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Tendencias

Cómo darle una vuelta de tuerca al cibercafé de toda la vida

Nuevos espacios ofrecen servicio a la comunidad 'gamer', y conjugan ocio y alimentación

Los ciber de hoy no huelen como los de antes. Tampoco saben como antes. Esa atmósfera de plástico recalentado por unas CPU que a duras penas aguantaban los tiroteos del Counter Strike queda ya muy lejos. También, el aire como clandestino en el que se movían los chavales que iban a viciar en los 2000.

Lo que antes llamábamos cibercafé son ahora otra cosa. “Nuestra clientela es mitad y mitad. Mitad por lo que es nuestro propio producto, con comida de calidad, y mitad comunidad gamer que se acerca, sobre todo los fines de semana”, cuenta David, del Good Game Restaurant (Plaza Francisco Morano, 3). El restaurante abrió en Madrid hace mes y medio con una filosofía exigente en cuanto a comer se trata y varias armas gamer: cuatro Play Station 4, dos X BOX One, dos Wii U… así hasta 10 consolas que, junto con los ordenadores forman su arsenal. “Con los ordenadores ofrecemos tiempo libre dependiendo de lo que el cliente consuma”. Los juegos reyes: League of Legends, Overwatch, Paladins...

Un cibercafé en Madrid, en 2006.
Un cibercafé en Madrid, en 2006.

Hace año y medio, abrió El Pixel, el primer bar dedicado a los juegos y los eSports en Madrid (Calle de Joaquín María López, 46). Se llena de un público joven y fiel. "Otros hacen botellón. Nosotros venimos aquí", dice Jaime, que cursa bachiller y viene con un grupo de amigos y amigas, mientras se encoge de hombros. El local está forrado de carteles de dos tipos: Por un lado, el menú: todos los martes, bufé pizza por 6 euros; los jueves: barra libre de cerveza por 10 euros. Por otro, el menú: El martes, FIFA 2017; el jueves, Hearthstone; el viernes, Smash Bros, luchas de dos contra dos. En la planta baja es un bar normal, que en las pantallas retransmite partidas del Call of Duty; en la de arriba, ordenadores, pantallas enormes, y mandos de Wii U.

El BTG está en la manzana de al lado, en la calle Donoso Cortés. "Nuestro público habitual son, sobre todo, adolescentes", cuenta Alicia. "Diría que la media hace el bachillerato". Son las 12 de la mañana y ya hay dos jugadores sentados al fondo del local. En sus paredes hay estanterías con ramen apilados de forma decorativa, y una barra con grifo de cerveza a la derecha de la entrada. Aquí no hay consolas, solo ordenadores, pero del aire como clandestino de oficina reconvertida que reinaba en los 2000 no queda rastro: las sillas son butacas ergonómicas, los ordenadores son animales de gran potencia, un tenue neón naranja y estiloso baña las paredes pastel. Un cartel anuncia un evento del League of Legends: Hasta el 21 de mayo, solo un euro la hora.

El sistema, ya se sabe, acaba haciendo cultura con la contracultura, y cada acto de resistencia planta la semilla del orgullo. Los adolescentes que hace 10 años decían tímidamente que iban al ciber son ahora gente que vive una experiencia integradora y desafiante. Los ciber se adaptan a los nuevos tiempos (y los videojuegos siguen su lucha por salir a la luz).