Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

El laberinto de Masoud

El jugador iraní pide ser incluido en la lista del Mundial después de que su Gobierno le marginara por jugar contra el equipo israelí del Maccabi en Liga Europa

Masoud contra China en las eliminatorias mundialistas. Ampliar foto
Masoud contra China en las eliminatorias mundialistas. VCG via Getty Images

“¡Quiero volver a la selección!”, dice Masoud. “¡El seleccionador me quiere mucho, los jugadores también y mi federación también! ¡Estoy física y mentalmente preparado para ir al Mundial!”.

Después de cinco meses de incertidumbre, Masoud Shojaei rompe su silencio para pedir públicamente a Carlos Queiroz, su seleccionador, que reuna coraje y le incluya en la próxima lista de convocados de Irán. El capitán del equipo asiático que se enfrentará a España en la fase de grupos del Mundial de Rusia no ha perdido la esperanza de convertirse en el primero de sus paisanos en disputar tres Copas del Mundo. Sus posibilidades de lograrlo, sin embargo, dependen de que el Gobierno iraní deje de considerarle como a un traidor.

Porque a sus 33 años, después de una trayectoria impecable que le convirtió en ídolo nacional, Masoud se encontró el pasado 3 de agosto ante el dilema más aberrante que pude afrontar un futbolista en el desempeño de su oficio. Su club, el Panionios de Atenas, se enfrentó en Liga Europa al Maccabi Tel Aviv, y el Gobierno de Irán le impidió jugar el partido bajo la advertencia de que hacerlo supondría reconocer el Estado de Israel y vulnerar los principios de la revolución islámica.

El jugador solicitó a Michalis Grigoriou, su entrenador, que le exonerara del deber de jugar. El técnico le replicó que esto equivalía a incumplir su contrato.

“El Panionios”, cuenta Masoud, “sabía que había una norma iraní que no me permitía jugar contra equipos israelíes pero presionaron. Pensaron que bastaría con no alinearme en la ida, en Tel-Aviv. Allí perdimos 2-0 y a la vuelta el entrenador nos pidió que jugáramos, a mí y a Ehsan Hajisafi, el otro chico iraní de la plantilla. Cuando le dijimos que tampoco podíamos jugar en Atenas nos respondió que éramos un equipo griego y que estábamos en la Europa League: ‘Esto no es la selección de Irán’, nos dijo. Si no jugábamos habría sido peor”.

Si mi propio club me hubiera denunciado por negarme a jugar por razones políticas no habría tenido escapatoria. La UEFA te deja mínimo un año sin jugar”

“Si pasábamos esa fase de Europa League el Panionios ingresaba cuatro o cinco millones de euros”, señala. “¡Eso es mucho para ellos! Nos dijeron que nos habían fichado para jugar esos partidos. Si  mi propio club me hubiera denunciado a la UEFA por negarme a jugar por razones políticas no habría tenido escapatoria. La UEFA te deja mínimo un año sin jugar”.

“La noche anterior al partido me la pasé haciendo llamadas”, recuerda, “y en la mañana madrugué para encontrar alguien de la federación iraní que hable con el club y busque una solución. De la federación nadie me contestó. En 38 años ningún deportista iraní compitió contra deportistas o instituciones israelíes. Hajisafi y yo fuimos los primeros. Pero Hajisafi volvió a la selección y yo no".

Inflamada la web por los acólitos de los Guardianes de la Revolución a través de su brazo del autoproclamado Equipo Militar de las Redes Sociales, Masoud fue sistemáticamente difamado. El ministro de Deportes iraní, Mohammed Reza Davarzani, agitó el fuego: “Masoud Shojaei y Ehsan Hajisafi nunca más serán invitados a unirse a la selección nacional. Traspasaron la línea roja”.

Hajisafi pidió perdón. Según Inside World Football, lo hizo a través de Instagram. Allí manifestó su “profundo arrepentimiento y sincera disculpa dado que el pueblo de nuestro país estaba justamente enfadado”.

Hajisafi se disculpó a través e Instagram, tal y como le mandó la federación, para aplacar a los radicales y dar un margen a las autoridades. Masoud, convencido de que semejante humillación estaba injustificada, no creyó necesario pedir perdón.

