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Turquía golpeada

Ankara necesita toda la ayuda posible para hacer frente al terrorismo yihadista

El yihadismo volvió a golpear ayer a Turquía causando al menos 10 muertos —nueve de ellos turistas alemanes— en un sangriento atentado perpetrado en Estambul. El ataque reconfirma, por si hiciera falta, que cualquier ciudadano occidental, independientemente de su nacionalidad, ocupación y de dónde se encuentre, es objetivo directo del fanatismo yihadista.

Turquía está en una situación muy delicada; necesita toda la ayuda posible para hacer frente a una oleada terrorista que se está cebando especialmente en su territorio. El de ayer es otro eslabón en una larga cadena de atentados yihadistas contra territorio turco entre los que destacan las bombas de los pasados 5 de junio, 20 de julio y 10 octubre con un balance de un centenar y medio de víctimas mortales.

El terrorismo islamista está golpeando a un país clave en la contención del avance del Estado Islámico que además está sumido en un profundo enfrentamiento con su minoría más importante —la kurda— y en una polémica deriva política conducida por el presidente, Recep Tayyip Erdogan. Pero ninguna de estas dos últimas circunstancias deben menoscabar en lo más mínimo el apoyo a Ankara en un combate en el que los turcos están en primera fila.

El ISIS debe recibir el mensaje inequívoco de que cada nuevo golpe que aseste, por mucho dolor que provoque, solo servirá para reafirmar la determinación de combatirlo; y, por tanto, que sus asesinatos en suelo turco tendrán el efecto —indeseado a todas luces por los yihadistas— de reforzar la cooperación internacional con Ankara. Pero al mismo tiempo los ciudadanos deben recibir y percibir protección en torno a ellos. El terrorismo en determinadas zonas ya no es, lamentablemente, un fenómeno aislado; es necesario proteger a los civiles con todos los medios disponibles.