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¿Por qué está bien hacer chistes sobre cosas chungas? Darío Adanti nos lo explica

El humorista publica 'Disparen al humorista', un ensayo gráfico sobre los dichosos límites del humor en el que hay lugar para bromas fáciles pero también otras sobre Charlie Hebdo

Darío Adanti lleva 25 años dibujando en medios como Clarín, El Jueves o Mongolia, haciendo dibujos animados o incluso un musical. Todo ello le ha llevado a darle tantas vueltas a su materia prima que, tras nueve años de reflexiones y anotaciones, publica ahora Disparen al humorista (Astiberri, 2017), un ensayo gráfico sobre los límites del humor en el que hay lugar para el chiste de "van dos y se cae el de en medio", pero también para física cuántica, Charlie Hebdo, Ursula K. Le Guin o Charles Darwin.

Este libro rompe una de las reglas fundamentales del humor, que es que si hay que explicar la broma pierde la gracia…

Sí, eso quería hacerlo desde el principio, reventar chistes, ¡desmenuzarlos! Ha sido algo consciente. Me gustaba el hecho de que cuando analizas un chiste, te conviertes en traidor. Yo analizo chistes todo el rato, aunque sean pequeños, me encanta estudiar cuáles son sus partes y por qué funcionan. Gran parte de los chistes, hasta los más malos, son casi una ecuación. Yo creo que habría que hacer más libros explicando chistes.

¿Por qué a los humoristas os molesta que os pregunten por los límites del humor?

Eso quiere decir que hay un interés, por lo que podemos hacer dos cosas. Por una parte nos podemos cerrar en plan “¡los chistes no se explican!”, pero también es verdad que el resto de géneros se explican, los dramaturgos se explican, los poetas se explican, así que por qué no.

¿Hasta qué punto piensas que el humor y la actualidad son algo inseparable?

Hay muchos tipos de humor. Siempre pongo de ejemplo el chiste de “van dos y se cae el de en medio” porque es el humor más abstracto. Sí que hay humor sin actualidad, pero cuando revives un chiste no actual como este, pasa a ser metáfora de algo del tiempo en que lo estás contando. Creo que es algo inherente a las crisis, como la actual de las democracias occidentales, cuanto mayor es, cuanto mayor es la diferencia entre los ricos y los pobres, más se vuelca la gente a vivir la actualidad. En los noventa igual vivíamos más felices, pero también más de espaldas a la actualidad.

Yo creo que hoy en día, la actualidad te exige más que nunca una mirada humorística. Por un lado sería muy agobiante vivir híper informado y siempre con la vida como gran drama. Por otro, eso te sirve para opinar de la actualidad. Yo creo que el humor y la actualidad sí que van muy unidos o, mejor dicho, no creo que sea posible una visión de la realidad sin una cuota dedicada al humor.

El humor ahora es inmediato y creo que las nuevas tecnologías no solo han hecho que no dejemos pasar tanto tiempo para hacer chistes a partir de algo dramático, porque el anonimato de las redes y la velocidad de las redes han hecho que todo se acelere. Si tú trabajas para una publicación periódica, igual decides no hacer chistes sobre, yo que sé, el accidente de un avión porque es muy pronto, pero es que en las redes ves que hay ya 200 chistes sobre el tema. Entonces eso te obliga a acortar tus tiempos, que no eran naturales, eran de mercado, en realidad. Y el mercado ha acelerado ese proceso.

¿Podemos decir que con las redes sociales se ha democratizado el humor?

