El Ejército prueba su 'arma estratégica'

Un vídeo del Ejército del Aire muestra como los F-18 españoles destruyen un objetivo a 350 kilómetros de distancia

MIGUEL GONZÁLEZ Madrid 13 JUN 2009 - 21:41 CET

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Un caza deja caer un proyectil de 5,1 metros y 1.400 kilos. A los pocos segundos, el motor del misil se enciende y este comienza su viaje autónomo, a casi 1.000 kilómetros por hora (0,9 Mach) y a solo 30 metros del suelo. Su sistema de navegación (inercial, GPS y de reconocimiento del terreno) lo conduce hacia su objetivo, a 350 kilómetros de distancia. Cuando lo identifica, se eleva y cae en vertical sobre él.

Imágenes como las que se reproducen en este vídeo no son nuevas. Lo que las hace diferentes es que el avión es un F-18 español. Y el misil, uno de los dos Taurus KEPD 350 lanzados por vez primera a mediados del pasado mes de mayo. Una bomba de precisión capaz de colarse por una ventana y de perforar un muro de cuatro metros de grosor. Sin duda, el arma más poderosa de las Fuerzas Armadas españolas. Y también la más cara: unos 950.000 euros por unidad.

Los F-18 españoles que participaron en los bombardeos de la OTAN en Bosnia en 1995 lanzaron bombas GBU-16 de 453 kilos y guiado láser. Los pilotos debían ver su objetivo, a través del iluminador FLIR/LTDR, lo que los obligaba a exponerse a las defensas antiaéreas. No hay, sin embargo, defensa capaz de alcanzar un avión a una distancia equivalente a la que separa Madrid de Alicante. Ni de interceptar un misil que está diseñado para ser indetectable por el radar y vuela a ras del terreno.

El 24 de junio de 2005, el Consejo de Ministros aprobó la compra de 46 misiles Taurus KEPD 350 (y otros dos para entrenamiento en tierra) por 57,39 millones de euros. La firma de ingeniería Sener es la contratista principal, aunque los misiles los fabrica la germano-sueca Taurus Systems GmbH, participada por la compañía europea EADS.

España recibió sus dos primeros misiles en octubre de 2007 y se convirtió en el segundo usuario del Taurus tras Alemania, que ha adquirido 600. Para el Ejército del Aire español supone un salto cualitativo sumarse al selecto club de los que tienen misiles de crucero de alcance medio. Pero el Taurus es inútil sin un avión que lo lance y su integración en el F-18 ha sido la tarea del Centro Logístico de Armamento y Experimentación (Claex) del Ejército del Aire.

Para verificar su eficacia, dos F-18 del Claex y dos del Ala 12 de la base de Torrejón se desplazaron en mayo al polígono de tiro de Overberg, en Suráfrica. ¿Por qué tan lejos? Porque no hay en España ni en Europa un campo de las dimensiones y características adecuadas.

La Operación Cruz del Sur desplazó a 70 militares, así como aviones de reabastecimiento en vuelo (B-707), de transporte (C-130 y C-295) y de búsqueda y salvamento (Fokker 27), al otro extremo del continente africano, en un viaje de más de 8.500 kilómetros, con una única escala en Libreville (Gabón).

Tras varios ensayos, lanzaron dos misiles operativos, a los que se reemplazó la cabeza de guerra Mephisto (cargada con 500 kilos de explosivo) por un kit de monitorización de parámetros. Al margen del precio de los Taurus y del propio despliegue militar, solo el uso del polígono costó 631.359 euros.

"Los misiles más caros son los más baratos", dice un general del Ejército del Aire, parafraseando a Florentino Pérez. "No sería lógico usarlos para destruir un tanque, pero sí una planta nuclear. Es nuestra arma estratégica".

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EL PAÍS muestra el vídeo del Ejército del Aire que revela cómo actúa el misil de crucero TAURUS. / ELPAÍS.com

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