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Se busca entrenador para la Premier: negros, abstenerse

Nuno, en el Tottenham, y Patrick Vieira, en el Crystal Palace, son una excepción en los banquillos ingleses

Patrick Vieira aplaude durante el Crystal Palace-Leicester.
Patrick Vieira aplaude durante el Crystal Palace-Leicester.HANNAH MCKAY (Reuters)

El 15% de la población británica pertenece a una minoría étnica. Entre el 25% y el 30% de los jugadores de la Premier pertenecen a alguna de esas minorías. Con esas cifras, entre cinco y seis equipos de la liga más rica del mundo deberían tener entrenadores negros. Sin embargo, este año hay dos y eso es literalmente una cifra récord. El año pasado solo estaba el portugués Nuno Espíritu Santo (entonces al frente del Wolverhampton Wanderers, ahora en el banquillo del Tottenham Hotspur, aunque tambaleándose) y a él se ha sumado esta temporada el francés Patrick Vieira, en el Crystal Palace.

Los jugadores negros hace años que conquistaron la Premier e incluso la selección inglesa. En el pasado reciente, Inglaterra se apoyó en gente como Sol Campbell, David James, Rio Ferdinand, Ashley Cole, Theo Walcott... Desde hace ya un tiempo están Kyle Walker, Raheem Sterling, Marcus Rashford, Trent Alexander-Arnold. El futuro ya está en las piernas de Jadon Sancho, Bukayo Saka, Reece James, Jude Bellingham… Esos son solo unos pocos de los 104 jugadores de minorías étnicas que han defendido la camiseta de Inglaterra desde que lo hiciera Viv Anderson en 1978 (algunos creen que el primero fue Paul Reaney en 1968, pero entonces se le consideraba de raza blanca). Sin embargo, aunque ha habido casi 250 entrenadores blancos en la historia de la Premier, solo ha habido 10 de minorías étnicas.

Y no solo eso: casi siempre les llaman equipos pequeños en situación muy precaria y apenas han durado unos meses, aunque el francés Jean Tigana estuvo tres años en el Fulham, el anglo-irlandés Chris Hugton otros tres en el Brighton y Nuno bate todos los récords con sus cuatro años en los Wolves (tanto Hugton como Nuno llegaron a esos equipos en Segunda y los ascendieron a la Premier). De los 10, siete solo han entrenado a un equipo. Los otros tres son los citados Hugton (QPR, Newcastle y Brighton), Nuno (Wolves y Spurs) y el holandés Ruud Gullit (Chelsea y Newcastle). Los Wolves y el Newcastle son los únicos equipos que han tenido a dos entrenadores negros.

El Tottenham es el primero de los seis grandes de la Premier que contrata a un negro desde que lo hiciera el Chelsea en 1998, cuando Gullit tuvo primero el doble empleo de entrenador y jugador y luego ejerció exclusivamente de entrenador hasta que fue destituido tras apenas un año en el banquillo pese a ser una leyenda en Stamford Bridge.

El problema afecta a todo el fútbol profesional inglés, no solo a la Premier. Al final de la temporada pasada sólo había seis entrenadores de minorías étnicas en los 92 equipos que integran las diferentes divisiones. La EFL (Liga de Fútbol Inglesa) introdujo en 2019 la obligación de que al menos uno de los candidatos entrevistados por un club para contratar un nuevo entrenador sea de una minoría. La Premier se ha negado a implantar esa misma regla. Pero muchos creen que en realidad la iniciativa tiene muy poco impacto porque los clubes ni siquiera han de explicar por qué han descartado a los candidatos entrevistados.

El exjugador Stan Collymore denunció en un artículo el año pasado que los exjugadores negros no tienen las mismas oportunidades que los blancos. Y citaba el contraste entre las dificultades que han afrontado exjugadores como Sol Campbell y Ashley Cole en comparación con la meteórica carrera de Steven Gerrard (al frente del Glasgow Rangers tras un año de ayudante en el Liverpool) o de Frank Lampard (que se sentó en el banquillo del Chelsea tras un año en el Derby County). “Los exjugadores blancos tienen oportunidades que no se les dan a sus homólogos negros”, opinaba, y sostenía que por eso muchos ni siquiera piensan en entrenar. “Recuerdo que hace unos años le pregunté a Les Ferdinand por qué no se hizo entrenador. ‘Stan, no tiene sentido’, me contestó. Se mire como se mire, todo esto es racismo”, concluía Collymore.

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