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El Villarreal, con dos goles al límite, gana en Anoeta

La Real, que fue mejor en la primera parte, se rindió al trazo fino de Cazorla en la segunda

Martin Odegaard (I) y Manuel Trigueros se disputan el balón.
Martin Odegaard (I) y Manuel Trigueros se disputan el balón. AFP

Ganó el Villarreal  este domingo 1-2 y algo tuvo que ver en ello la aparición de Santi Cazorla, que sigue dando lecciones por los campos de LaLiga. La Real volvió a ir de más a menos. Ilusionó al principio, arrolló por momentos y se hundió al final. En Anoeta se esperaba un partido de trazo fino, de letra caligráfica, escrito sobre papel de calidad con pulso firme, porque los dos equipos que se enfrentaban, Real y Villarreal, están educados para ello, son buenos amanuenses, protegen la pelota con delicadeza como los frailes de los monasterios medievales los códices que ilustraban.

R. Sociedad
RSO
1
-
2
VLL
Villarreal
R. Sociedad
Remiro, Zaldua, Llorente, Igor Zubeldia (Robin Le Normand, min. 61), Monreal, Merino, Portu, Ander Guevara (Januzaj, min. 74), Oyarzabal, Odegaard y Willian José (Isak, min. 70).
Villarreal
Asenjo, Xavier Quintillá (Alberto Moreno, min. 59), Pau Francisco Torres, Albiol, Mario, Samuel Chukwueze (Rubén Peña, min. 81), Franck Zambo, Moi Gómez (Cazorla, min. 60), Trigueros, Iborra y Gerard Moreno.
Goles
1-0 min. 21: Willian José . 1-1 min. 57: Trigueros (p). 1-2 min. 71: Cazorla .
Árbitro
José María Sánchez Martínez
Zaldua (min. 69), Igor Zubeldia (min. 29), Portu (min. 95), Ander Guevara (min. 70), Pau Francisco Torres (min. 54), Albiol (min. 76), Mario (min. 60), Alberto Moreno (min. 65) y Januzaj (min. 84).
Estadio:Reale Arena

Así fue. Ninguno de los dos equipos quería echar un borrón a su reputación. Ambos jugaron con la elegancia que se esperaba, pero con la intensidad que convierte en apasionante un partido de fútbol equilibrado.

Golpeó la Real primero. Cristian Portugués, que ejerce de extremo por la derecha, fue el primero en avisar, con un disparo que salvó Asenjo. Portu es un jugador imprescindible para la Real Sociedad; parece que lleva años jugando de txuriurdin. Como si se hubiera criado tomando el sol en los suaves veranos de la playa de la Concha o trotando como un potrillo en los campos de entrenamiento de Zubieta.

No resulta extraño. Cuando despuntaba en el Girona también parecía moverse en su hábitat natural, como si el equipo jugara para él, cuando en realidad es él quien juega para el equipo. Ataca la Real y siempre está Portu donde debe estar. Lo sabe Oyarzabal, lo sabe Odegaard. En la banda derecha hay un aliado siempre disponible, para un roto y un descosido, muchas veces indetectable para los defensas rivales.

De Portu salió el pase del gol de Willian José. Odegaard recibió en su posición de mariscal de campo, y sin mirar, porque sabía lo que se iba a encontrar, la abrió a la derecha para que el imprescindible Portu se la pusiera a Willian José, que empujó la pelota a la red y se llevó los parabienes de la grada. Apretó entonces el Villarreal, tocado en su orgullo, y asustó, pero sin rematar. La Real encontraba espacios y pudo marcar Odegaard después de una galopada, pero según pasaban los minutos, el equipo de Imanol decayó, como si empezara a aburrirse de escribir con buena letra.

Lo detectó el submarino amarillo, que empezó a encontrar grietas en la estructura realista, adelantó líneas en la segunda parte y encontró premio en una jugada al límite en la que Chukwueze arrancó hacia el área y fue derribado por Zubeldia. Fue penalti, pero el VAR revisó la arrancada del delantero. Descartado el fuera de juego, Manu Trigueros engañó a Remiro para empatar el partido.

Poco después apareció por el campo Santi Cazorla, otro imprescindible, incombustible además, que comenzó a dar lecciones de caligrafía en cada pelota que llegaba a sus pies. En el minuto 72 se encontró con un pase de Mario Gaspar, miró a la portería, disparó y la colocó allá donde no podía llegar el guardameta realista. No celebró el gol; se pensaba en fuera de juego, también el juez de línea que levantó el banderín. Sin embargo, otra vez el VAR fue implacable con la Real, de nuevo salió cruz. El Villarreal festejó el gol tres minutos más tarde, el que les daba la victoria, porque la Real, ofuscada, no supo qué más hacer para salvar al menos un punto.

 

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