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François Hollande | presidente de francia

“Siempre he sido digno”

El presidente francés celebra sus dos años al frente del Elíseo

En una entrevista afirma que su única obsesión es sacar al país de la crisis

François Hollande se dirige el martes a un grupo de estudiantes de un instituto de industria artesanal. Ampliar foto
François Hollande se dirige el martes a un grupo de estudiantes de un instituto de industria artesanal. EFE

En el segundo aniversario de su toma de posesión como presidente de la República, François Hollande decidió este martes pasar a la ofensiva mediática con una entrevista televisada y radiada en la que trazó un balance indulgente de su gestión y prometió a los franceses que seguirá haciendo todo lo posible para mejorar los datos del desempleo. Apoyado en su nuevo equipo de comunicación, Hollande recurrió a una retórica más agresiva de lo habitual para replicar a las críticas y explicar su cota de popularidad, que con el 18% es la más baja de la V República: “Solo he intentado poner a Francia en marcha otra vez. Todo lo que he hecho años lo he hecho por Francia”, dijo. “Pero quiero ser juzgado al final del quinquenio”.

Para tratar de poner en valor su trabajo, Hollande sacó a relucir algunas diferencias con su antecesor, Nicolas Sarkozy. “Los franceses saben que yo nunca he caído en la vulgaridad o la grosería. Que yo siempre he sido digno”, afirmó. “Que siempre he respetado la independencia de la prensa, el sector audiovisual y a la justicia. Que nunca he confundido vida privada con vida pública”, dijo, recordando su discreta gestión de su romance con la actriz Julie Gayet.

Hollande reconoce que en los primeros 24 meses de mandato ha pedido “muchos esfuerzos a los franceses, mucha solidaridad a través de las subidas de impuestos”, pero niega que su tarea haya estado dominada por el amateurismo. “¿Sacar de la crisis a la zona euro, combatir el terrorismo en Malí, evitar el genocidio en Centroáfrica, alertar sobre las matanzas en Siria, es todo eso amateurismo?”, enfatizó.

En vista del autobombo, el entrevistador de la cadena de información continua BFMTV, Jean-Jacques Bourdin, preguntó a Hollande si no tenía nada que reprocharse. Y este dijo: “Sí, debería haber ido más deprisa, debería haber alertado mejor de lo mala que era la situación económica, haber dicho que con Sarkozy el crecimiento fue nulo y que dejó el país en la quiebra, y haber hecho el debate sobre el matrimonio homosexual más corto de lo que fue”.

“Pero en estos dos años hemos conseguido logros importantes”, añadió, “y aunque no hemos podido invertir la curva del paro seguimos actuando, reaccionando, replicando; estamos en el camino del éxito”.

La nueva estrategia de Hollande es un acto obligado. Su primer ministro, Manuel Valls, tiene el apoyo del 65% de los franceses, y es un serio candidato a disputarle la candidatura socialista a las presidenciales. Hollande reiteró que si el paro no mejora no podrá presentarse a la reelección ni decir que conoce la solución, lo que pareció un aviso a Valls de que la batalla, o la ganan los dos o la pierden los dos. Las cifras de paro no mejorarán hasta finales de 2015, según lo previsto por la Comisión Europea y la OCDE en estos últimos días, y Hollande trata de ganar tiempo mostrándose más activo y voluntarista, elevando su perfil institucional en la senda marcada por Valls, todo un experto en comunicación.

Lo primero que necesita Hollande es que la confianza perdida regrese al país, y para ello es crucial no sufrir nuevos reveses electorales como el de las pasadas municipales. El próximo peligro serio son las europeas del 25 de mayo —los sondeos sitúan tercero al Partido Socialista—, y Hollande propuso este martes retrasar un año las elecciones regionales y cantonales previstas para 2015.

La excusa es que así daría tiempo a concluir la reforma territorial prometida por Valls para acudir a las urnas con el nuevo número de regiones, que el presidente calcula en la mitad de las actuales, es decir “once o doce”. La oposición rechazó de plano la propuesta y de paso exigió un referéndum sobre la reforma territorial.

Otro reto mayor para Hollande es reconciliarse con el electorado de izquierdas y las clases medias, desencantadas con el giro —neoliberal según la izquierda, y “socialdemócrata” según lo denomina él mismo— dado por el presidente al prometer un recorte del gasto de 50.000 millones y una bajada de las cargas empresariales valorada en 30.000 millones.

Preguntado por su célebre frase del mitin de Bourget, “mi mayor enemigo son las finanzas”, Hollande afirmó que ha cumplido su promesa de “controlar la deriva de los poderes financieros” contribuyendo a la aprobación de la Unión Bancaria europea y de la Tasa Tobin, y presumió de que Francia paga hoy los tipos de interés más bajos de su historia para financiar su deuda. En realidad, la Unión Bancaria no separa la banca especulativa de la comercial; los tipos de interés no dependen de medidas tomadas por el Gobierno, sino que los deciden los mercados; y Francia ha intentado aguar todo lo posible el alcance de la Tasa Tobin atendiendo a las presiones de sus bancos.