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Oscars blancos elegidos por... hombres blancos

El problema de Hollywood es la desproporción entre población y filmes con protagonistas negros

Si usted tiene un grupo de votantes, 6.000 en concreto, y el 94% de ellos son blancos y a su vez de esa cantidad el 77% son hombres, con una edad media de 62 años, ¿qué espera que voten? A productos hechos para ellos. Por muy abiertos de miras que sean. Ahora añada a la primera frase tras el número “miembros de la Academia de las Ciencias y de las Artes de Hollywood”, y ya tiene el lío montado.

Por segundo año consecutivo, no habrá ningún candidato negro (bien británico, bien afroamericano) entre los 20 aspirantes a las cuatro estatuillas de interpretación. Es discutible porque lo valorable tendría que ser la calidad y no la etnia. ¿Lo había? Sí, según este cronista. Los miembros de la Academia saben que arrastran este problema desde hace años, y puede que por ello su presidenta es la afroamericana Cheryl Boone Isaacs y el próximo presentador de la gala, el cómico afroamericano Chris Rock. Y si alguno aún tiene ganas de ir, se multiplicarán las presentaciones de los premios realizadas por actores y actrices negras.

El problema no está en la Academia, o al menos deberíamos ver más allá: el problema es que según el censo estadounidense los negros suponen el 13,2% de la población estadounidense, y en los últimos 15 años han logrado el 10% de las nominaciones de interpretación, logrados en películas de las que solo han protagonizado el 9%. Ahí está la clave, en la desproporción entre población y filmes con protagonistas negros.

Este año uno de los Oscar de Honor recayó en Spike Lee. El cineasta nunca ha sido candidato a la estatuilla a mejor dirección —sí en el apartado de guion y documental— a pesar de que entre sus películas están Haz lo que debas, Cuanto más, ¡mejor!, Malcom X, Fiebre salvaje, La última noche o Una mala jugada, y que este año ha estrenado la controvertida Chi-Raq, ilustrando la batalla sin cuartel que actualmente se vive en las calles de Chicago. El homenaje, en todo caso, olía a reparar pasadas afrentas.

Tampoco ha entrado en la categoría a mejor película una de las favoritas, Straight Outta Compton, sobre el inicio del grupo de hip-hop NWA. Así que la sospecha de racismo tiene su fundamento. En realidad, de cualquier tipo de discriminación: tampoco está Carol, de Todd Haynes, obra maestra basada en una novela de Patricia Highsmith acerca de una relación lésbica a mediados de los años cincuenta: sus actrices, Cate Blanchett y Rooney Mara, sí están en mejor protagonista y secundaria.

Es difícil que un colectivo se autodestruya en pos del bien común: solo lo hicieron las Cortes franquistas. La casta —que diría el otro— suele aferrarse al poder. Ahora bien, al menos los negros tienen portavoces y presencia. Porque los hispanos suponen el 16% de la población estadounidense, el 3% de las candidaturas a los Oscar (vamos, simplificando, Javier Bardem y Penélope Cruz) y el 25% de los espectadores de los cines en EE UU. Ellos tienen aún más derecho a la pataleta.