Columna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

Se ha escrito una obra maestra

La serie 'Se ha escrito un crimen' es más moderna que muchas de las actuales. Sobre todo por Jessica Fletcher

Vi Se ha escrito un crimen de niño y me encantaba. Como a mucha gente: la serie fue un exitazo que estuvo 12 temporadas en antena, entre 1984 y 1996. Aún se puede ver en canales de todo el mundo, incluido Atreseries, donde programan tres episodios cada día. Puede parecer que no ha envejecido del todo bien. No solo por su estética, dominada por los tonos pastel, sino también por sus tramas.

Recordemos que en Cabot Cove solo vivían 3.650 personas. Según un estudio de la BBC, este pequeño pueblo de Maine sería el municipio con el índice de asesinatos más elevado del mundo. Por no hablar de que siempre que la señora Fletcher viajaba para promocionar sus libros acababa tropezando con un homicidio por resolver.

Pero la serie es más moderna que muchas de las actuales. Sobre todo por Jessica Fletcher, una mujer viuda de 60 años, interpretada por Angela Lansbury. Se trata de un personaje con perfil difícil de ver como protagonista de cualquier serie o película.

Por supuesto, todo el mundo la ve como una abuelita entrañable, pero a ella le da igual: hace lo que le da la gana, ya sea escribir novelas o enfrentarse a más de 20 cadáveres por temporada. Todo con elegancia, educación y un punto de ironía.

Por ejemplo, cuando llega a la escena del crimen, el detective a cargo del caso siempre intenta librarse de ella: “Señora, por favor, no moleste. A ver si le va a subir la tensión”. Pero ella siempre ve algo que los demás han pasado por alto, en plan: “No he podido evitar darme cuenta de que la víctima intentaba llegar al teléfono”. Al final, el agente no tiene más remedio que aceptar su más que necesaria ayuda antes de enviar a la silla eléctrica a algún inocente, que a menudo es uno de los sobrinos de la escritora.

Es una lección que podemos aprender en casi cada episodio de Se ha escrito un crimen: la soberbia de un señor con traje es directamente proporcional a su incompetencia.

Recibe el boletín de televisión

Todas las novedades de canales y plataformas, con entrevistas, noticias y análisis, además de las recomendaciones y críticas de nuestros periodistas
APÚNTATE

Regístrate gratis para seguir leyendo

Sobre la firma

Jaime Rubio Hancock

Es el editor de boletines de EL PAÍS y columnista en 'Anatomía de Twitter'. Antes pasó por Verne, donde escribió sobre redes sociales, filosofía y humor, entre otros temas. Estudió Periodismo en la UAB y Humanidades en la UOC. Es autor del ensayo '¿Está bien pegar a un nazi?' (Libros del KO) y de 'El gran libro del humor español' (Arpa).

Normas

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS