La final de los resurgimientos

Movistar Estudiantes y Covirán Granada disputan este domingo la final de la Copa Princesa de Asturias con la esperanza compartida de volver a la élite: los primeros tras su único descenso en 74 años de historia y los segundos después de refundarse y volver a empezar en la quinta categoría del baloncesto

El pívot Jesús Fernández en una imagen de su última etapa en la Fundación CB Granada, equipo al que regresó con 37 años antes de retirarse.
El pívot Jesús Fernández en una imagen de su última etapa en la Fundación CB Granada, equipo al que regresó con 37 años antes de retirarse.Fermín Rodríguez / Fundacion CB Granada

Hace tiempo que Hernán Pancho Jasen y Jesús Fernández, destacados nombres del baloncesto español de los dosmil ya retirados, no se encuentran en las pistas. Pero su regreso a los clubes que en su día les auparon a la categoría de ídolos, cuando estos atravesaban además sus horas más bajas, explican en parte dos de las luchas por resurgir más fascinantes del deporte actual: la de un Movistar Estudiantes que trata de resarcirse de su único descenso en 74 años de historia, consumado el pasado mayo, y la de un Covirán Granada forzado a empezar su viaje de regreso a lo más alto desde la quinta categoría nacional tras su refundación en 2012. Esta es la historia de cómo dos estrellas, entre otros protagonistas, arrimaron el hombro para conseguir un nuevo cara a cara por la gloria entre dos históricos que se consumará este domingo a las 12.30 horas frente a las cámaras de LaLigaSportsTV. La final de la Copa Princesa de Asturias entre los dos mejores conjuntos de la primera vuelta en la LEB Oro –el segundo eslabón del baloncesto– será la gran oportunidad de ambos para reencontrarse con una senda de éxitos que abandonaron tan repentina como dolorosamente.

Casi diez años atrás, y después de varias temporadas en la élite, el antiguo CB Granada desapareció a causa de las deudas. Se marcharon el entrenador, las figuras y entre sus filas solo quedaron unos 700 chavales de la cantera y fieles como Pablo Pin, que entonces dirigía al combinado júnior. “Con el presidente de la Fundación, que llevaba la formación, decidimos montar una primera plantilla para los que tenían edad de dar el salto y se habían quedado colgados”, recuerda. Así que rescataron algunos veteranos –entre ellos un hermano de Pin y otros ya retirados– para mezclarlos con ese grupo de promesas y echaron a andar bajo la nueva denominación de Fundación CBG (hoy Covirán Granada por motivos de patrocinio) en Primera Nacional. No tenían “ninguna expectativa”, pero el primer año lograron un ascenso y en las cinco campañas siguientes vinieron dos más. De manera que ese novato de 29 años al frente de un “grupo de amigos” se ha convertido hoy en el técnico del líder de la LEB Oro, acariciando su última y más esperada promoción a la Liga ACB.

Marcado por un apellido ilustre del baloncesto nazarí –su madre y sus tías fueron jugadoras, su padre entrenador y sus tres hermanos también jugaron en la ciudad andaluza–, Pin obró el resurgimiento de un club al que intenta mantener unido como a una familia, asegura. Uno de sus ayudantes, Alberto Puertas, está desde los inicios, cuando quedaban a entrenar a las diez de la noche para que todos pudieran llegar del trabajo, ejemplifica. Y los que han ido entrando y saliendo en el camino, con la voluntad de hacer solamente “pequeños retoques” a un “bloque sólido”, siempre fueron adeptos que en muchos casos tenían algún tipo de vínculo con la entidad, como Jesús Fernández. Un pívot que había llegado a ser máximo reboteador de la ACB en 2007 con el extinto CB Granada y regresó a la plantilla en 2014 para jugar sin cobrar en una categoría no profesional.

“Vine para una temporada, con 37 años, y al final me quedé tres antes de retirarme a los 41. Me encontré con gente humilde, que jugaba por poco o por nada, y me reconcilié con la pureza del baloncesto. No lo voy a olvidar nunca”, rememora Fernández, quien tiene su camiseta retirada en el pabellón del equipo, aunque ya no está vinculado a la entidad, y explica la progresión de sus excompañeros en los siguientes términos: “Mucha humildad, mucho trabajo y pocas prisas. Al principio se hizo todo con más corazón que con cabeza, pero siempre con mucha profesionalidad. En Nacional entrenábamos como si estuviéramos en la ACB”.

