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Bodas de película

Los videógrafos atienden extravagantes peticiones de los novios que van más allá de la ceremonia

Aileen y David, el día de su boda.

Hay cámaras, luces, director y hasta guion, pero no hay actores. Los protagonistas son los novios. La grabación de vídeos en las bodas ha pasado en menos de una década de ser un detalle extra a uno de los servicios más solicitados. A Aileen, por ejemplo, aún no le habían propuesto matrimonio y ya estaba averiguando qué fechas tenía disponibles Antonio Domingo, el videógrafo que quería. “El típico vídeo de boda ha evolucionado hasta convertirse en una producción cinematográfica”, explica Domingo, uno de los 25 cámaras más influyentes del mundo, según la revista Event DV, y responsable del II Festival Internacional de Cine de Bodas y el IV taller profesional Recvolución, celebrado esta semana en Madrid.

No es ninguna exageración llamarlo cine o documental de bodas. En este tipo de proyectos los profesionales encargados de grabar y editar montan una verdadera película. Y las hay de todo tipo. Desde las más íntimas y sencillas como las que hace Paula Río Pinedo hasta las que usan efectos especiales y diferentes localizaciones. Son las que realiza el estadounidense Kevin Shahinian. “Yo intento pasar desapercibida, que todo sea más natural. En mis trabajos busco retratar las historias como un documental. Hacemos entrevistas e intentamos reunirnos con la pareja antes del enlace para conocerlos más”, explica Río Pinedo.

Videógrafos como Shahinian o el filipino Jason Magbanua convierten sus tomas en verdaderas cintas de suspense. Consideran que las historias son universales y, por lo tanto, buscan que la trama se extienda más allá de la relación amorosa. A pesar de que narran un momento muy personal de los novios, crean cortometrajes conceptuales, en los que fusionan escenas de la ceremonia con un guion que antes han acordado con las parejas. Es así como Shahinian es capaz de incluir en una de sus películas de boda una persecución, un tiroteo y una ceremonia hindú. Y es que suelen ser precisamente los hindúes quienes más demandan este tipo de vídeos. “Ellos tienen ceremonias diferentes que pueden durar hasta tres días. Muchos quieren que sus vídeos sean como las bodas de Bollywood”, relata Antonio Domingo.

Pero no solo se trata de inmortalizar el día del enlace. Hay quienes incluso quieren recrear en una cinta su romance o filmar un momento importante, como por ejemplo la compra de las alianzas. “La historia de Nati y Stu dio para realizar ocho capítulos del vídeo. Viajamos a Londres con la pareja para grabar el día en que eligieron su anillo. Luego rodamos dos de sus tres bodas, una en Gran Canaria y la otra en Tailandia”, detalla Domingo.

Estas parejas no escatiman en gastos cuando se trata de tener el vídeo de sus sueños. Mientras una grabación íntima como las que realiza Paula Río puede costar 2.300 euros, las documentadas como las de Domingo superan los 3.000; y los clientes de Shahinian o Magbanua pueden llegar a pagar hasta 18.000. Y es que el trabajo no es nada sencillo. Así lo detalla Jason Magbanua: “Es un verdadero reto de producción. A diferencia de una película, nosotros no podemos repetir las tomas. Suceden una vez y debemos captar la esencia. Además, muchas veces el clima no juega a nuestro favor o las parejas son muy tímidas, así que es un verdadero reto lograr que se sientan cómodas”. Para poder lidiar con las excentricidades de sus clientes, muchas veces se necesitan equipos de trabajo que pueden llegar a tener hasta 15 personas.

Los novios ya no necesitan esperar meses para ver el resultado final. Muchos estudios ofrecen entregar el trabajo el mismo día. “Mientras vamos grabando tenemos a un editor al que le pasamos las imágenes. El resultado final lo ven los novios y sus invitados en la recepción”, explica Domingo.