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“El hielo no quema pero a veces corta”

Javier Fernández. Ampliar foto
Javier Fernández.

Se dejó un divertido bigotillo al comenzar el otoño que le daba otro aire. Barbilampiño, perdía inocencia cuando sonaban los Ram Jam. Y se acercaba a la figura del Fígaro de su programa largo. Así se presentó en la Copa de Rusia, que ganó. Pero decidió afeitarse antes de volver a España. "Sólo quería cambiar un poco", concede. Tímido y risueño, Javier Fernández (Madrid, 23 años), dos veces campeón de Europa, se entrena tres veces al día sobre el hielo. Vive en Toronto y aspirar a crear escuela. Empezará por exhibir su talento en la final del ISU Grand Prix que se celebrará en el Centro de Convenciones de Barcelona entre el 11 y el 14 de diciembre.

Pregunta. ¿Se ha vuelto más rockero, como el Black Betty de su nuevo programa corto?

Respuesta. Creo que sí. Es una música súper movida y que tiene muchísimo juego. Me gusta mucho, lo paso genial y la gente lo disfruta. No se puede pedir más.

P. Se convirtió en Chaplin y ahora en Fígaro, ¿qué persigue con sus personajes?

R. Lo único que realmente buscamos es un gran programa. Da igual la música o la coreografía, queremos sacar lo mejor de todo. Sí es cierto que con Chaplin, o ahora con Fígaro, tengo un poco más de carácter. Son personajes divertidos, graciosos, que dan juego y permiten que la gente disfrute de un tipo de patinaje distinto del que están acostumbrados.

P. ¿Cómo se preparó para este Fígaro?

R. No vi demasiada ópera, más bien poca. Vi, por supuesto, El Barbero de Sevilla. No la había visto antes, y me sirvió para conocer un poco la historia y entender al personaje. Eso me permite jugar un poco con él cuando estoy haciendo el programa.

P. ¿Le resulta fácil meterse al público en el bolsillo?

R. A todo el mundo le gusta meterse al público en el bolsillo, otra cosa es que lo puedas conseguir. Con las coreografías y los programas a veces es más fácil, pero no siempre funciona igual. Mucha gente me dice que tengo facilidad para transmitir lo que estoy patinando y que la gente se meta en mi personaje. No es una cosa fácil de hacer pero, al parecer, yo lo consigo. Debe ser algo natural.

P. Sigue manteniendo en su programa largo los tres cuádruples que le han hecho admirado en medio mundo. ¿Cómo de difícil es clavar ese movimiento?

R. Se necesita seguridad en los entrenamientos y también en las competiciones. Ahora mismo sólo hay en todo el mundo uno o dos patinadores además de mí que hagan tres cuádruples en el programa largo. Sólo ese dato permite entender la dificultad. Primero, hay que saber hacerlo. Y cuando sale bien incluyes uno en el programa, luego dos. Poner tres es subir un escalón más, implica estar seguro de que realmente puedes hacerlo en una competición. ¿Cómo de difícil es hacerlo? No sé. Lo es, como un hat trick en un partido de fútbol, ¿no? Me resulta difícil explicarlo: es el salto más complicado que hay: nadie, nunca, ha hecho más de cuatro vueltas.

Hacer los tres cuádruples es como un ‘hat-trick’ en un partido de fútbol”

P. ¿Qué debe pulir para ganar a sus rivales japoneses?

R. Tengo que seguir trabajando y mejorar en todo. Cuanto más mejoras en tu patinaje, en tus piruetas y tus saltos más puntos te darán en general. Necesitaba un par de programas buenos, con buen potencial, y este año definitivamente los tengo. Aunque no he hecho todavía un programa largo perfecto. El de Rusia [ganó la Copa de Rusia hace un mes] fue muy bueno, pero no era perfecto. Perdí muchos puntos por pequeños detalles, pero creo que si sigo trabajando como lo estoy haciendo podré llegar con unos programas más limpios y sumar más puntos.

P. ¿Ese definitivamente tiene un punto de crítica por los programas que presentó en los Juegos de Sochi y el Mundial?

R. Nosotros intentamos siempre sacar lo mejor de una música y una coreografía, pero no siempre sale igual o a la gente le gusta tanto. El potencial de una coreografía y un programa puede variar. Y creo que los programas que llevo para esta temporada tienen más potencial.

