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¿Andara o anduviera? Errores gramaticales en canciones clásicas del pop español

Verbos mal conjugados, concordancias eludidas… El que tiene boca (para cantar) también se equivoca

Melendi, Ana Torroja (Mecano) y Manolo García. Elisa Sánchez Fernández

Vaya por delante una aclaración, de buen rollito: no hace falta llamarse Lope ni Garcilaso para escribir la letra de una buena canción pop. Dicho lo cual, reconozcamos que incluso nuestros autores más acreditados han cometido patinazos llamativos, sobre todo en lo tocante a conjugaciones verbales, concordancias y esas cositas que tiene esta hermosa y cervantina lengua nuestra.

Aquí hemos recopilado unos cuantos, a título de curiosidad. Sin ánimo de incordiar, pues, y solo por sugerir mejoras en nuestro acervo (que no acerbo) lingüístico, anoten esta decena de fallos. Admitiendo de antemano eso de que “el que tiene boca se equivoca”. Y que hasta el mismísimo Dios escribía “recto con renglones torcidos”. Claro que, en honor a la verdad, tampoco es plan de comparar a Dios con cualquier cuñao…

1. Mecano: “Tú contestastes que no” (de La fuerza del destino, 1988). Las canciones de estos mozalbetes darían para un artículo entero sobre versos dudosos, chirriantes o fallidos, pero ninguno tan flagrante como ese “te dije, nena, dame un beso / tú contestastes que no” (lo correcto es contestaste) que nos endiñaron en la famosa La fuerza del destino. Ay, esas eses bravías en las segundas personas del singular del pretérito de indicativo, cuánto daño han hecho… (“Fuistes lluvia y fuistes flor”, aseguraba Mari Trini, a menudo tan buena escritora, en su Canción vieja). El tema de Mecano, seguramente uno de los más repelentes que haya escrito nunca Nacho Cano (en modo “macho Alfa”), incluye otros versos tan líricos como “estas son solo un par de estrechas” o “no sé si esa cara tan rara / un ojo aquí y un diente allá”. José María, el hermano sesudo, era en cambio capaz de escribir perlas como “La cara vista es un anuncio de Signal” (Me cuesta tanto olvidarte).

2. Manolo García: “Abismo en que me mezco” (de Sobre el oscuro abismo en que te meces, 1998). Ahí donde le tienen, con ese nombre artístico que pide “paso al loco de la calle” (por parafrasear uno de sus primeros éxitos con El Último de la Fila), Manolo García es seguramente el artista pop con el registro idiomático más elevado de nuestro pop. Sobre el oscuro abismo en que te meces, de su primer álbum como solista (Arena en los bolsillos), es solo un ejemplo más de otros muchísimos: ningún cantante suele tener oportunidad de pronunciar términos tan hermosos como “malvalocas”, “herrumbrosas” o “aguaceros” en sus obras. Pero, aggg, algunos verbos llevan incorporado el veneno en las conjugaciones. Es el caso de “mecer”, otra palabra bien bonita. El título es impecable, pero don Manolo se mete en un berenjenal cuando, en el siguiente verso, se lo lleva a la primera persona: “Sobre el oscuro abismo en que me mezco”. Porque, por mucha música aflamencada que le pongamos, la Real Academia nos insiste en que ese presente de indicativo es “mezo”.

3. Love of Lesbian: “Como si andara en espiral” (de La niña imantada, de 2007). Uy, uy, uy, la de disgustos que nos ha dado siempre el pretérito del verbo andar. Incluso a Santi Balmes, líder de Love of Lesbian y, de largo, uno de nuestros letristas más competentes de la última década. En cambio, su revés en La niña imantada, donde nadie le avisó de que un “anduviera” hubiese sido mucho más respetuoso con el diccionario, le emparenta con ¡Los Pecos! Leyeron bien: ya en 1979, los hermanos Herrero se nos habían acongojado (Y te vas) con un “y si tu reloj andara lentamente…”.

Santi Balbes (en primer plano), letrista de Love of Lesbian, seguro que ya sabe la patada al diccionario que grabó. Cordon

4. Cecilia: “¿Quién la escribía versos?” (de Un ramito de violetas, 1975). La malograda Evangelina Sobredo (1948-1976), Cecilia para la posteridad, fue una de las mejores autoras femeninas que ha conocido nuestra música: valiente, corajuda, reivindicativa, cáustica, tierna, fúnebre. Pero su condición de madrileña le jugó una mala pasada (y no “la jugó una mala pasada”) en Un ramito de violetas, uno de sus títulos indispensables. “¿Quién la escribía versos? Dime quién era / ¿Quién la mandaba flores por primavera?”, cantaba la muchacha de El Pardo, encadenando un par de laísmos como dos camiones. En su celebérrima versión, Manzanita corrigió el entuerto pasando ese estribillo, hábilmente, a la segunda persona: “Quién te escribía versos, dime, niña, quién era”.

