frontera (especialmente ricas las pastas florentinas). Menos nivel acredita el desayuno, aunque se agradece que no sea de bufé ramplón.

Quien deteste subir escaleras debe tener cuidado de reservar únicamente las habitaciones del primer piso, hasta donde llega el ascensor. Espaciosas, confortables, ensoñadoras... Decoradas con tapicerías en cuero rojo o negro, cabeceros notorios de forja o piel, óleos coloristas de pintores malagueños, galanes de noche, doseles minimalistas en contraste con los suelos de wengé... Las camas, salvo por su angostura, abrigan bien el sueño. Cada una posee su propia personalidad, incluso su adscripción pictórica, aunque les falla la insonorización de muros adentro. En los cuartos de baño funcionan unas bañeras antañonas de patas y un buen chorro de ducha que informa del lujo pretendido por la casa antes de que la crisis adelgazara las tarifas.

Puestos a escoger, gracias a su buen precio las suites añaden a su decoración más señorona la circunstancia de hallarse situadas en los antiguos aposentos del conde de Garvey. Un privilegio que da sentido a la obra de recuperación de este palacete con tanta solera en Jerez.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 31 de julio de 2010