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Rosa Montero y la homeopatía

El último artículo de la escritora en 'El País Semanal' contenía algunos errores y una hipótesis que ha provocado una avalancha de correcciones y quejas

Medicamentos homeopáticos en gránulos.
Medicamentos homeopáticos en gránulos.

Rosa Montero, periodista y escritora ligada históricamente a este periódico, lanzó en su artículo del 4 de junio en El País Semanal un contundente ataque contra la industria farmacéutica, acusándola de manera bastante explícita de estar detrás del “machaque tan bien orquestado y pertinaz” que en su opinión está sufriendo la homeopatía, a la que califica de “práctica barata y desde luego inocua”. Esta era la tesis principal, pero el artículo, (Consumidores engañados y cautivos) comenzaba con una mención al ingeniero Norman Borlaug, iniciador, escribe Montero, "[de] lo que luego se denominaría la Revolución Verde, creando semillas transgénicas de arroz, maíz, trigo y centeno". “Lo malo”, proseguía el artículo, “es que el trigo y el centeno que comemos hoy vienen de ahí, y al parecer nuestro cuerpo no termina de reconocer el gluten de esos cereales, creando cada día más casos de intolerancia”. Pues bien, ni Borlaug creó las semillas transgénicas, ni el gluten que ingerimos lo es.

Dada la difusión de EPS, a mi buzón han llegado multitud de correos de portavoces de entidades científicas, y de diversos lectores, en los que se subrayan los errores arriba mencionados y se cuestiona la hipótesis de Montero respecto a los ataques contra la homeopatía. Entre otros, me han escrito Víctor Sanguino, María del Mar Izquierdo, Ángel Canal Alonso, del Departamento de Biología Celular y Patología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Salamanca, Óscar Calle Gutiérrez, Omar Ballester González, Emilio Molina, vicepresidente de la Asociación para Proteger al Enfermo de Terapias Pseudocientíficas, o Fernando Frías Ruiz. El artículo ha provocado también una amplia reacción crítica en Twitter. He decidido reproducir aquí la extensa carta que me ha enviado Alfonso López Borgoñoz, presidente de la ARP Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, porque considero que resume en buena medida todas las críticas que ha provocado el artículo de Rosa Montero.

'El País Semanal' ofrece una tribuna privilegiada a los columnistas, de ahí la magnitud del impacto de lo que se escribe

“En primer lugar, la ‘revolución verde’ de los años 50, y la labor entonces de Norman E. Borlaug, es anterior a la existencia de los transgénicos”, escribe López Borgoñoz. “De hecho, ninguna de las especies que menciona la señora Montero es transgénica, ni siquiera hoy en día. Por otra parte, ni haciendo un gran esfuerzo de imaginación podríamos adivinar a qué se refiere la señora Montero cuando habla de glútenes nuevos que, según dice, “nuestro cuerpo no termina de reconocer”. El gluten es una proteína que de forma natural tienen muchos cereales, y es la responsable de la textura esponjosa de la masa. Afortunadamente, nuestro cuerpo suele tolerar bien el gluten, con la excepción de las personas que padecen celiaquía”. (…) Afirmar sentirse mejor por comer o dejar de comer ciertos alimentos es una experiencia anecdótica y muy personal que no sirve para emitir diagnósticos útiles para todo el mundo ni aporta soluciones a problemas complejos.

López Borgoñez añade: “Lo mismo sucede con el consumo de homeopatía. La misma no es objeto solo de ataques recientes, sino que ha sido objeto de refutaciones serias recogidas en la literatura científica desde hace muchas décadas. Nuestra organización, con treinta años de existencia, lleva mucho tiempo exponiendo públicamente el problema que supone esa homeopatía que se introduce en las farmacias con una política agresiva de mercadotecnia. La homeopatía, igual que otras prácticas pseudocientíficas, puede alejar a los pacientes de los tratamientos que necesitan. Hemos visto recientemente su peor cara en la muerte de un niño por las complicaciones de una otitis media sin tratamiento médico, atendida solo mediante homeopatía, la cual carece, no solo de efectos secundarios, sino de ningún efecto ni eficacia terapéutica, siendo muy grave el abandono por su causa de terapias acreditadas basadas en productos medicinales avalados por ensayos clínicos contrastados”.

“Que la industria farmacéutica cometa actos reprochables (contra los que sin duda se debe trabajar también) no le resta ni pizca de efectividad a un antibiótico, ni se debilita por ello la acción, por ejemplo, de la capecitabina que toman los enfermos de cáncer. El mecanismo de acción de los medicamentos se debe a sus propiedades, y no a cuestiones de ética empresarial. Por eso son medicamentos, y no pociones mágicas ni bálsamos de Fierabrás. Solo hay que ver cuánto se invierte en I+D y cuánto tiempo se tarda en desarrollar un nuevo producto por una empresa farmacéutica y cuán poco por una de homeopatía para darse cuenta de que algo no cuadra. Hay que perseguir la eficacia en los tratamientos para mejorar la calidad de vida de las personas. Asimismo, hay que perseguir la ineficacia de las pseudoterapias, denunciando públicamente aquellas terapias que jamás han podido superar la más mínima prueba científica”.

Me he puesto en contacto con Rosa Montero que me envía la siguiente respuesta a las críticas:

“Me dicen que he cometido algunos errores en mi artículo. Sin duda me equivoqué al decir que las semillas manipuladas por Borlaug eran transgénicas, cuando solo eran híbridas. Podría poner excusas a mi pifia, acumulación de viajes y trabajos, escritura del texto de madrugada en un aeropuerto, pero lo cierto es que es un error y con eso basta. Lo lamento. Todos nos equivocamos alguna vez; no es por desgracia el primer error en mis más de cuarenta años de profesión, y aunque me gustaría que fuera el último y siempre intento ser lo más rigurosa posible, eso es algo que nadie puede asegurar. Pero querría hacer unas precisiones, porque creo que muchas cartas me achacan cosas que no están en el texto.

Punto uno: No defiendo la homeopatía. Digo que, ‘La disolución de los supuestos principios homeopáticos es tan alta que parecería que los granos son simple azúcar’ y que: ‘Me parece bien advertir del peligro de usar solo homeopatía’. Punto dos: el énfasis del artículo está en la furia de la repentina campaña contra la homeopatía. Sí, cierto, siempre ha habido críticas contra esta práctica, pero algo tan bien orquestado y generalizado como ahora, nunca, y, la verdad, sigo sospechando que está costeada al menos en parte por los laboratorios alopáticos y por razones comerciales. Punto tres: lo siento, pero no uno, sino dos traumatólogos prestigiosos (cuyos nombres callaré para que no los linchen) me han dicho que ‘no saben por qué’, pero que dejar de comer gluten parece ayudar en ciertos casos de inflamaciones crónicas. Quién sabe, quizá esas semillas híbridas resulten en ocasiones más indigestas: ¿alguien lo ha estudiado para poder decir si es así o no? De hecho, otra de las cosas que denunciaba el artículo era la escasez de estudios fiables e independientes. Y punto cuatro, la furia de las reacciones en contra de mi artículo, aparte de la metedura de pata de los transgénicos (pido perdón por ello) me hace reflexionar una vez más sobre el poder de los laboratorios”.

     Ninguna de las cartas que han llegado a mi buzón puede calificarse de “furiosa”. Hay que entender, no obstante, que, como señala una de las lectoras que me han escrito,  El País Semanal ofrece una tribuna privilegiada a los columnistas para expresar la propia opinión, pero esa misma posición excepcional multiplica el impacto de los errores y, sobre todo, de las hipótesis que se defienden en ella.