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Crónica:Fútbol | 36ª jornada de Liga

El Madrid goza y sufre en Santander

El equipo de López Caro se asegura la Liga de Campeones y deja al Racing al borde del descenso

Para un equipo como el Real Madrid no debe ser fácil jugar para ser segundo, sobre todo un día después de que su eterno rival, el Barça, se haya proclamado campeón de Liga bajo una tormenta de elogios. Tampoco debe ser fácil defender esa posición cuando el club está en ascuas, con presidente interino, elecciones a la vista y una presunta revolución de la plantilla en ciernes. Incluso en el modelo o la filosofía de dicha plantilla. Tampoco era fácil jugar para el Racing, metido en la zona ardiente de la tabla, con el abismo del descenso a un paso y los nervios a flor de piel por un calendario más que agresivo y unas matemáticas que no le auguran nada bueno. Por eso, entre otras cosas, el partido fue bastante humilde, escaso de profundidad, bajo en ocasiones y un tanto lánguido para lo que se jugaban ambos equipos. Hasta el final no se vio el alma del partido. Hasta el final no hubo nervios y el Madrid fue quien suele ser este año, tan eficaz, a veces, como inconsistente hasta el punto de arriesgar un 0-3 que bien pudo acabar en empate. Gozar y sufrir parece su actual destino.

RACING 2 - REAL MADRID 3

Racing: Aouate; Pinillos, Oriol, Moratón, Ayoze; Vitolo, Casquero (Matabuena, m. 46); Damiá (Juanjo, m. 69) , Melo, Serrano (Antonio Tomás, m. 75); y Antoñito.

Real Madrid: Diego López; Salgado, Ramos, Mejía, Roberto Carlos; Beckham (Cicinho, m. 80), Guti, Pablo García (De la Red, m. 73), Robinho; Raúl y Soldado (Zidane, m.70).

Goles: 0-1. M. 32. Penalti de Pinillos a Robinho que transforma Roberto Carlos engañando a Aouate. 0-2. M. 60. Jugada personal de Roberto Carlos que salva Aouate, el balón queda suelto, Raúl tira cruzado y Soldado empuja a la red cuando ya se colaba. 0-3. M. 70. Jugada de Guti que cede atrás y Robinho bate a Aouate tras disparar a la media vuelta. 1-3. M. 75. Saque de esquina que resuelve Matabuena en el área pequeña 2-3. M. 90. Matabuena resuelve un barullo en el área.

Árbitro: Turienzo Álvarez. Amonestó a Oriol, Moratón, Pablo García y Matabuena.

17.307 espectadores en El Sardinero.

El Madrid, cargado de bajas (Casillas, Baptista, Ronaldo, Cassano) y con Zidane reservado en el banquillo para su homenaje de fin de semana en el Bernabéu, al menos tuvo la gallardía de querer el balón y gobernar un partido que el Racing le cedió amistosamente en busca del contragolpe. Por eso el partido era un asunto de Guti, poco presionado y con suficiente margen de maniobra para inventar su fútbol. Lo malo del Madrid es que en las bandas no existe. Robinho dista mucho de ser el que parecía que era y Beckham se tiene que buscar la vida en el centro del campo porque en la banda vive como ausente. Y se aburre. Y se va. Por eso Guti entendió que era mejor profundizar por el centro, donde vivía Soldado, siempre avispado en ese juego, y Raul, tirando de experiencia. No era mucho, pero sí algo.

Al Racing se le veían las ideas en cada jugada. Lo malo de jugar con un delantero es que o los centrocampistas ayudan o el delantero se muere. Y Antoñito que es puro arte no se distingue precisamente por el amor al trabajo. Así que el Racing atacaba siempre en inferioridad. Más aún cuando el Madrid halló el gol en una jugada inesperada. Un penalti más que dudoso de Pinillos a Robinho en un recorte le dio al Madrid la tranquilidad en el marcador. Lo que le faltaba para asentar su juego y sentirse aún más cómodo en un partido en el que el Racing nunca le exigió demasiado. Le dio el balón, tres cuartos de terreno de juego y poca presión. Un suicidio en toda regla. Por mal que esté el Madrid, por desangelado o desorientado que se encuentre, por lánguido que parezca, si le das el balón lo más probable es que te mate. Y el Racing se lo dio, un poco por incapacidad y bastante por miedo. El Racing lo fiaba todo a Antoñito, presuntamente ayudado por Melo, en la media punta. Pero el brasileño no es ese tipo de jugador. Lo suyo es la fuerza, el empuje, no la creatividad que se le exige al segundo delantero. Y uno tras otros sus pases morían en los pies de Mejía o de Ramos. Y Antoñito a verlas venir, esperando no sabía qué ni cuándo. Y mientras, el Madrid marcó el segundo gol en una jugada típica de Roberto Carlos.

Los goles eran el fruto de acciones personales, esas que han hecho del Madrid el equipo con más puntos de la segunda vuelta, un título inútil pero real y que ayer volvió a ser más de lo mismo. Eso sí, tras el segundo gol, su fútbol recobró esa virguería técnica que distingue a los buenos futbolistas. Y así llegó el tercero cuando se asociaron la inteligencia de Guti con la precisión de Robinho.

Al Racing le falta eso y por eso sólo ha ganado tres partidos en casa en la presente temporada. Con el 0-3 en el marcador parecía una presa fácil para el Madrid. Sin embargo, fueron los momentos épicos del equipo cántabro que falló tres ocasiones manifiestas de gol tras el que consiguió Matabuena. Falló Antoñito un mano a mano con Diego López, falló Matabuena un cabezazo plácido y falló Melo un disparo a placer. Esas tres jugadas quizá expliquen por qué el Racing vive en el infierno encomendado a Nando Yosu para que logre el quinto milagro con el equipo. Y quizá por eso ganó con tanta facilidad el Madrid. No fue poco botín. Sobre todo visto el final, cuando Racing marcó el segundo y siguió cercando el área del Madrid. Un golpe de emoción en un partido con poca alma.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 5 de mayo de 2006