100 años de la roja

Gordillo charla con Del Bosque: “La banda era mi vida”

Con motivo del año del centenario de la selección española de fútbol, el exseleccionador conversa en esta serie con el mítico jugador del Betis y del Real Madrid, que disputó 75 partidos como internacional

Cuando se trata de Rafael Gordillo (Almendralejo, 63 años) resulta complicado encontrar un marco mejor para una cita con Vicente del Bosque que el Benito Villamarín. Y más en concreto la banda de preferencia donde el Gordo, también llamado el Vendaval del Polígono, se hizo futbolista célebre con sus medias caídas, su zancada larga y su zurda flexible siempre presta para sacarse de encima uno de esos centros combados con destino asegurado. En la casa del 12-1 a Malta, en la divisoria entre los dos campos, con cal a la derecha y la izquierda, Del Bosque y Gordillo se estrechan la mano antes de fundirse en un abrazo cómplice de mutuo reconocimiento. Van a versar sobre fútbol.

Del Bosque. Rafa, estamos aquí para hablar de la selección, de los 100 años que cumple y de tu paso por la Roja, pero antes me gustaría expresarte mi recuerdo de tu figura como jugador. Un entrenador nuestro, Boskov, cada vez que jugábamos contra vosotros, nos hablaba siempre del lateral izquierdo, que era la leche, y ponía un hombre específico para marcarte: Roberto Martínez.

Gordillo. ¡Claro que me acuerdo de Roberto Martínez! Me marcaba y yo le marcaba. Jugaba con las medias bajas, como yo.

D. B. ¿Cuándo pasaste de extremo a lateral?

G. En los infantiles y los juveniles jugaba de extremo y de interior izquierdo. Fue Rafa Iriondo quien me vio condiciones para jugar atrás. Estando en el Betis Deportivo fuimos un día a jugar a Almería y Esteban Areta era nuestro entrenador. Antes, las alineaciones se daban del uno al 11 y yo estaba siempre con el 10 o con el 11… Ese día me dice: “Con el tres, Gordillo”. Y me fui para el míster y le dije que si se había enterado que me había dicho que yo llevaba el tres… Me dijo que sí. Yo no había jugado de lateral izquierdo jamás. Nos metieron cinco y cuatro fueron por mi lado… claro.

D. B. Nunca te separaste de la banda.

G. No. Siempre he jugado en la banda. Cuando veo algún partido de mi etapa en el Madrid, veo que me iba para el medio, me iba a rematar de cabeza, porque de cabeza iba muy bien. Sin embargo, veo vídeos del Betis y siempre estoy pegado a la banda.

D. B. Tu padre fue jugador…

G. Lo que más alto llegó fue a Segunda en el España de Tánger. Jugó también en el Cádiz, en el Extremadura cuando yo nací, en el Écija… Era delantero centro rompedor. Pero rompedor, rompedor. De esos que iban y se mataban con las defensas y se estrellaban contra las vallas. Siempre quiso que yo jugara. Cuando podía comprarme la entradilla me traía a ver al Betis.

D. B. Aunque estuviste siete años bien aprovechados en el Real Madrid, tu figura siempre se identifica con el Betis: nueve años primero y luego tres.

G. Nací bético. Jugué desde los infantiles y ya en el primer equipo sí es verdad que venían a por mí. El Barcelona, el Madrid… Pero como teníamos el derecho de retención no era fácil salir. Lo que hacía cada vez que había una oferta era irme al despacho del presidente y decirle que me subiera un poco, porque lo que me ofrecían para irme era mucho más. No tenía ni representante ni nada. Iba yo solo y siempre me subían algo la ficha.

