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Infidelidad y política, una combinación explosiva

El caso Petraeus se suma a una larga lista de aventuras sexuales protagonizadas por presidentes y senadores que pusieron en peligro sus carreras profesionales

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Bill y Hillary Clinton, en una imagen de septiembre de 2012.

De habitual la imagen es ya reiterativa. Una esposa ultrajada al lado de su infiel marido compareciendo ante los medios de comunicación para asegurar al mundo entero que todo lo sucedido fue un error y que van a trabajar juntos en su matrimonio. En ocasiones hay lágrimas. Siempre propósito de enmienda. La historia política estadounidense está plagada de escenas como estas. De hecho, la más reciente ha sido protagonizada por el ya exdirector de la CIA, David Petraeus, que hace unos días anunció su dimisión con una carta en la que admitía una relación extramatrimonial.

Hace bastante más tiempo, Hillary Clinton puso sello propio y se defendió como una leona atacada cuando un periodista describió su matrimonio con el entonces gobernador de Arkansas, Bill Clinton, como “un acuerdo” tras estallar el escándalo de Gennifer Flowers (una cabaretera que declaró que había sido amante de Bill durante 12 años). Había que ganar las primarias para llegar a la Casa Blanca. “Sabe, yo no estoy aquí sentada como una pobrecita mujer que apoya a su hombre como Tammy Wynette [cantante country que en su canción Stand by your man perdona todo a su hombre]. Estoy aquí sentada porque le amo, le respeto y entiendo todo por lo que ha pasado y por lo que hemos pasado juntos”, declaró con dureza la señora Clinton sin saber que lo peor estaba por llegar. Años más tarde, su marido, ya convertido en presidente de Estados Unidos, diría enfático a todo el planeta aquello de “no tuve sexo con esa mujer”. Resultó ser mentira y aquella mujer es, quizá, la becaria más famosa del planeta Tierra. Bill Clinton tuvo relaciones sexuales con Monica Lewinsky en el Despacho Oval y… Hillary volvió a perdonar. Al menos siguen juntos y él se desvive porque la carrera política de ella tenga éxito.

Antes que Clinton hubo otros presidentes con infidelidades que eran secretos a gritos. Después de él no se conoce ningún caso. Dicen que Jacqueline Kennedy sabía de la aventura de su marido con Judith Exner, también relacionada con el mafioso Sam Giancana; de su relación con su secretaria; de su idilio con una supuesta espía alemana; y por supuesto, de su affaire con Marilyn Monroe. De Lyndon B. Johnson escriben sus biógrafos que hizo de la infidelidad un hábito, una costumbre sin la que no sabía vivir. Y que, por supuesto, lady Bird Johnson estaba al corriente. Lady Bird supo incluso —y aceptó— que el mandatario tuviera un hijo con una de sus amantes.

Eleanor Roosevelt ofreció el divorcio a Franklin cuando descubrió las cartas de amor de su marido a su secretaria social. Pero la todopoderosa madre del presidente no lo permitió. Roosevelt se comprometió a no volver a ver a su amante nunca más. Sin embargo, Lucy Page Mercer visitaba la Casa Blanca cada vez que Eleanor estaba fuera e incluso estuvo con el mandatario el día de su muerte.

El escándalo Petraeus no es nuevo. Lo llamativo del caso es que ha dinamitado la trigonometría para elevar la aventura al Pentágono: además del propio Petraeus, y su biógrafa, Paula Broadwell, está implicado en el escándalo el máximo jefe militar de las tropas en Afganistán, John Allen; una amiga de la familia, Jill Kelley; y un agente del FBI que dejó de lado la investigación que realizaba sobre el exdirector de la CIA para enviar a Kelley fotos suyas con el torso desnudo.

Historia dolorosa fue la del matrimonio Edwards. John y Elizabeth Edwards parecían inmunes a los problemas de alcobas conquistadas por terceros. Cuando la señora Edwards anunció que tenía cáncer —incurable— su marido estaba a su lado y comunicó, a la vez, que su campaña por la candidatura presidencial del Partido Demócrata para 2008 continuaba. Elizabeth moría en diciembre de 2010. En ese espacio de tiempo, su marido fue acusado de usar fondos de su campaña para ocultar una relación extramatrimonial, admitió el romance y, a pesar de negarlo en un principio y taparlo haciendo que otra persona asumiera la responsabilidad, reconoció la paternidad de una hija con su amante, Rielle Hunter.

Nombres de infidelidades made in the USA hay muchos más. Eliot Spitzer, exgobernador de Nueva York envuelto en un escándalo con prostitutas. Mark Sanford, exgobernador de Carolina del Sur que desapareció por tres días y resulto haberse ido a Argentina a visitar a su amada, con la que acaba de comprometerse. Newt Gingrich, exlíder de la Cámara de Representantes y candidato a la nominación republicana en 2012, que fue el azote del adúltero Bill Clinton cuando él mismo llevaba una doble vida. Gingrich admite ahora haber engañado a sus dos anteriores esposas.

Y por supuesto, el actor reconvertido en político, Gobernator, Arnold Schwarzenegger, casado con Maria Shriver-Kennedy, y modelo del sueño americano. Pocos días después de abandonar la mansión del gobernador, la pareja anunciaba su separación tras más de 25 años de matrimonio y cuatro hijos en común. Resultó que Arnold había tenido también descendencia —y el hijo es una fotocopia del padre— con su empleada del hogar, Mildred Patricia Baena, y no solo con su esposa.