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Detenido el exministro de Evo Morales que estuvo a cargo de la estrategia de industrialización del litio boliviano

Alberto Echazú es acusado de presunta corrupción y por irregularidades en la construcción de las estructuras de industrialización del mineral

Luis Alberto Echazú
El exministro boliviano de Minería, Luis Alberto Echazú, es trasladado a la Fiscalía tras ser detenido, en La Paz (Bolivia), el 22 de abril.Stringer (EFE)

Alberto Echazú fue el “hombre fuerte” del litio boliviano durante los gobiernos de Evo Morales. Como ministro, viceministro y gerente, estuvo a cargo de la construcción de las plantas que debían servir para que Bolivia explotara este mineral por su cuenta, sin participación de las trasnacionales del sector. En sus momentos de mayor poder, cuando manejaba una inversión de casi 1.000 millones de dólares, hubiera sido imposible pensar que su colega en los gabinetes de Morales, el entonces ministro de Economía, Luis Arce, actual presidente del país, terminaría mandándolo a prisión. Su detención marca que la estrategia de industrialización “100% boliviana” del litio, que intentó ejecutar Morales entre 2006 y 2019, no logró sus objetivos.

Echazú fue detenido este lunes bajo los cargos de firma de contratos lesivos al Estado, incumplimiento de deberes y conducta antieconómica, es decir, dañina para el fisco. Se supone que cometió estos delitos en la instalación de las piscinas de evaporación y de la planta de carbonato de litio construida por el Estado en el salar de Uyuni, que se considera uno de los sitios con más recursos de litio del mundo. Karla Calderón, presidenta de Yacimientos de Litio Bolivianos (YLB), acusó a 10 exfuncionarios de la época, entre ellos Echazú, por las graves deficiencias que, según afirmó, había encontrado en la infraestructura de extracción y procesamiento del mineral. “Tuvimos que rehacer cosas desde cero”, había declarado en octubre de 2023. Uno de los problemas, de acuerdo a las autoridades, es el mal funcionamiento de las líneas de piscinas de evaporación de salmueras que debían proveer la materia prima para ser refinada por la planta de carbonato de litio, terminada de montar en diciembre del año pasado. Por esta razón, anticiparon que esta planta no podrá producir 15.000 toneladas anuales de litio, como estaba previsto. El costo directo de las supuestas malas decisiones asciende a 60 millones de dólares, según el Gobierno.

Echazú declaró a la prensa que su arresto se debe a que “el Gobierno quiere ocultar tres años y medio de paralización del proyecto”. Este ingeniero de 75 años, comunista de toda la vida, pertenece al ala fiel a Evo Morales del hoy dividido Movimiento al Socialismo (MAS). Sus compañeros, que fueron a protestar a las puertas de la estación de policía en la que fue recluido tras su detención, sostienen que si las piscinas se encuentran en mal estado es por falta de mantenimiento, negligencia que atribuyen a las autoridades del ala fiel al presidente Luis Arce, también del MAS y a cargo del Ejecutivo. También creen que el arresto de Echazú busca tapar el “fracaso de la extracción directa de litio”, el método de explotación que ha tratado de llevar adelante Arce junto con trasnacionales chinas y una rusa, tras comprobar las dificultades que presentaba la técnica convencional, de evaporación y sucesiva refinación de las salmueras, a la que se había apostado.

Bolivia cuenta con 23 millones de toneladas de recursos de litio en Uyuni y otros salares, pero hasta ahora no encuentra la forma de extraer esta riqueza. Además de la supuesta mala construcción de la infraestructura convencional, está el hecho de que, según varios expertos, esta no es aplicable en unos salares en los que llueve, como los bolivianos. La “extracción directa”, que supuestamente supera este problema, no termina de arrancar. Pese a los optimistas anuncios oficiales, los proyectos siguen en una etapa experimental.

La caída de Echazú marca el fracaso del sueño compartido por un Evo Morales recién llegado al poder, en 2006, y los campesinos que habitan en torno a Uyuni de que el Estado haría todo lo importante y no buscaría ser productor de carbonato de litio, sino de baterías eléctricas, dotándose de lo necesario para tal tarea. Al final, tras hacerse la inversión minera estatal más alta de la historia de Bolivia, 960 millones de dólares, ni siquiera se llegó a producir materia prima de forma industrial.

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