Un Plan Marshall para América Latina
Planteo lo mismo que en 1987, pero respaldada con evidencia de cuatro décadas: inversión masiva, ahora con un tratado hemisférico ratificado por congresos que sobreviva a cambios presidenciales

Invertir en desarrollo es más efectivo que perseguir migrantes. Cada dólar del Plan Marshall en Europa generó tres en comercio. Cada dólar de ICE genera desesperación. Treinta y nueve años de evidencia lo confirman.
En 1987, ante una audiencia en la Biblioteca John F. Kennedy en Boston, propuse esa misma idea: Estados Unidos debía invertir en un Plan Marshall para América Latina. No como caridad, sino como la única forma efectiva de detener lo que ya veíamos venir. Democracia, deuda externa y desarrollo era el tema aquella tarde. América Latina sangraba mientras dictaduras caían y democracias frágiles nacían ahogadas en deuda.
Hoy, Estados Unidos ha gastado cientos de miles de millones persiguiendo migrantes en la frontera. El problema empeoró exponencialmente.
Mi propuesta no era original. Kennedy ya había intentado algo similar en 1961 con la Alianza para el Progreso. Fracasó: murió con Kennedy. Sus sucesores priorizaron ayuda militar; su escala era ridícula; y nunca abordó la deuda sangrante. Reagan lanzó la Caribbean Basin Initiative en 1983. Cuarenta años después, su impacto es devastador. No generó crecimiento sostenible. El Plan Marshall transformó Europa para siempre. La Alianza colapsó.
Sin inversión seria, América Latina quedó atrapada en un péndulo. Los noventa trajeron privatizaciones masivas. La pobreza apenas disminuyó. Argentina colapsó brutalmente. Vino el giro izquierdista: Chávez, Kirchner, Morales, Lula. Algunos con logros genuinos, otros fueron grandes decepciones. Después el péndulo regresó: Macri, Bolsonaro, Milei con su motosierra económica, Bukele con su mano dura.
Cada oscilación generó los éxodos que advertí: millones de venezolanos desplazados, caravanas centroamericanas interminables, nicaragüenses huyendo de Ortega. Estados Unidos respondió gastando miles de millones en control fronterizo. Perseguía consecuencias sin atacar causas.
El balance es desolador. Nicaragua es dictadura, Venezuela autocracia, El Salvador sacrifica libertades por seguridad. Freedom House documenta años de declive democrático regional. Argentina entró en default repetidamente. Seguimos exportando commodities cuyos precios se deciden en Wall Street. La clase media emergente desapareció.
Planteo lo mismo que en 1987, pero respaldada con evidencia de cuatro décadas: inversión masiva, ahora con un tratado hemisférico ratificado por congresos que sobreviva a cambios presidenciales. Alivio coordinado de deuda reinvertido con auditorías independientes. Inversión en institucionalidad democrática: sistemas judiciales independientes, fiscalías anticorrupción protegidas. Infraestructura digital, energías renovables, educación transformadora.
La diferencia es que en 1987 era prevención. En 2026 es mitigación de desastre.
Los escépticos dirán que fracasó con Kennedy. Cierto, pero fue una fracción del Plan Marshall y murió con su impulsor. Dirán que América Latina es corrupta. La Europa de 1948 tenía sus retos. La supervisión rigurosa hizo la diferencia. Dirán que Estados Unidos no tiene incentivos. Ya gasta fortunas persiguiendo migrantes cuando podría atacar causas. Mientras dudan, China invierte masivamente sin condicionalidades democráticas.
Uruguay mantiene su institucionalidad sólida; Costa Rica, su tradición democrática; Chile busca reformas pacíficas. Otros colapsan: Venezuela destrozada, Nicaragua consolidando dictadura, Haití desintegrado. El péndulo oscila; las causas estructurales permanecen intactas.
¿Aprenderemos que la frontera más segura es la que no necesita cruzarse? ¿O requeriremos otros treinta y nueve años, millones más de migrantes, cientos de miles de millones desperdiciados? El péndulo espera respuesta, pero la ventana se cierra: con cada oscilación perdemos generaciones, con cada año China consolida influencia, y con cada caravana demostramos que elegimos lo costoso sobre lo efectivo, el muro sobre el puente, la contención sobre la transformación.
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