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Un Granada diferente

A José Manuel Quesada Jiménez tuvo que caerle encima un calendario de la temporada 74-75 para cerciorarse de que su Granada Club de Fútbol había competido Primera

La portada de Los Antihéroes del Granada C.F., de José Manuel Quesada.
La portada de Los Antihéroes del Granada C.F., de José Manuel Quesada.

A veces, ser hincha del equipo de fútbol de tu ciudad tiene mucho mérito y algo de inexplicable. Sobre todo si la infancia o la adolescencia -etapas en las que se establecen la mayoría de afinidades deportivas y en las que el éxito suele influir mucho en la elección- coincide con un periodo en el que el club vive alejado de las categorías punteras.

Pero incluso en las épocas más bajas, los años de gloria del pasado pueden ayudar a construir un relato en torno al escudo e incrementar su masa social. Ahora, con Internet y toda la hemeroteca a disposición, es relativamente sencillo mostrar el legado más o menos glorioso de una entidad. En los años 80 era bastante más complicado.

A José Manuel Quesada Jiménez tuvo que caerle encima un calendario de la temporada 74-75 para cerciorarse de que su Granada Club de Fútbol había competido en la Primera División. Tal vez porque forjó su sentimiento en los años más complicados de la entidad, en Los antihéroes del Granada C.F (Aliar), Quesada selecciona 24 historias de otros tantos futbolistas que forman parte de la historia del club por diferentes motivos. Principalmente el escaso rendimiento que ofrecieron o su complicada personalidad.

El guardameta uruguayo Ladislao Mazurkiewicz llegó a la ciudad tras disputar tres Mundiales y jugó únicamente dos partidos en las dos temporadas en las que estuvo en Granada. Los mismos encuentros que disputó Severiano Uría, fichaje estrella de la temporada del 42, que en su debut sufrió un ataque de nervios y, en lugar de jugar, deambuló por el campo pateando sin sentido el balón cada vez que le llegaba. De Lalo Maradona se decía que era “el mejor de los tres hermanos”. Su aportación deportiva fue poco destacable, pero permitió la celebración de un partido histórico frente al Malmoe sueco en el que Diego Armando vistió la camiseta nazarí, anotó un gol y dejó una gran recaudación de taquilla. Jugó con el número nueve y fue capitán.

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