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Crítica:LIBROS | NARRATIVA

Lo que sé de Vera Candida

Narrativa. Si hay un fenómeno que tiene que ver con la "globalización", es aquel de la imaginación que de alguna manera circula libre a través de otros continentes y otras culturas. Conocido como posexotismo, en la literatura francesa contemporánea (todo podría empezar con Flaubert en Salambó, y continuar con el Jean Echenoz de Cherokee y Las rubias peligrosas), la nacionalidad no necesariamente suscribe un texto al espacio cultural y geográfico de sus autores, sino que extrae sus influencias de un cóctel de referencias. Es el caso de Véronique Ovaldé (1972), quien reivindica las influencias de autores latinoamericanos, sobre todo, Gabriel García Márquez y Roberto Bolaño, aunque no impida pensar que le debe a la mejor historieta francesa, en la línea de Corto Maltés. Lo que sé de Vera Candida (el nombre parece un guiño a la Cándida Eréndira de GGM) es su quinta novela que, después del éxito de Les hommes me plaisaient beaucoup y La vie des oiseaux, nos coloca en el centro de una geografía tropical, de casas con hamacas, jardines exuberantes, donde varias generaciones de amazonas con trazos firmes y largas cabelleras viven, se enamoran, se enferman, y mueren o sobreviven. Dotada para la acción, Ovaldé impregna a sus personajes de aromas intensos haciendo que actúen con una vehemencia que muchas veces puede parecer forzada si no fuese porque sus mundos son ficticios y sus acciones se manejan con la ligereza de la historieta de acción. Justamente, la acción empieza en Vatapuna con Rose Bustamante, exprostituta vestida de Las mil y una noches, pescadora de peces voladores y abuela de Vera Candida, la nieta en torno a la cual, las otras mujeres, su madre de corta vida, Violette, y su hija, Monique, se moverán entre los hilos del desarraigo y el apego por hombres misteriosos y solitarios. Los personajes masculinos son fuertes y tiernos, modernos y arcaicos, príncipes azules disfrazados de patanes que al mínimo rasguño dejan ver una frágil arquitectura interior. Entre la leyenda y el cómic, sus libros exhuman algo de nostalgia por una Latinoamérica pintoresca que nace de un lenguaje nervioso, directo y plástico, a veces, como una necesidad de sacudir el ambiente cartesiano y frío de la literatura francesa, lo que hace que sus personajes no se salven del estereotipo, clasificados en un orden muy convencional: mujeres apasionadas y exuberantes, hombres rudos y dominantes, adivinas y aventureros, etcétera, una temperatura general que puede terminar por asfixiar.

Lo que sé de Vera Candida

Véronique Ovaldé

Traducción de Teresa Clavel Lledó

Salamandra. Barcelona, 2011

252 páginas. 16,50 euros

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 5 de noviembre de 2011

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