Pablo Pin, entrenador del Covirán Granada, durante un encuentro.
Pablo Pin, entrenador del Covirán Granada, durante un encuentro.Fermín Rodríguez / Fundacion CB Granada

Un billete de vuelta que sigue en el cajón

Como Fernández, aunque años más tarde y en una ciudad diferente, otro ilustre del baloncesto español acudió en ayuda del equipo de su corazón, donde la afición aún le considera un mito. El pasado mayo, Pancho Jasen, el extranjero que más partidos ha disputado con la camiseta de Movistar Estudiantes (343), debió ser uno de los pocos argentinos que al otro lado del charco vio en directo cómo los madrileños, uno de los fundadores de la ACB, consumaban su primer descenso desde su nacimiento en 1948. “Desde que me fui, esté donde esté, siempre seguí los partidos. Me dolió mucho. Al cabo de poco cogí un vuelo hacia Madrid para hablar con la directiva”, cuenta.

El alero, retirado en 2018, terminó guardando en un cajón el billete de vuelta que tenía reservado y volvió a enrolarse en verano en la disciplina del Estu, que lo reclutó como manager deportivo. A su vuelta, dice, se encontró un club con mejores infraestructuras y mejor funcionamiento que años atrás. También, para su alegría, a un grupo de profesionales que rápidamente cambió de mentalidad y no quedó lamentándose de un descenso que solo los problemas económicos de otros rivales habían logrado evitar en 2012 y 2016. “No hubo una conjura como tal, pero sí pasamos página rápidamente y nos pusimos a trabajar”, revela.

Para volver a los tiempos de gloria –él, sin ir más lejos, estuvo a punto de arrebatarle un título de liga al FC Barcelona en 2004–, Jasen estima que se debe recuperar una esencia de “entrega, humildad y lucha hasta el final” y retomar la apuesta por una prolífica cantera de la que hoy también forma parte su hijo mayor. Leyendas formadas en la casa como Felipe Reyes o Carlos Jiménez le enseñaron estos valores nada más llegar al club, con apenas 21 años, y el argentino los defendió durante una década en la que la hinchada siempre le agradeció su garra. Ahora hay días en los que le fastidia no poder predicar con el ejemplo en la pista, pero trata de aportar con la palabra para vencer en finales como la del domingo. Una cita que recomienda afrontar a sus pupilos con una lección aprendida en sus mil y una batallas. “Es más fácil y tienes menos presión cuando juegas para ganar un título que cuando tienes miedo a descender”.

Fidelidad inquebrantable

Con 13.500 localidades disponibles, el Wizink Center será el recinto de mayor capacidad que jamás haya albergado una competición que, bajo otras denominaciones, se empezó a disputar en los sesenta y en la actualidad enfrenta a los dos primeros clasificados de la LEB Oro. Jugar en su territorio habitual será un factor que puede decantar la balanza a favor de Movistar Estudiantes, piensa el escolta Adams Sola. “Los rivales no están acostumbrados a pistas tan grandes y eso les intimida”, afirma el canterano de 21 años.

El manager deportivo de Movistar Estudiantes, Hernán 'Pancho' Jasen.
El manager deportivo de Movistar Estudiantes, Hernán 'Pancho' Jasen.DIARIO AS / Javier Gandul

Convertido en todo un veterano tras debutar a los 17 y vivir la experiencia del descenso, Sola afirma que la afición no les ha abandonado nunca y que su entrega esta temporada ha sido ejemplar, pese a la exigencia de regresar a lo más alto. Un relato bastante similar al de sus contrincantes nazaríes, que esperan en la Copa Princesa de Asturias la misma fidelidad que su afición demostró en las horas más negras de 2012. “Apenas nos había dado tiempo a entrenar con el nuevo equipo que habíamos montado de la nada cuando jugamos un torneo amistoso, con otros equipos de Granada, y la gente vino con bombos y de todo para animarnos”, recuerda Pin.

Para el míster, la victoria no solo supondría su éxito de mayor envergadura y una especie de culminación a su extraordinaria trayectoria, sino también una forma de devolver la ilusión a una “ciudad de baloncesto”. “Lo más bonito es ir por la calle y que la gente te pare para darte ánimos, que se interese por el equipo. La respuesta a nuestras victorias siempre ha sido increíble”.

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