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Sir Wiggins no está a punto

El ganador del año pasado anuncia que no participará en el Tour de Francia, que comienza el próximo 29 de junio

Bradley Wiggins, en la etapa del Giro del 10 de mayo en Pescara.
Bradley Wiggins, en la etapa del Giro del 10 de mayo en Pescara. AFP

Sir Bradley Wiggins fracasó en el Giro. Mostró un miedo cerval e irracional en los descensos. Se cayó. Se golpeó la rodilla. Enfermó. Se retiró congelado y derrotado con una semana de antelación. “Para preparar mejor el Tour”, dijo. Para afrontar mejor, también, el problema Froome, la decisión de su equipo, soberano, de que él, el hombre del elefante amarillo en 2012, debería ponerse al servicio del traidor cobarde que estuvo a punto de robarle su tesoro.

Pasadas dos semanas, Wiggins ni ha superado el miedo, ni la pulmonía, ni el dolor de rodilla ni el problema Froome. Hoy ha anunciado que renunciaba, que no participaría en el próximo Tour (sale de Porto Vecchio, en Córcega, el sábado 29), que cedía sin luchar el dorsal número uno a Christopher Froome, su compatriota y poco amigo.

El llamado problema Froome parecía haberse resuelto muchos meses antes. Sin embargotro, otro sir, Dave Brailsford, el inventor y estratega jefe del Sky, el equipo llegado para cambiar el ciclismo, había decidido en noviembre, y de acuerdo con Wiggins, que en 2013 tocaba a Froome ir a por el amarillo, mientras el ganador del 2012 asumiría el papel de gregario de lujo. La forma de exponer el acuerdo a los medios, de todas maneras, dejaba entrever que ni los malosentendidos del año pasado (la subida a Peyragudes, donde Froome se fue tras Nibali) ni la disponibilidad del sir en el 2013 habían sido plenamente discutidos.

Evans volvió para defender su título y  luchaba para terminar octavo. Si no puedo estar al 110%, mejor no estar”.

Bradley Wiggins

“¿Cómo ayudará Wiggins a Froome en el Tour? Como Froome le ayudó a él, pegándose a su rueda y aprovechándose de sus errores, si se producen”, explicó el 18 de noviembre en The Times Shane Sutton, uno de los entrenadores de Wiggo. “Será nuestro as en la manga, como el año pasado pero al revés. Brad hará un gran Tour. Seguirá a sus rivales durante tres semanas y capitalizará cualquier error que cometan. Es Froome el que tiene la responsabilidad”. Y añadió: “Froome no hizo nada por Brad el pasado Tour. Se limitó a ir a rueda de Brad. Todo el trabajo en cabeza lo hicieron Porte y Rogers”.

En tiempos de turbación conviene siempre volver a los clásicos. Al propio Wiggins, por supuesto, todo un clásico de 33 años que ya anticipó sabiamente lo que estos días está sucediendo el otoño pasado en su último libro, justamente titulado Mi Tiempo, así, como refiriéndose a un tiempo ya pasado, cerrado. Unos meses de 2012 que englobaron los tres grades días de su vida deportiva, tres, insuperables, irrepetibles, momentos: en los Campos Elíseos de amarillo; tocando la campana de inauguración de los Juegos de su Londres; en el sillón del palacio de Enrique VIII con el oro olímpico de la contrarreloj colgando del cuello. Y un cuarto el último día del año, la creación de manos de la reina Isabel del caballerazgo de Wiggo, un mod de Kilburn, un barrio obrero del Londres interminable, una magnificación de sus glorias deportivas.

Un tiempo que muchos llamaron The Golden Year. Su tiempo para ofrecer las claves de la decisión anunciada hoy: “No quiero ser Miguel Indurain, regresando todos los años al Tour hasta el fracaso, hasta darse cuenta del fin de su reino. Por muchas razones no quiero volver al Tour nunca más. No lo necesito: siempre tendré mi victoria de 2012. No sé si aún tendré el apetito, el deseo que alimenta los sacrificios necesarios. No lo sé y no me importa. Me podría retirar mañana mismo completamente feliz con lo que he conseguido. Y si volviera al Tour sin pasión, o mal preparado, sería un desastre. El Tour pasado contemplé cómo Evans, que había vuelto para defender su título, luchaba para terminar octavo. Eso no me vale. Si no puedo estar al 110%, mejor no estar”.

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