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Observatorio | Elecciones 27M

Sebastián, alcalde de El Cairo

Huyo de Madrid a Egipto por unos días, como solía hacer Terenci Moix, inducido por Séneca, cuando se sentía perseguido por la avalancha informativa de unas elecciones. De hecho, a base de las sucesivas convocatorias de elecciones que lo obligaban a huir a Egipto, Terenci Moix se fue labrando una espléndida cultura en Alto y Bajo Nilo. Han venido ya a Egipto 140.000 españoles en el primer cuatrimestre de 2007 para implorar a Isis y Osiris. Estos turistas imploran a estos dioses para poder llevar sin desánimo los discursos electorales de nuestros líderes: Miguel Sebastián, Ruiz-Gallardón, Esperanza Aguirre, Rafael Simancas e Inés Sabanés y Ángel Pérez, que juran que están llevando a Izquierda Unida al estrellato.

De todas las promesas electorales, la que mayor interés despierta para mí es la emitida por Miguel Sebastián, que nos ha anunciado la plantación de más de un millón de árboles si gana las elecciones a la alcaldía de Madrid. Después de Tokio, es Madrid la capital -si hablamos sólo de grandes capitales- que cuenta con más árboles en su asfalto. Esta idea de plantar árboles es, aparentemente, maravillosa para los ciudadanos: pero, en realidad, es, sobre todo, un chollo de incalculables rendimientos económicos para el Ayuntamiento. Incluso quienes somos profanos en botánica sabemos que un arbolillo oxigena el aire y que un millón de árboles pueden poner la atmósfera a bailar chotis en una baldosa. Pero ya escribió Virgilio aquello de "la serpiente se oculta en la hierba", que en el Ayuntamiento de la Villa, donde hay tanta afición al gregoriano, se canta en el original latino: latet anguis in herba.

Y ¿dónde reside para el ciudadano el peligro de los árboles?: sin duda, en esas ramas que crecen a lo bestia rumbo al cielo y que, por ejemplo, tapan una señal de tráfico que prohíbe el aparcamiento. ¿Se sabe cuántas multas se han puesto durante el mandato municipal del alcalde Ruiz-Gallardón porque un conductor aparcó su coche de buena fe en un lugar tapado por una prostibularia rama? Se echa en falta en la campaña electoral un debate sobre las oxigenantes ramas de los árboles que, por tapar una señal, a no pocos ciudadanos les han levantado una pasta gansa. Sobre este tipo de denuncia no hay ninguna posibilidad de recurrir con éxito dado que el infractor, además de no ver la señal, cometió el error suplementario de, tal como obliga el Código de la Circulación, no haber ido a buscar la siguiente señal que marcaba los límites de la prohibición y que le habría anunciado que allí no podía aparcar el coche. Ese millón largo de árboles que promete Sebastián si gana puede ayudar mucho a pagar las deudas contraídas por el actual Ayuntamiento.

¿De verdad que no podemos huir de las elecciones? Juro que esto es verdad. Estaba feliz visitando el Museo de Antigüedades Egipcias de El Cairo, fascinado con los tesoros de Tutankamón y olvidado de las batallas electorales, cuando el guía que me estaba explicando aquellas maravillas me llevó ante la estatua de Ra Hoteb junto a su esposa Nefret, instalada en la sala 37 de la planta baja, y me hizo la siguiente pregunta: ¿a quién se parece Ra Hoteb? Miré la estatua unos segundos y respondí con total seguridad: se parece a Aznar. Y me contestó: sí, señor. Vuelvo a ver la reproducción de la estatua en el libro I tesori dell'Antico Egitto y no hay ni la menor duda: se parece mucho a José María Aznar. Y, naturalmente, este descubrimiento me trajo al instante al museo la guerra electoral del imperio antiguo entre el PP del Alto Nilo y el PSOE del Bajo Nilo. Otro azar me trae esta noticia cuando ya daba por finalizado este artículo: el Gobierno de la Comunidad de Madrid quiere que el Templo de Debod, donado por Egipto a España, sea declarado Bien de Interés Cultural.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de mayo de 2007