Es cierto que hay una función social del humor. Lo vemos en la vida diaria, ante pequeños fracasos, putadas, dolores, cosas que no podemos evitar, muchos de nosotros respondemos con algo de humor. El humor, posiblemente, sea una de las cosas más minusvaloradas de la cultura occidental. Siempre hablamos de lo poco que se premian las comedias en el cine, lo mismo ocurre en la literatura, o en el cómic, donde se premian más los formatos dramáticos. Sin embargo, la contradicción es que en la vida diaria utilizamos mucho más las formas del humor que las formas del drama. Incluso en los medios de comunicación masivos hay un espacio para el humor y no tanto para el drama. Esa especie de contradicción es algo muy raro y yo creo que estamos evolucionando hacia una fase en la que el humor es una parte imprescindible de la comunicación.

Portada del libro 'Disparen al Humorista'

¿Qué relación tiene un humorista como tú con algo como Twitter?

Me resulta muy interesante. Como todo evento humano, tiene una parte mala y una parte buena. La parte buena es que el hecho de comunicarte con una cantidad determinada de caracteres te acerca bastante a lo que es el humor profesional, porque el humorista, sobre todo, tiene que trabajar la síntesis, dejar un concepto claro con la menor cantidad de palabras posibles y luego transgredirlo con la menor cantidad de palabras posibles. Es, desde luego, un campo perfecto para la creación de partículas risibles.

¿Partículas risibles?

Sí, me encanta mezclar cuántica con humor. Es como la fuerza de Star Wars, el humor es un poder físico que está por ahí y de pronto se presenta cuando las condiciones son propicias. Twitter también da lugar a los haters, que se ven obligados a odiar en 140 caracteres y logran insultos realmente creativos.

El problema viene con la relación entre los medios de comunicación y las redes sociales. Los medios de comunicación tienen que tener contenido todo el rato para competir con las redes sociales. Como es imposible, lo que hacen es tomar lo que pasa en las redes sociales como la opinión pública, lo cual es mentira, porque mi abuela no tiene Twitter. Bueno, mi abuela está muerta, pero ya me entendéis. El caso es que consiguen que un chiste que ofende a dos mil personas se convierta en noticia mundial.

El siglo XXI ha comenzado entre una total y absoluta confusión. En todos los principios de siglo ha pasado algo similar, Pero es que, además, estamos viviendo el que, probablemente, sea el paradigma más fuerte de la historia de la humanidad desde la revolución industrial. La revolución robótica y tecnológica es demencial. A diferencia de lo que ha pasado tradicionalmente en la historia, ahora manejamos un montón de herramientas que hemos inventado pero no sabemos realmente cómo funcionan, lo cual es un caldo de cultivo para la confusión.

¿Estamos viviendo la época dorada de la sátira política gracias a gente como Donald Trump, o antes la gente se cachondeaba de Kennedy?

Yo creo que ha explotado el tema de la corrección política, que es algo que arranca en los años sesenta con muy buena voluntad, y ha ido creciendo poco a poco. Le ha pasado como al humor, que ha crecido exponencialmente con las redes sociales. Además, la derecha se ha dado cuenta de una cosa, que es que una parte de la izquierda ataca a la propia izquierda solo por la utilización de ciertas palabras, la derecha utiliza eso para olvidarse de la diplomacia y empezar a decir lo que realmente piensa, diciendo que no les censuren, que eso es incorrección política. Yo agradezco la incorrección política, porque así sé que un xenófobo piensa que un inmigrante es malo y un misógino, que una mujer es mala. Si no, seríamos unos ingenuos.

¿Crees que el humor de derechas y el de izquierdas tienen códigos distintos?

Yo creo que sí, una de las confusiones de cierto sector de la izquierda más hipersensible considera a Mongolia a veces hasta como fachas, cuando para la derecha somos claramente ultraizquierda. Yo creo que es porque utilizamos la bestialidad del discurso de la derecha pero con un giro metafórico. Cuando pusimos a todos los políticos como si fueran refugiados sirios en una vaya con el titular “no les dejemos pasar” en un momento en que no había acuerdo para formar gobierno en España. Si hubiesen sido refugiados de verdad, sí habría sido algo de un medio de derechas. Por otra parte, la corrección política ve la imagen y directamente no puede pensar. Tú ver satíricos de derechas y no hay ese giro, es todo directo: las feministas son feas, los moros nos roban... Yo creo que el humor sofisticado es de izquierdas.

