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Cada 14 días muere un idioma

En los últimos 10 años han desaparecido más de 100 lenguas

Tommy George, fallecido el pasado mes de julio, era el último hablante de awu laya, una lengua aborigen de Australia.
Tommy George, fallecido el pasado mes de julio, era el último hablante de awu laya, una lengua aborigen de Australia. Getty Images

El mes pasado fue asesinada en las selvas del norte de Perú Rosa Andrade, de 67 años, la última mujer hablante de resígaro, una de las 43 lenguas indígenas de la Amazonía.

Rosa Andrade, la última mujer que hablaba resígaro, fue asesinada en noviembre en la Amazonía peruana.
Rosa Andrade, la última mujer que hablaba resígaro, fue asesinada en noviembre en la Amazonía peruana.

Tommy George, el último de los kuku-thaypan de Cape York (Australia), murió el pasado 29 de julio a la edad de 88 años. Tommy George era el último hablante de awu laya, una lengua aborigen de Australia. Con él murieron 42.000 años de historia y conocimientos transmitidos de forma oral.

Tommy George, el último de los kuku-thaypan de Cape York (Australia).
Tommy George, el último de los kuku-thaypan de Cape York (Australia). Getty Images

Cristina Calderón (24 de mayo de 1928) es la última hablante nativa del idioma yagán de Tierra de Fuego. Hoy vive en Puerto Williams, un asentamiento militar chileno en isla Navarino.

Cristina Calderón (24 de mayo de 1928) es la última hablante nativa del idioma yagán de Tierra de Fuego.
Cristina Calderón (24 de mayo de 1928) es la última hablante nativa del idioma yagán de Tierra de Fuego. EL PAÍS

En los últimos 10 años han desaparecido más de 100 lenguas; otras 400 están en situación crítica, y 51 son habladas por una sola persona. Cada 14 días muere un idioma, según la Unesco. De seguir así, la mitad de las siete mil lenguas y dialectos que se hablan hoy en el mundo se extinguirán a lo largo de este siglo. Y cuando muere una lengua no se pierden solo las palabras, sino todo el universo cultural al que daban forma: siglos de historias, leyendas, ideas, canciones transmitidas de generación en generación que se desvanecen “como lágrimas en la lluvia”, junto a valiosos conocimientos prácticos sobre las plantas, los animales, los ecosistemas, el firmamento. Un daño comparable a la extinción de una especie.

Fanny Cochrane grabando canciones aborígenes de Tasmania para la Royal Society de Hobart.
Fanny Cochrane grabando canciones aborígenes de Tasmania para la Royal Society de Hobart. Wikimedia

Con Fanny Cochrane, fallecida en 1905, se extinguió la última lengua nativa de Tasmania. Entre 1899 y 1903, grabó en uno de los primeros fonógrafos las canciones aborígenes que conocía para la Royal Society de Hobart, la capital de la isla australiana.El cantante folk Bruce Watson cuenta su historia en The man and the woman and the Edison phonograph (El hombre y la mujer y el fonógrafo Edison).

Con la muerte en 2004, a los 98 años, de Yang Huanyi, desapareció el nushu, un sistema secreto de escritura empleado durante al menos cuatro siglos por las mujeres chinas para burlar el control de los hombres. Como muchas mujeres chinas de su época, Yang Huanyi tenía unos pies diminutos y deformados; la costumbre de vendar los pies a las niñas fue prohibida en 1912.

Yang Huanyi, la última persona capaz de leer y escribir en nushu, un sistema de escritura codificada usada durante siglos por las mujeres chinas.
Yang Huanyi, la última persona capaz de leer y escribir en nushu, un sistema de escritura codificada usada durante siglos por las mujeres chinas. Wikimedia

Charlie Mangulda es la última persona en la Tierra que habla y entiende el amurdag, el lenguaje oral de un grupo de aborígenes del norte de Australia, como explica en este vídeo K. David Harrison, autor del libro de National Geographic The last speakers (Los últimos narradores, o Las últimas voces).

Harrison, profesor de lingüística del Swarthmore College en Pensilvania (Estados Unidos), es uno de los responsables del proyecto Enduring Voices (Voces imperecederas) de National Geographic. Ha viajado por todo el planeta, desde Siberia y el Cáucaso hasta el norte de Australia, pasando por el sur de México o las islas más remotas de Indonesia, entrevistando a los últimos guardianes de lenguas minoritarias en riesgo de desaparecer. Muchas de las que han estudiado no habían sido nunca grabadas ni puestas por escrito; otras, ni siquiera se conocían. En 2010 documentaron por primera vez el koro, un lenguaje que hablan menos de mil personas en las montañas de Arunachal Pradesh, al noreste de India. Debajo se puede ver a Anthony Degio, de la tribu koro, explicando el uso que su pueblo hace de 11 plantas de la zona donde viven.

 

En febrero, el equipo de Enduring Voices presentó los primeros frutos de su trabajo: ocho diccionarios sonoros y visuales de idiomas moribundos como el chemehuevi (Arizona, EE UU); el euchee (Oklahoma, EE UU); el hupa, el karuk, el wintu y el washoe (California, EE UU); el tuvan (Rusia); el aka (India), o el seri (México). En total, 32.000 palabras salvadas del olvido.

Con el mismo objetivo nació Endangered Languages (idiomas en peligro de extinción), una iniciativa de Google para dar voz a quienes las hablan y quienes se esfuerzan en conservarlas. Se trata de un foro abierto que ofrece la posibilidad de subir archivos de vídeo, grabaciones y documentos, y también de compartir conocimientos y experiencias. En este vídeo de Endangered Languages , la abuela Margaret, una anciana de la tribu navajo (Nuevo México, EEUU) explica a su nieto, con la ayuda del tradicional juego del cordel, el origen de las constelaciones, tal como se cuenta en una antigua leyenda india.

En este otro, una vecina del valle de Ansó, en el Pirineo de Huesca, relata en aragonés ansotano el cuento de As Crabitetas (Las cabritillas). En España también están en la lista de lenguas en peligro el aragonés, el asturiano (asturleonés o bable) y el gascón del Val d'Aran (Lleida) o aranés.

El Atlas de Idiomas en Peligro de la Unesco tiene catalogadas 2.581 lenguas, que se muestran sobre un mapa interactivo de Google. Los resultados se pueden filtrar por región geográfica, por el nombre del idioma o por el número de personas que lo hablan.