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Tú no

Se recurre al insulto, la agresividad, el acoso y el linchamiento como si fueran armas al servicio de la libertad y no lo contrario

Simpatizantes de Marine Le Pen en un acto de campaña.
Simpatizantes de Marine Le Pen en un acto de campaña. AFP PHOTO

No siempre es un líder fascista el que corrompe a la sociedad y la somete a sus prioridades. A menudo, es la sociedad la que se degrada y envilece y finalmente elige feliz a ese fascista que guíe sus aspiraciones enfermas. No es el sastre el que diseña el traje, sino la clientela que acude a él con sus demandas particulares. Esa es la tragedia de Europa cuando entre los contendientes a sus elecciones de estos días destacan quienes satisfacen las demandas del rencor, el miedo y la agresión al vecino. En un libro fantástico, recién publicado en España, Joachim Fest narra sus vivencias de adolescente durante el ascenso y el esplendor del nazismo en Alemania. Se titula Yo no porque ante la euforia colectiva y el silencio de los alarmados, su padre le recuerda una frase del Evangelio. Etiam si omnes, ego non, que viene a ser la resistencia individual incluso frente a las unanimidades.

Vivimos en una sociedad que utiliza la tecnología de la comunicación para patentar un nuevo modelo de conversación, consistente en opinar pero tapándote los oídos. Como ocurre con el nacionalismo, que solo nos repele si es ajeno, también la contundencia y la falta de argumentación nos resulta utilísima para defender nuestras opciones. La semana pasada la Asociación de la Prensa de Madrid desveló que algunos periodistas que cubren la información sobre Podemos se sentían acosados, pero no es de ahora que se descabalguen periodistas o reciban amenazas los gremios críticos hasta desde una institución tan sagrada como la Hacienda nacional. La crisis económica afecta a la independencia de los medios, pero el sistemático linchamiento de quien se expresa con libertad encontró en el estratega mediático de Trump, Steve Bannon, su mandamiento dirigido a los informadores: cerrad la boca.

No es fácil moverse en los resbaladizos territorios de la agresividad ideológica, de la feligresía coaccionadora, por desgracia utilizada como brazo armado por tanto movimiento social. Pero será indispensable que no equivoquemos la reacción. No nos tenemos que defender tanto de quienes exigen que se cuente solo lo que les interesa y beneficia, para eso ya está establecida una rivalidad de intereses sanísima. Sino que debemos fijarnos un objetivo más ambicioso. Mostrar cómo la sociedad se está empobreciendo por la vileza de un comportamiento colectivo que recurre al insulto, la agresividad, el acoso y el linchamiento como si fueran armas al servicio de la libertad y no lo contrario exactamente. De esa incapacidad para la convivencia resurge la oportunista medicina del fascismo.

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