D. B. En el Betis has sido todo: jugador, delegado, director deportivo, presidente, ahora director de relaciones internacionales…

G. Todo menos lo que no me gusta: entrenador. Nunca tuve vocación. Estuve a punto una vez. Estaba en la habitación con Camacho y él estaba estudiando para presentarse al curso y me decía: “Chiquillo, sácate esto”, y yo le decía que no serviría para entrenador. He visto pasar por aquí algunos muy buenos y les han dicho de todo cuando las cosas le han ido mal. Después, levantar la familia y viajar de un lado al otro… No. Por mi manera de ser, además, iba a ser complicado que pudiera llevar un grupo de 25 personas. Me daría pena los que no jugaran…

D. B. Contigo pasaba como con Roberto Carlos en mi época de técnico del Madrid. Parecía que jugáramos con 12. Hacía como tú de lateral y de extremo. Teníais una gran capacidad física.

G. Yo me sorprendía también de mí mismo. Le preguntaba a los preparadores físicos y ellos me decían que era un atleta, que tenía que hacer decatlón. ¿Decatlón, yo? Tenía las pulsaciones muy bajas. Donde me sentía más a gusto era jugando de medio lado y en la banda. Sin mi banda no soy nadie. Lo que me gustaba era correr por ella. Nunca me gustaron los partidillos contra los juveniles de sparring. Para sacar todo lo que tenía dentro no podía competir contra niños. No estaba cómodo. Era muy soso. No era capaz de entrarle al chaval. Muchas veces le decía que tirara por un lado para que se fuera de mí. A algunos entrenadores les decía que me pusieran solo medio tiempo y en la segunda parte me dejaran correr solo por la banda, para arriba y para abajo. La banda era mi vida.

D. B. Llegas al Real Madrid en la temporada 85-86 y te encuentras con la Quinta del Buitre en pleno apogeo…

G. Y Mendoza nos fichó a Maceda, Hugo Sánchez y a mí, más todo lo que había además de la Quinta: Valdano, Camacho, Santillana, San José, Juanito… Yo no me quería ir del Betis. Tenía 28 años y me costó mucho trabajo. Me costó adaptarme los primeros meses porque no tenía casa ni nada, pero después los siete años estuve a gustísimo, a gustísimo.

D. B. En el Real Madrid y en el fútbol español marcasteis una época. Parecía que era más una identificación propia del Barcelona, pero teníais dos hombres de banda puros: Míchel y tú. No había quien centrara mejor, quien metiera mejor esas roscas. Teníais todo. Amplitud, profundidad, regreso…

G. Míchel era mejor chutador que yo. Más goleador. Le daba bien con las dos piernas. Cuando él recortaba para adentro le daba con la izquierda, pero, claro, cuando yo recortaba para dentro, me veía mi derecha y cualquiera le daba. El centro, pasar el balón y dar una asistencia era lo máximo. Me gustaba ser pasador. Marcaba goles pero lo mío era pasar. Éramos un gran equipo. Me daba igual quien jugara arriba. Teníamos a Santillana, Hugo y el Buitre. Si jugaba Santillana era como el burro de la noria, lo único que tenía que hacer era echarla arriba, el centro alto, y las cogía todas. De cabeza era el mejor para unos pasadores como nosotros. Hugo era más listo, nos decía que se la echáramos al primer palo y él según íbamos por la banda ya corría. Muy buen goleador.

D. B. Y luego teníais jugadores como Camacho que hacía esa labor de capitán, de hacer equipo…

G. La primera vez que me expulsaron fue contra el Borussia Mönchengladbach allí, que luego remontamos aquí (4-0). Marqué el gol que sería clave para pasar. El que me marcaba estaba escupiendo a Charly, a Santillana. Le vi pasar por mi lado y le tiré, pas [hace el gesto del escupitajo]. No le di, pero el árbitro, que estaba enfrente, me vio y me expulsó. Después del partido estaba yo hundido en el autobús. Nos habían metido cinco y encima me habían expulsado. Estaba avergonzado. Entraron Camacho y Juanito y comenzaron a gritar: “¡Vamos a remontar allí, les vamos a ganar a estos alemanes!”. Yo pensaba: “Esta gente está majara perdida…”. Y así fue.