“Siempre le agradeceré a Carlos Queiroz todos los años que he trabajado con él", dice el jugador. "Sé que está haciendo todo lo posible para que yo regrese a la selección”. En septiembre, el que fuera entrenador del Madrid, el United y la selección portuguesa, expresó públicamente su deseo de mantener un espíritu de concordia y unidad en el seno del plantel, por encima de las divergencias políticas, en un mensaje velado al Gobierno.

“Fue un malentendido”, lamenta Masoud. “Yo tenía un contrato profesional con el Panionios. Ahora acabo de fichar por el AEK de Atenas. Llevo 12 años jugando fuera de mi país y 13 en la selección y nunca he querido hacer show. Sería un honor ponerme otra vez la camiseta de Irán”.

Jugador habilidoso, improvisador y elegante, Masoud se ganó el cariño de multitud de aficionados durante sus años en Osasuna y en la Unión Deportiva. En su país, además, cobró condición de líder reivindicativo. “Clasificamos para el Mundial contra Uzbekistán”, recuerda, “y al día siguiente nos invitó el presidente Hasan Rouhani a su casa. Allí me preguntó que como capitán qué creía que se podía mejorar para el equipo. Yo dije: ‘mira presidente, llevo muchos años con la selección y me da mucha pena que mi madre nunca me ha podido ir a ver al estadio’”.

“Hace siete meses salió una ley en Arabia Saudí diciendo que las mujeres ya pueden ir al estadio”, lamentó. “Somos el único país en todo el mundo en el que la mujer no puede ir al estadio. Cuando jugamos contra Siria, que también es un país islámico, las mujeres sirias pueden venir a ver a su equipo a Teherán, pero no las iraníes. Yo le dije: ‘presidente, haz algo’”.

Rouhani se mostró considerado con el jugador: “Tenemos que pensarlo”.

Aquella intervención elevó a Masoud a la consideración de ídolo para muchos jóvenes. Pero los reaccionarios lo señalaron. Su actuación contra el Maccabi abrió la vía a la represalia.

Masoud no ha vuelto a ver su nombre inscrito en una convocatoria. Oficialmente, el Gobierno no le veta y señala que la decisión es responsabilidad exclusiva de Queiroz. De otro modo, la FIFA podría descalificar a Irán de la Copa del Mundo. El organismo rector prohíbe expresamente en sus estatutos las injerencias gubernamentales.

"Jugar descalzo en la calle a 50 grados me dio sensibilidad en los pies"

Masoud es lo más parecido a un mago carioca que ha producido el fútbol de Asia. Cinco temporadas en Osasuna entre 2008 y 2013 le acreditaron como representante de los genios improvisadores de la Liga. “Crecí en Abadán”, advierte, “en el sur de Irán. En donde juega un equipo de Primera que se viste como Brasil y destaca por su técnica. Ahí llevamos toda la vida jugando descalzos en la calle. Eso te da más sensibilidad en los pies cuando creces. Nuestra vida era fútbol. Nada más. Ni estudiábamos. Escapábamos del colegio solo para jugar. Mañana, tarde y noche. Llegábamos a casa, comíamos y cuando todo el mundo echaba la siesta, con 50 grados, nos escapábamos para jugar al fútbol. Sin botas. ¡Con dos calcetines! Me pegó tanto el sol jugando con ese calor que me quedé negrito”.

“Mi regate viene de esa época”, explica. “Aprendí mucho de mi hermano mayor porque él era un jugador profesional de calidad. Cuando yo tenía 14 años me querían sus compañeros de 20-25 para jugar. Era muy flaco pero me querían. Me encanta aprender maniobras de habilidad. Mi ídolo era Bebeto, y después Romario. Aprendí un poco de ellos”.

La guerra Irán-Irak, entre 1980 y 1988, marcó la infancia de Masoud. "Mi familia se movió mucho”, recuerda. “Éramos cuatro hermanos. Nos fuimos diez años a Shiraz, junto a la antigua Persépolis, donde nací. Mi padre era marino en la armada y lo veíamos unas horas cada tres meses. Un día regresamos a vivir a Abadán y fuimos a la primera casa de mi familia. Recuerdo que todavía estaba todo igual. Como lo dejaron cuando huyeron: un bote con alubias, los juguetes de mis hermanos debajo de las piedras, el sofá entre las ruinas con agujeros, los libros de mi hermana… Se deshacía todo”.