P. ¿Cómo se sabe, si se sabe, qué le va a llegar al público y a los jueces?

R. No se sabe. Debes hacerlo lo mejor posible. Y esperar. La gente de la competición o los patinadores, que son los que saben, son los que te dan las primeras impresiones. Con este último programa corto se me acercó una entrenadora súper famosa y me dijo: 'Este programa corto es el mejor que he visto en mi vida'. Cuando escuchas esos comentarios te reafirmas en que lo que estás haciendo va por buen camino.

P. ¿Qué espera de la final del Grand Prix?

R. Mi meta era llegar. Y voy a ir al 100%. Por supuesto, me gustaría subirme al podio, pero vienen los mejores patinadores de este inicio de temporada, así que será duro. Me lo van a poner difícil, aunque yo voy a por medalla.

P. Sigue trabajando Brian Orser, que también entrena al japonés Hanyu, oro olímpico en Sochi; ¿no es extraño entrenarse con su principal rival?

R. Cuando estamos entrenando es parte de la familia, un compañero, no un rival. Nos llaman los hermanos del cricket, con eso te puedes hacer una idea de que nos apoyamos los unos a los otros en los días malos. Además, tener un ambiente de entrenamiento de tan alto nivel siempre ayuda a exigirte un poco más a ti mismo.

P. ¿Y en competición, se miran?

R. Nos miramos y nos hablamos. No hay ningún problema. Es una de las mejores cosas que tiene este deporte: el 95% de los patinadores somos amigos unos de otros. Al terminar de competir nos vamos a tomar una cola o una cerveza por ahí. Tenemos muy buen rollo.

P. Quienes no le conocían todavía lo hicieron en los juegos de Sochi. Le conocieron porque iba a ganarlo todo y por una polémica a raíz de la política antigays rusa. ¿Cómo cambió su vida después de Sochi?

R. No ha cambiado nada. Sigo siendo la misma persona. Los Juegos son una competición importante, pero una competición más, al fin y al cabo. Y el pasado es pasado. Yo miro al futuro. No olvido las experiencias, pero en la cabeza tengo lo que está por venir.

Era muy vago y no recuerdo exactamente por qué. No me apetecía trabajar”

P. ¿Es muy difícil vivir tan lejos de la cita olímpica?

R. A veces puede llegar a ser difícil pensar en otros cuatro años entrenando lo mismo, haciendo lo mismo... Por eso es mejor pensar año a año. Mi meta no es ser campeón olímpico, es ganar tal o cual competición. Las metas que tengo este año son las que son: la primera era llegar a la final del Grand Prix. Y me gustaría conseguir otra vez el título de campeón de Europa; hacerlo por tercer año consecutivo sería incluso más importante. Y subirme otra vez al podio del Mundial.

P. Dice que cada mes se le van 3.000 euros: coreografías, trajes, patines, y hasta contrata actores para mejorar la interpretación.

R. Sí, para alguna exhibición he pedido ayuda a algún actor. Lo de los 3.000 euros por ahí anda: la Federación me paga la mitad del piso, pero es que Canadá es muy caro.

P. ¿Le llega para hacer la compra?

R. La comida también es muy cara. Pero sí, me da para comer. Mi madre siempre me recuerda que la comida es lo más importante.

P. ¿Por qué su caso es tan excepcional, que falla en España, además del clima? ¿No hay pistas porque no hay tradición o no hay tradición porque no hay pistas?

R. El mayor problema que tenemos aquí es que sólo hay nueve o diez pistas de hielo. Y la mayoría están llenas, no tienen horas libres. Con diez pistas no puedes hacer del patinaje un deporte popular, no llega. Cuantas más pistas, más gente practica el deporte; y cuanta más gente lo haga, mayor posibilidad de encontrar talento.

P. Dijo que cuando entrenaba en Madrid era vaguísimo. ¿Por qué, juventud o falta de disciplina?

R. La edad seguro que ayuda. Era muy vago y no recuerdo exactamente por qué. No me apetecía trabajar. Cuando me fui de España empecé a ver el patinaje y mi vida de otra manera. No se consigue nada sin trabajo. Si me había ido a vivir a la otra punta del mundo con 17 años era porque quería hacer algo con aquello. Lo hice. Y cambiaron muchas cosas.

P. ¿La presión se manifiesta en forma de traspiés?

R. No obligatoriamente. Depende de la persona y de la situación. Yo, antes, necesitaba de la presión para hacerlo bien. Ahora necesito el trabajo. Llega un momento en que la suerte desaparece. A mí la presión ya no me ayuda, pero la llevo bastante bien.

P. ¿Quema el hielo?

R. No llega a quemar, pero depende de cómo está el hielo puede raspar. Y a veces corta. Me he hecho ya alguna que otra raja en la mano. Por eso nos piden que llevemos guantes.

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