D. B. Estaban intentando ya ganar el partido de vuelta…

G. En el Bernabéu estábamos en la bajadita de vestuarios, yo estaba de paisano porque no podía jugar por la expulsión y aparecen Camacho y Juanito insultando a los alemanes, les decían de todo… Y les ganamos.

D. B. Centrémonos ya en la selección. Comienzas en la temporada 77-78…

G. Sí, hasta la Eurocopa del 88 en Alemania que acabo… Debuto en Gijón contra Noruega. Tengo dos Mundiales y tres Eurocopas. No juego en Argentina 78, recién debutado casi. Estaba en el Betis, destacaba ya. Estuve entre los 40 preseleccionados, pero me quedé fuera. El seleccionador era Kubala. Camacho se había lesionado una rodilla y dijo que su sustituto tenía que ser Gordillo. Ya había jugado en la Olímpica, en la sub-21. Dio la lista y no me llevó. No pasa nada. Tú tampoco fuiste y venías jugando entonces…

D. B. Eras de los que, además de tener un recorrido largo con la selección, disfrutabas de ella tanto como del Betis o del Real Madrid.

G. Sí. De los 75 que jugué, creo que 60 fueron con el Betis y los demás fueron con el Madrid. La selección era lo máximo.

D. B. He leído que jugaste 51 partidos consecutivos… y se rompió la racha con la final de París del 84 que no pudiste jugar.

G. No pude jugar porque el día del 12-1 a Malta me sacaron una tarjeta… y, entonces, no se quitaban. Servían para la Eurocopa. Allí vi otra en la semifinal y no pude jugar. Yo no era consciente de que llevaba ese número de partidos seguidos. ¡Pero si ni sabía cuántas veces llevaba como internacional! Me lo dijeron después y también que era el primer jugador que había jugado tres Eurocopas en aquella época. Claro. Ahora seguro que hay más. Nunca echaba las cuentas.

D. B. Si tuvieras que elegir una época de esos 10-11 años magníficos, ¿con cuál te quedarías?

G. Las clasificaciones no eran fáciles. La gente ya no le da valor, pero eran partidos muy emocionantes.

D. B. El día del 12-1 a Malta debió de ser fantástico.

G. Eso fue extraordinario… Marqué el gol 13 y comencé a decirle cosas al linier. Declaré que le dije que estaba bien anulado porque era el 13 y yo soy muy supersticioso… ¡Pero vamos, le dije más de una cosa y seguro que eso no!

D. B. Viviste la etapa del Mundial 82, aquí en España.

G. En ese Mundial se hicieron las cosas un poquillo mal. A toro pasado es fácil decirlo, pero se hicieron cosas… No me refiero al ambiente entre los jugadores. En ese aspecto éramos una piña con Pepe Santamaría. No sé de quién sería la culpa ni el planteamiento. Nos llevaron primero a La Molina, arriba del todo. Tengo fotos con Camacho con el gorro y los guantes. Era horrible el frío y eso que era verano. Nos decían que era para que tuviéramos más oxigeno en la sangre. Y llegamos a Valencia y nos queríamos morir de calor.

D. B. Estuvisteis muchos días concentrados. Yo no era partidario de las largas concentraciones.

G. Puede ser. La verdad es que fue muy larga. Los irlandeses estaban con las mujeres, los holandeses también. Nosotros a las mujeres nunca nos dejaron llevarlas. Las llevamos por primera vez en México 86. La mía fue embarazada de siete meses y las dejaron en otro hotel, y los daneses, que estaban en el nuestro, estaban con ellas. Distintas maneras de vivir.

D. B. A Santamaría le tuve de seleccionador juvenil. Sufrió mucho en aquel Mundial de España.

G. Sí, sufrió mucho. Al pobre le dieron por todos lados.

D. B. Había mucho fatalismo. No llegábamos a ningún lado pese a tener grandes jugadores. Hasta que llegó esta generación que de 2008 a 2012 lo ganó todo. Una curiosidad, ¿te has imaginado jugando con los Xavi, Iniesta, Silva, Fábregas…? Te hubieras adaptado perfectamente, seguro.