5. Andy y Lucas: “Su amor no le tengo” (en De qué me vale, 2007). Parecido, pero a la inversa. Estos dos paladines gaditanos de las congojas amorosas no son laístas, sino leístas. Por eso en De qué me vale incluían el siguiente verso para cortarse las venas (o dejárselas largas, que apostillaría el cheli): “Si no la tengo, su amor no le tengo”. Aparte de la monumental perogrullada, alertemos sobre el lío de pronombres: a los chicos no les descolocaría la métrica decir “su amor no lo tengo” y la gramática española se quedaría mucho más feliz. No tuvieron el mejor día nuestros enamoradizos amigos: solo unos versos antes, la concordancia en “y mientras yo, me invade la pena” dejaba un poquito que desear.

6. Extremoduro: “Iros todos a tomar por culo” (título del disco en directo de 1997). El gran Robe Iniesta ha encontrado un espacio poético muy peculiar alternando su vertiente más lírica (“se paró el aguacero, ahora somos flotando dos gotas”) y la abiertamente borrica (“con el ojo del culo mido la temperatura”). Pero en 1997, a la hora de titular el álbum en directo tras la gira de Agila, no anduvo con muchos miramientos y optó por Iros todos a tomar por culo. Lo cual, aparte de no enmarcarse entre los prodigios de finura, apuntalaba un error muy habitual con este imperativo: la forma correcta es “Idos”. Robe lo sabía, pero, por situarnos en su mismo registro idiomático, se la sudó. O se la trajo floja, vaya. Y es que las des de nuestros imperativos padecen grave riesgo de extinción. Hasta a Serrat, en la sublime Mediterráneo (1971), se le escapaba un “empujar al mar mi barca”.

Robe Iniesta (segundo derecha), jefe de Extremoduro, escribe cual clásico... y cual clásico se equivoca. Cordon

7. Miguel Ríos: “Todo el mundo corrieron a bailar” (de El rock de la cárcel, de 1970). Sí, puede que la versión en castellano de la ya popularísima Jailhouse rock la hayamos canturreado tantas veces que ni caigamos en la cuenta del gazapo. El ilustre rockero granadino la registró en 1970 (El rock de la cárcel) y nos puso a cantar en los guateques: “Todo el mundo en la prisión corrieron a bailar en el rock”. Pero aunque todo el mundo sea, en verdad, un auténtico mogollón de seres humanos, lo cierto es que a un sustantivo singular le debería corresponder una conjugación en singular: “Todo el mundo corrió a bailar”. Ya, la métrica se resiente, pero… nadie dijo que cuadrar sílabas fuese tarea sencilla. En honor a la verdad, la culpa original de esta discordancia no es imputable a Ríos, sino a Enrique Guzmán y los Teen Tops, que habían grabado la adaptación ya en 1959.

8. Antonio Orozco: “A sabiendas que no los concedas” (de Devuélveme la vida, de 2001). El barcelonés de sangre sevillana saltó a la popularidad con Devuélveme la vida, baladón arrebatado que aún se hizo más famoso con la posterior versión a dúo junto a Malú. Y todo ello, pese a una frase que se tambalea por todas partes: “Te pido perdón a sabiendas que no los concedas”. Por lo pronto, el temor al dequeísmo tal vez impulsara al autor a ahorrarse un “de” ineludible (“a sabiendas de que…”). Por otro, el subjuntivo “concedas” es un misterio (“a sabiendas de que no lo/s concedes”). A menos que el letrista estuviera pensando en algo parecido a “te pido perdón incluso aunque no lo concedas”. En definitiva, el verso resultante supone un bonito embrollo, pero la gramática nunca fue condición sine qua non (¿pensaban que se iban a librar de un latinajo en un artículo como este?) para abrazar el éxito.

9. Revólver: “Contra más frutos consigo” (de Besaré el suelo, 1997). Pensábamos que este error, tan barrial y con tanta solera, andaba ya al borde de ser erradicado. No cantemos victoria, y nunca mejor escogido el verbo. Carlos Goñi, jefe de Revólver, lo prolonga e inmortaliza en Besaré el suelo: “Contra más frutos consigo, más cerca estoy de perder”, cuando lo correcto es cuantos. Lo más curioso es que, inmediatamente antes, nos ha ahorrado el pisotón gramatical en “cuanto más bella es la vida, más feroces sus zarpazos”. Para agrandar el misterio, el tema lo había estrenado dos años antes Luz Casal, que sí tuvo el detalle de decir “cuantos más frutos…”.

10. Melendi: “Sois vosotros en quien pienso” (de Cenizas en la eternidad, 2014). El himno de autoafirmación más reciente del rumbero asturiano se titula Cenizas en la eternidad y aparecía en Un alumno más, disco con el que quiso afianzar ese “otro Melendi”, más maduro, sereno y con la cabeza asentada, frente al muchacho impulsivo y con rastas de los comienzos. La evolución es evidente, pero la concordancia pedía a gritos un “quienes” en el verso “sois vosotros en quien pienso”. Cierto que el propio tema advierte poco más tarde: “Aquí nadie es perfecto / Yo también meto la pata”. Ah, también puede que haya algo de autoinculpatorio en el detalle de que la gira posterior llevara por nombre Directo a septiembre...