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Alemania se queda sola

Hay que valorar la propuesta europea de una política fiscal expansiva, pero se queda corta

Angela Merkel, en una reciente comparecencia ante la prensa.
Angela Merkel, en una reciente comparecencia ante la prensa.

La Comisión Europea se ha sumado a las instituciones económicas mundiales que piden una política fiscal expansiva para Europa. Propone un plan de inversión de unos 50.000 millones de euros como impulso inicial para acompañar, con más gasto, la política monetaria expansiva del BCE. Bruselas reconoce formalmente lo que era evidente para todos los organismos económicos (FMI, OCDE, G7, G20, el propio BCE) o presidentes como Obama: que la política monetaria no es suficiente por sí sola para estimular el paupérrimo crecimiento ni para ahuyentar el riesgo deflacionista.

El mensaje político es ruidoso. El paso adelante de Bruselas deja a Alemania como defensora principal de la ortodoxia; incluso en Berlín se tiende a aceptar lo inevitable. Schäuble replica agriamente a la Comisión, pero Merkel está dispuesta a invertir más en Defensa y a bajar impuestos. Los cálculos rectifican a los defensores de la austeridad. Después del Brexit y de la elección de Trump, los vientos económicos cambian. Si en Estados Unidos hay más crecimiento e inflación, los tipos de interés van a subir más deprisa de lo esperado. Los mercados elevan los tipos de los bonos; vamos a asistir de forma inmediata al encarecimiento del dinero. En este escenario, el relax monetario europeo tendrá que cambiar poco a poco. Por eso en estos momentos es urgente aceptar y poner en marcha una expansión fiscal.

Dicho lo cual, no hay que conceder a la propuesta de Bruselas un impacto excesivo. Los 50.000 millones propuestos (pueden ser más) tendrán que proceder de ampliaciones de gasto de los países con superávit (por ejemplo, Alemania); España o Italia difícilmente pueden sumarse a una política expansiva. Por otra parte, la cantidad es insuficiente para cambiar el signo de la inversión y el empleo. Por el momento, hay que valorar el nuevo mensaje europeo en favor de la inversión; pero Europa necesita dinero nuevo y en más cantidad.

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