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jueves, 29 de septiembre de 2011
Necrológica:

Wilson Greatbatch, inventor del marcapasos

En 1962 patentó el dispositivo que más vidas ha salvado

El inventor que más vidas ha salvado en los últimos 50 años no fue un médico, sino un ingeniero. Nacido en Buffalo (Nueva York) en 1919, Wilson Greatbatch nunca pensó en dedicarse a la sanidad. Toda su carrera estaba dirigida a la electricidad, rama de la que era ingeniero. Pero -una vez más- una casualidad puso a su alcance un descubrimiento que ha permitido revolucionar la cardiología. Tanto, que en 1983 la Sociedad Nacional de Ingenieros Profesionales lo consideró uno de los hallazgos del siglo.

Según relató él mismo en su libro The making of the pacemaker (La construcción del marcapasos), Greatbatch estaba trabajando en un sistema para registrar los latidos del corazón. Pero un error al elegir un componente produjo un fenómeno nuevo: una emisión rítmica de impulsos eléctricos. El genio de Greatbatch fue darse cuenta de que ese patrón podía identificarse con el de un corazón. Sumó dos y dos y, tras recordar las charlas con algunos médicos en las que estos le explicaban que en el fondo el corazón es un motor que se alimentaba con electricidad, se puso manos a la obra hasta que consiguió el primer marcapasos implantable. Este se probó con éxito en perros en 1958. Lo patentó en 1962.

Pero el ingeniero, que mantuvo su inquietud intelectual hasta casi el final, como acreditan sus más de 325 patentes -algunas tan dispares como una canoa alimentada por energía solar o algunos biocombustibles-, no se quedó ahí. En esto no siguió el estereotipo del genio arruinado que solo se ve reconocido después de muerto, y con los beneficios de su invento creó en 1970 una compañía, Wilson Greatbatch Limited, que sigue operativa. Y con beneficios.

Tampoco se desligó por completo de los marcapasos. Tras solucionar problemas como la estanqueidad del aparato, se enfrentó a otro que limitaba seriamente su utilización: para que el dispositivo fuera realmente útil debía tener una vida larga, a ser posible más que la del paciente al que iba a ayudar. Y eso no era posible en aquella época porque fallaba la fuente de alimentación, y es que las pilas de entonces apenas duraban dos años.

En 1972 llegó con la solución: la creación de baterías de yodo y litio con una larga vida. Con ello se conseguía que el aparato funcionara sin que hubiera que reabrir al paciente para cambiarle la fuente de alimentación. Estas pilas son las que se usan todavía hoy mayoritariamente en el sector.

Greatbatch falleció el 27 de septiembre en su casa de Williamsville (Nueva York).

Wilson Greatbatch, en 1997. / BILL SIKES (AP)

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