G. Era una maravilla verlos jugar. Hubiera crecido a su lado. Hemos tenido jugadores por las bandas, como Navas y Alba, que lo han hecho muy bien con ese tipo de futbolistas. Donde están los buenos se tiene que jugar bien.

Siete años de diferencia y dos partidos juntos

Vicente del Bosque (23-12-1950) es casi siete años mayor que Rafa Gordillo (24-2-1957). No coincidieron en el Real Madrid, donde Del Bosque se retiró en junio de 1984 y Gordillo aterrizó en el verano del 85. Pero sí llegaron a ser compañeros en la selección.

El primer encuentro en el que coincidieron fue en El Molinón (16-4-1980). Precisamente, donde dos años antes había debutado el bético con España (29-3-1978). Fue un amistoso de preparación para la Eurocopa de 1980 contra Checoslovaquia (2-2). Aquel día, Del Bosque llevó el brazalete de capitán, a pesar de que Migueli (28) y Santillana (22) sumaban más partidos internacionales. Fue su 17º y penúltimo partido con la Roja. Para Gordillo fue el sexto y ya estaba inmerso en la racha que le llevó a jugar 51 encuentros consecutivos como internacional. Los checos se adelantaron en dos ocasiones —dos goles de Nehoda—, pero empataron Migueli y Quini.

Kubala, el seleccionador, contó con Del Bosque y Gordillo para la Eurocopa italiana. En el primer partido contra los anfitriones mantuvo en el banquillo al primero y Gordillo fue titular. En la segunda cita, contra Bélgica, ambos volvieron a coincidir cuando Del Bosque entró por Asensi, lesionado en el minuto 37. Fueron sus últimos minutos como internacional, ya que no jugó el último duelo, contra Inglaterra, el que supuso la eliminación de España.

Vicente recuerda aquellos momentos en los que coincidieron. “Italia 80 fue el final de una época. Al menos para mí”. Gordillo es menos nostálgico. “Empezamos bien contra Italia, el anfitrión. Empatamos, y nos dijimos ahí estamos... Al final tampoco pudo ser”.

“Juanito contra Mourinho, ooooojuuuu ¡qué escándalo!”

Que Gordillo no haya querido ser nunca entrenador no significa que no entienda de técnicos. En su época de futbolista pasó por muchas manos. “Aquí en el Betis los entrenadores me cuidaron mucho desde pequeño. Entré con 15 años. Siempre estaba al mando Pedro Buenaventura padre y aprendí de todos. Me educaron bien. Alzate, Marcel Domingo, Antal Dunai, Carriega…”.

Del Bosque profundiza en el asunto. “En el Madrid tuvisteis a uno de los mejores entrenadores que he conocido, sin despreciar a nadie, que era Leo Beenhakker. Estilo holandés, mucho balón…”. Gordillo asiente: “Ganamos cinco Ligas seguidas. Cuando llegué, el Madrid llevaba tres años sin ganarla. ¿Leo? Sí. Estoy de acuerdo. Siempre que me preguntan por mis entrenadores preferidos digo que Rafa Iriondo, que fue mi padre futbolístico, el más grande, y luego digo Leo por lo avanzado que estaba a su tiempo. Y otro avanzado fue Toshack, con lo cabezón que era. Yo veo todavía ejercicios que hacen entrenadores que pasan por el Betis que hacíamos nosotros con Leo tiempo atrás”.

Del Bosque recuerda a Juanito: “Creo que hubiera llegado a ser entrenador del Real Madrid si no hubiera tenido la desgracia…”. Rafa sonríe. Le han tocado a uno de sus amigos del alma. “Me hubiera gustado verlo en este fútbol. Ver a Juanito enfrentarse, por ejemplo, a Mourinho. Oooojuuuu, ¡eso sería un escándalo!”. Del Bosque se anima. “O con Jose [Camacho] en el otro banquillo”. Gordillo explota: “Sería otro escándalo. Juanito ha sido para mí de lo mejor que me ha ocurrido como profesional”.

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