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Reportaje:Ecos de Pekín

Una gran élite, una base escasa

Detrás de los brillantes resultados, la vela en España prima más el apoyo a la competición que a la cantera

Unas semanas antes de los Juegos, cuando la delegación española presentó a su tripulación olímpica, el secretario de Estado para el Deporte, Jaime Lissavetzky, comentó que la última legislatura del Gobierno había sido "la legislatura de la vela". Habló de "popularizar" el deporte, de alejarlo de la "élite", al tiempo que pedía a los regatistas españoles que cubrieran la cuota de medallas habitual en Qingdao. Desde Montreal 1976, la vela sólo ha pinchado en el medallero olímpico en Sidney 2000. Y en Pekín regresó a su nivel de protagonismo. Fernando Echávarri y Antón Paz (oro en Tornado) e Iker Martínez y Xabi Fernández (plata en 49er) engordaron el botín de la vela: 17 medallas en la historia de los Juegos (el deporte más productivo). Un cuarto puesto de Marina Alabau en RSX y un quinto de Onán Barrieros y Aarón Sarmiento en 470 redondearon una buena actuación. España manda en los Mundiales y los Europeos y es una referencia en los Juegos, pero la vela sigue lejos de ser un deporte popular, en contra de lo que pretendía Lissavetzky, pese al clima ideal y los 7.800 kilómetros de costa que riegan el país. Con igual o mejor materia prima, España envidia la cultura náutica de Nueva Zelanda y Australia.

"Las federaciones prefieren medallas a gente navegando", dice Luis Doreste

En Francia, un país similar, muchos niños tienen la vela como deporte escolar

Aunque copa el medallero, la vela es el décimo deporte olímpico en número de licencias y el 26º en clubes entre todas las disciplinas. Las ayudas del plan ADO -sexto deporte que más dinero recibe, por detrás de atletismo, natación, hockey, balonmano y ciclismo- aseguran títulos en la élite. "El resultado en Pekín ha sido el esperado", razona Alejandro Abascal, director de preparación olímpica. Jan, oro en Moscú 1980, pide más inversión en investigación, aunque asegura que el relevo para Londres 2012 está garantizado. "Lo que más nos ha preocupado en los dos últimos años es el relevo. No vamos a jubilar a Iker y Xabi, que son los mejores del mundo, pero los hermanos Federico y Arturo Alonso son subcampeones de Europa y cuartos del mundo en 49er. También hay relevo en Tornado, con Toni Rivas y Javier Padrón. En Laser, Susana Romero era nuestra opción para Londres, pero con 17 años ganó la selección para Pekín. En 470, Tara Pacheco y Berta Betanzos son subcampeonas del mundo juveniles... Hemos ido preparando el camino a Londres", dice Abascal.

Santander mantendrá la sede de entrenamientos -en diciembre hay elecciones en la federación-, una ventaja para los próximos Juegos. Las pruebas de vela de Londres se disputarán al sur del Reino Unido, a 20 horas en ferry de Santander y en condiciones de mar muy parecidas a las del norte de España.

"Hay un gran equipo para el futuro, sí, pero en la base cuesta ver a gente navegando", apunta Luis Doreste, oro olímpico en 1984 y 1992: "Habría que organizar muchas más regatas porque salir al mar sigue siendo caro. Hay que facilitar más el acceso al mar por parte de los ayuntamientos; que se pueda, por ejemplo, alquilar un barco. Hay que tener conciencia de que estamos rodeados de mar. Cuando Gorostegui y Millet ganaron la primera medalla, en 1976, se pensaba que con eso aumentaría el número de practicantes. Pero las federaciones quieren medallas que les den prestigio más que tener a mucha gente practicando vela. Ya pasaba cuando yo navegaba y sigue pasando ahora. Al de arriba se le apoya mucho y al de abajo menos. Así que el navegante de segunda o tercera fila se aburre y se va a clases no olímpicas, que es donde ahora hay más gente. La vela se centra mucho en los Juegos". "Está enfocada a la competición, a los resultados, más que al placer", abunda Theresa Zabell, oro en Barcelona 1992 y Atlanta 1996 y vicepresidenta del COE. "Sí, los resultados son buenos, pero lo lógico sería popularizar más la vela. La base de la pirámide es pequeña, aunque la punta sea numerosa. Se puede dar dinero a la competición y a la cantera", añade.

En Francia, país del entorno de España y con unas condiciones para navegar similares, el número de licencias es "diez veces mayor", según Zabell. Todos los niños que viven a menos de 50 kilómetros del mar tienen la vela como deporte escolar. En España, la Fundación Ecomar ha subido en los últimos años a 15.000 niños a un barco. "Un número muy pequeño", para la ex regatista. Aunque la élite brilla, la cantera escasea.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 28 de agosto de 2008