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Moda sostenible contra consumo rápido

El respeto a la naturaleza y a los trabajadores modifica la industria textil. Stella McCartney es un ejemplo

La lucha de los implicados en la moda sostenible es titánica contra un sector marcado por el consumo rápido, el abuso de los recursos naturales y la explotación de las personas, pero la conciencia por lucir ropa responsable avanza paulatinamente en España. “En el último año ha sido increíble. Ha habido un cambio muy sustancial. Nos hemos adentrado en la industria y el negocio”, asegura Gema Gómez, directora de Slowfashionnext, una plataforma de moda sostenible referente en el sector.

Tras una preciosa y delicada prenda se puede ocultar un taller clandestino de jornadas interminables y salarios mínimos; tras la vida de una camiseta de algodón, cerca de 2.500 litros de agua; tras el desgastado de un pantalón vaquero, la muerte por enfermedad de pulmón. “No podemos seguir con el ritmo de consumo de ropa de usar y tirar. En la conocida como slow fashion (moda lenta), se garantiza que los sueldos son dignos, que se cumplen criterios medioambientales, que los tejidos son de calidad...”, ejemplifica Gómez, que señala que cada español tira ocho kilos de ropa al año.

La luz que entra por los ventanales del taller Occhiena, ubicado en el Polígono Sur de Sevilla, una zona desfavorecida de la ciudad, facilita que una decena de costureras que trabajan en él cosan unos pespuntes impecables. “Cada vez tenemos más encargos de diseñadores concienciados y esto nos da la posibilidad de contratar a más mujeres en riesgo de exclusión”, apunta Lola Galeano, jefa del taller. En apenas dos años de existencia, ya simultanean cuatro colecciones de creativos españoles. “He conseguido aquí mi primer contrato laboral”, dice orgullosa Dolores Morillo, de 53 años.

También tienen ya encargada para la próxima temporada una colección de ropa interior realizada con algodón orgánico y bambú creada por la emprendedora zaragozana Lara San Gil, de 31 años. “Quería que la fabricación fuese responsable y ha costado mucho dar con un taller en España que trabaje de forma ética”, reconoce la joven desde Cambridge (Reino Unido), donde venderá la producción. “Es muy difícil competir con la economía sumergida. Todavía hay quien se sorprende cuando hacemos facturas con IVA”, apunta Antonio Mengual, gerente de la Fundación Don Bosco, que gestiona la central de moda.

Proyecto Don Bosco, en Sevilla. PACO PUENTES

Cataluña celebró en 2015 el BCN Ethical Fashion Festival con 4.000 asistentes y una de las jornadas del evento, Andalucía de Moda, se dedicó en exclusiva a conferencias y desfiles de diseño sostenible. “Hay que vertebrar de nuevo el concepto de la moda, hacerlo más consciente, más ecológico y más social”, apunta Pedro González, director artístico del evento andaluz. La UE ha impulsado el programa European Clothing Action Plan, que con 3,6 millones pretende reducir el impacto medioambiental textil, y un grupo de 18 grandes distribuidores de fast fashion (moda rápida) ha firmado el proyecto The Social and Labour Convergence Project para corregir sus prácticas.

Dos hitos

Gómez establece dos hitos que provocan estos cambios. “El grupo Kering, con Stella McCartney a la cabeza, ha sido clave para la industria en sector del lujo. Y el derrumbe del taller Rana Plaza en 2013, en Bangladesh, donde murieron 1.100 trabajadores, conmocionó a la sociedad”, señala la gestora, que apunta que Internet facilita la distribución de los productos sostenibles. “Cada vez más, las personas preguntan a los dependientes de dónde viene la ropa, como está fabricada. La moda será sostenible o no será”, concluye la bloguera Sonia Flotats.