La corrección política de izquierdas dice que solo te puedes reír del poderoso y la incorrección de derechas solo pretende que lo hagas con las minorías y con los diferentes, ambos establecen fronteras sobre qué te puedes reír. Donald Trump permite que te rías de las mujeres, de las fronteras... pero si te ríes de los trabajadores norteamericanos o de él mismo, se pone como loco. Hay toda una teatralidad en la derecha, en Trump, en la extrema derecha europea… ¡Amanecer Dorado! Suena como a porno, como 'soy sudaca', suena a que me van a pegar y me van a mear. El verdadero humor de izquierdas debería ser ácrata.

¿Qué te parece este fenómeno de políticos que creen que son muy graciosos, como Gabriel Rufián, Hernando...?

Rufián no es nada gracioso, es desconcertante, con esos silencios tan largos. Es un fenómeno transversal. La primera vez que lo vi fue en política norteamericana. Como allí todo es espectáculo, los consejeros políticos descubrieron muy pronto que el humor es bueno para vender, igual que ahora el periodismo parece haber descubierto que un titular que parezca de broma es mejor que uno serio. Ahora todo el mundo intenta ser súper gracioso: Pablo Iglesias con lo del tronco, Rubalcaba con lo de Amaral, y en realidad es todo súper patético. Yo ahí sí veo un límite del humor. El político tiene derecho a hacer humor y en campaña puede hacer lo que quiera, porque no va a hablar, evidentemente, de lo que van a hacer, pero cuando ya tiene un cargo y sale en la tele a explicar algo, no hay lugar para que haga un chiste. Yo si voy al médico y me tiene que explicar que tengo cáncer no quiero que me haga un chiste, quiero que me diga si tengo cáncer. Eso sí me parece peligroso, porque hace pensar a la gente que el humor solo tiene validez en esa frivolidad de lo político, que es vender al político como producto.

¿Cuál es el gran fracaso del humor, además del evidente, que es que la gente no se ría?

Ese es el primer gran fracaso, y lo peor es que ese es el que marca la moral del humorista. Yo creo que eso es lo que marca la contradicción de los límites del humor, y es que cada vez nos horroriza más, pero cada vez más tenemos necesidad de humor bestial. Hay momentos difíciles que te hacen plantear las cosas. ¿Qué pasa, por ejemplo, si estas en la Alemania nazi al principio y te pones a hacer chistes sobre el poder económico antes de que el nazismo se instale y lo caracterizas como judío? Porque, al final, el humor es caricaturizar: el moro es el moro, el sudaca es el sudaca, el argentino plasta, el de Lepe... ¿Qué pasa si entras en el discurso que busca el estado? Yo creo que tu deber como satírico es buscar la contradicción del tópico. Sí que es una herramienta más del poder para que parezca normal algo que no es normal. No quiere decir que no puedas utilizar la inmigración o la violencia contra la mujer de manera humorística si es para denunciar. En el caso de la inmigración, si utilizar la sátira para denunciar la hipocresía de Europa con el tema. En realidad no estás colaborando, estás haciendo una visión crítica, y una visión crítica que, en realidad, es bastante despiadada hacia nosotros mismos como europeos. El problema de la corrección política es que a veces no ves los matices. Un dibujo de un inmigrante, la corrección política no distingue si lo hace Hitler o Jerry Seinfeld.

Hay una especie de corriente que dice que no se puede hacer humor sobre el débil...

Yo creo, como soy de izquierdas, que la sátira tiene que apuntar al poder, pero no significa que no puedas representar a aquellos que no tienen poder, de hecho, yo uso la representación del pobre o el inmigrante como tópicos para disparar al poder, no para reírme de ellos. Si alguien los usa para reírse de ellos, ese tampoco es el mal de mundo. El mal del mundo traspasa la representación.

