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Crónica:

"¡Tenía que ser en San Siro!"

Sarriegi, del Panathinaikos, repite ante el Inter su triunfo con el Alavés

No se llevó como recuerdo un trocito de césped del Meazza -sólo la camiseta del central colombiano Córdoba-, pero poco le faltó para hacerlo. "Sólo meto un gol cada año, ¡y he tenido que hacerlo en San Siro!", se sorprende por teléfono Iosu Sarriegi (Lazcano, 29 años), desde su casa de Atenas.

Todo han sido sorpresas para Sarriegi en el estadio italiano. No sólo por estrenarse el miércoles como goleador en la Champions, ante el Inter, en un triunfo (0-1) que mantiene al Panathinaikos con opciones de jugar los octavos de final [les vale empatar con el Anorthosis en la última jornada]. También por la casualidad del escenario. El mismo donde el Alavés, hace siete años, con un jovencito Sarriegi en el banquillo, eliminaba (0-2) al Inter en octavos de la Copa de la UEFA. "Era mi primer año con los mayores. ¡Vaya defensa teníamos! Carmona, Téllez, el noruego Eggen, Geli... era difícil jugar con ellos delante. Aquello fue una proeza. Algo histórico", reconoce el jugador. Los vitorianos, tras eliminar después a Rayo y Kaiserslautern, perdieron la final ante el Liverpool.

"Ahora, ocho años después, repito triunfo en San Siro ¡y con gol mío!", se congratula Sarriegi, que llegó al Panathinaikos hace dos veranos. Tras cinco temporadas en el Alavés, disputó otra como titular en la zaga del Athletic, en un año que casi acabó con los bilbaínos en Segunda División. Entonces llegó Caparrós. "No contaba conmigo así que acepté venirme a Grecia. Al principio todo era nuevo. No sabía nada del país. No entendía el idioma. Pero ahora sé saludar, pedir en los restaurantes y soltar insultillos. ¡Con eso me vale!", explica el jugador, que dice echar de menos la comida de su tierra. "¿Musaka? Las kokotxas son insustituibles", asegura.

Su ex compañero Gabilondo le informa de cómo van los equipos vascos, y el centrocampista del Athletic fue uno de los que más se alegró con su gol del miércoles. Un cabezazo de Goumas a la salida de un córner, un rechace del meta brasileño Julio César y él, en plan cazagoles, empalmando el balón a la red. "Me encontré la pelota. Pensé, ¡ahí va la hostia, que la tengo delante!". Sus 183 centímetros corrieron desenfrenados por el área, esquivando el abrazo de sus compañeros. De regreso al autobús, tenía en el móvil más de 20 llamadas perdidas. "Normal, no se marca en San Siro todos los días", dice el jugador, uno de los firmantes del manifiesto que pedía llamar Euskal Herria a la selección vasca. "No entiendo la polémica", dice Sarriegi. "Aquí todo dios opina de fútbol... ¡a ver por qué los futbolistas no vamos a opinar de política!".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 28 de noviembre de 2008