"'Qué vida más triste' era lo más antitelevisivo que existía"

El equipo de la serie acaba de estrenar en la web de 'Cinemanía' una nueva producción en la que analizan, con su particular visión, los estrenos de la semana

ELENA HORRILLO Madrid 30 JUL 2010 - 14:05 CET

Todo comenzó gracias a dos repetidores. Rubén Ontiveros y Borja Pérez suspendieron un curso y fueron a caer en la misma clase que Joseba Caballero. Así nacería un grupo de amigos que los domingos de resaca en vez de vegetar en el sofá decidieron grabarse contando sus miserias cotidianas. Surgiría entonces Qué vida más triste, una de las pocas series web que consiguió dar el salto a la televisión.

El 27 de marzo de 2005, domingo, Borja Pérez aparecía en chándal delante de la cámara. Estaba en la casa de sus padres, sentado en una cama cubierta con una colcha de diseño prehistórico y con desgana comenzaba diciendo: "El Rubén me ha dicho que están de moda esos diarios de internete, los weblogs o blogs o yo que sé...". Esa era la idea, grabar cada domingo un pequeño diario de dos o tres minutos en los que Borja iba desgranando, con una gran dosis de humor negro, qué le había sucedido durante la semana. Una semana anodina de una vida triste. "Siempre me salían mal las cosas y la clave estaba ahí, pero haciéndolo con humor, un poco como a Homer Simpson", cuenta. La inspiración venía siempre de la caricaturización de sus propias vidas: "que si la novia es muy pesada, las partidas al FIFA con los amigos, etc y siempre estábamos Rubén y yo pensando 'a ver, ¿qué nos ha pasado esta semana?' y luego lo llevábamos al humor"

Los personajes son antihéroes, perdedores al uso. Borja es un gran fan de la playstation, la pornografía, Bruce Willis y las series anime como Naruto. Ronda la treintena,trabaja en una grúa y vive con sus padres en el municipio vizcaíno de Basauri. Joseba es el contrapunto racional de Borja y su mejor amigo desde la infancia. En cada capítulo narraban sus amargadas historias diarias con los jefes, los amigos y las chicas -sobre todo con las chicas- y la cotidianidad y naturalidadcon la que lo hacían empezó a atraer a la gente:"Se movió con el boca a boca de nuestros conocidos, cogimos un servidor barato pero nos petó cuando yonkis.com, que tenía mucha fama en Internet, nos linkó. Entonces ya fuimos a rebufo de los que nos veían en Internet" recuerda Borja.

Como rodar una serie sin un duro

El éxito virtual no se traducía en éxito económico. Los medios fueron escasos desde el principio: "no teníamos presupuesto ni ganábamosnada en publicidad. La cámara siempre la ha tenido Rubén, otro amigo, Natxo del Agua, que era el que más entendía sobre Internet, vio la posibilidad de hacer con un servidor una página para colgar los vídeos. No teníamos dinero pero el servidor tampoco costaba mucho así que se pudo hacer" explica Joseba. Rodaban en sus propias casas o en la de sus padres, los actores que intervenían eran amigos que nunca cobraron, reciclaban las cintas. Cuando empezaron a ser conocidos en la web y el servidor se les quedó escaso decidieron mudarse a uno con más capacidad y por tanto más caro. Los 6.000 euros al año que les costó el cambio se pagaron gracias a la publicidad que hicieron para Betfair, una páginade apuestas online.

En ese tiempo la trama fue creciendo al ritmo de las visitas a la web. La página llegó a principios de 2008 a los dos millones de visitas, aparecieron más personajes y se invitó a guionistas como Borja Cobeaga -director de la película Pagafantas-, Borja Crespo o Nacho Vigalondo -director de Loscronocrímenes-. Fue entonces, en el verano de 2008, cuando La Sexta llamó para hacer una serie: "Yo estaba trabajando en la grúa y me llamó Rubén: 'oye que quieren un piloto' y yo en ese momento no sabía ni lo que era un capítulo piloto ni nada"cuenta Borja. Rubén, el director y guionista estaba igual de sorprendido: "Que vida más triste era lo más antitelevisivo que existía".

Salto a la pequeña pantalla

En una semana grabaron el capítulo piloto, esta vez con un equipo de sonido, iluminación y con un plató reproducido al detalle para la ocasión: "se hizo casi fielmente a la casa de mis padres, se fue a un rastro a comprar muebles viejos y los de atrezo de lo curraron, estaba hasta la colcha". La misma colcha que Borja aún guarda como recuerdo y que es casi como un personaje más de la serie. El 19 de octubre de 2008 aterrizaron en la televisión y, aunque cambiaron algunas cosas, la idea original se mantuvo como habían exigido a la cadena. Rubén se centró algo más en la dirección, "fiché a guionistas que conocía como Diego San José o Borja Echevarría. Delegué en ellos aunque participaba mucho en el mes de pre-producción para seguir muy ligado al guión".Los personajes seguían siendo los mismos perdedores que, en un formato más extenso, narraban sus penurias cotidianas aunque "más ficticias" en opinión de Joseba: "en Internet la trama era más parecida a la realidad porque en televisión hay que exagerar demasiado las cosas".

Ahora están en un punto de inflexión. El último capítulo que se emitió en la pequeña pantalla acababa, por primera vez, con un final feliz para Borja que bien podría significar el cierre de la serie. La Sexta no ha pedido nuevos capítulos pero "estamos preparando otras cosas" dice Rubén un tanto críptico. De momento acaban de estrenar una miniserie para la web de la revista Cinemanía llamada Descarga completa en la que Borja y Joseba repasan sus particulares inquietudes sobre el cine actual , sobre los vampiros de Eclipse o contentos de que "al fin en El equipo A aparezca como matan agente".

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Los protagonistas de 'Qué vida más triste' / FOTO PROMOCIONAL

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