Hay humor que simplemente es hacer gracia, pero también hay humor que representa la visión que tiene una parte de la sociedad. La sátira sí que tiene una intención política y tiene que apuntar a algo

¿Los humoristas sois la profesión con más intrusismo?

Desde luego, están los políticos, los de twitter, los youtubers. Lo de los youtubers es tremendo. Los humoristas de siempre, los cortometrajistas, trabajábamos en lo audiovisual con unos códigos de planteamiento, nudo desenlace, unos picos. Ahora ves un vídeo de un youtuber que es un plano fijo de 20 minutos hablando a la cámara y tiene millones de visitas. A mí es algo que me ha pillado ya mayor, me he quedado fuera del humor millennial.

Un tema muy interesante en Disparen al humorista es el de la simbología. Hay un tronco, un gato, sales tú, unos escenarios como de ensueño…

Para entender el humor no hace falta mucho, solo quedarte en silencio pensando. Es un viaje de introspección, realmente, y entonces pensaba que necesitaba ponerle paisajes mentales al tema, además porque si no resultaba muy difícil dibujar lo que quería contar. Me gustaba que fuera una aventura tipo Tintín o Star Wars, que va cambiando de escenario, casi como un videojuego. Entonces, cuando hablo de Charlie Hebdo me meto en tierras extrañas, con lagos de sangre, en otro momento me meto en laberintos… Intentaba expresar emociones a través de la simbología del paisaje. A la vez, creo que los personajes son estados de mí mismo. Esto es muy raro y quien lo lea no tiene por qué entenderlo, claro. La tostadora es mi yo humorista, la cabeza de tronco tiene más que ver con mi yo lector. El gato callejero pensaba en que fuese un personaje muy urbano, me gustaba porque es el que le baja el perfil al tronco, que es el que lee y cuenta cosas. Luego está la doctora Lunch, que representa la ciencia, la filosofía, la física. Es, en el fondo, la que termina dando la clave sobre lo que significa el humor

Entonces, ¿hay un Zara del humor, gente que coge chistes muy buenos y los convierte en versión low cost?

¡Yo lo he hecho! Muchas veces me ha pasado que tenía una entrega y no se me ocurría nada y he cogido mis libros de Gary Larson, o humoristas que me gustan mucho, ver mis chistes preferidos. No es que copies el esquema, es el click, y de repente te surge algo. Yo creo que nadie lo hace conscientemente pero ocurre, por eso, creo, me empecé a obsesionar sobre ver el esqueleto de los chistes. Hay cosas que se repiten mucho, y la gente del oficio lo sabe aunque no se pare a pensar sobre ello. Por ejemplo, hay una repetición del número tres. Si vas a hacer un chiste, te conviene dar tres ejemplos,

¿Cómo piensas que va a recibir este libro el resto de humoristas? ¿Te van a arrinconar por revelar sus secretos?

No creo. Mira, este libro no hubiera sido así si a través de Mongolia no hubiese tenido que ejercer el humor desde el otro lado. Yo venía del cómic humorístico y de la animación humorística. A través de Mongolia empiezo a escribir más que a dibujar, con lo que empecé a tener oficio en escribir cosas que no tienen imágenes. Por otro lado, con el show de Mongolia, tuve la oportunidad de hacer lo que hacen los cómicos y las cómicas. Se lo recomiendo a cualquier humorista, porque lo de probar tus chistes de cara a 600 personas te hace vivir más el misterio. Quería hacer esto en comic en vez de escrito por dos razones: primero porque estoy enfermo y puedo dejar de hacer teatro o lo que sea pero no de hacer tebeos y segundo porque si había realmente esta necesidad social de hablar sobre los límites del humor, e iba a ser algo complejo que mezclase filosofía y biología, tenía que hacer yo el esfuerzo de contarlo en un formato popular.

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