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Reportaje:MÚSICA

Herederas de Joni Mitchell

Una nueva generación de compositoras de folk aporta nuevos matices estilísticos a un género ligado a los sonidos raíces con potentes retazos de otros géneros. Una visión femenina sin sentimentalismos

En el folk, ellas también siembran. Durante mucho tiempo esta música de sonidos raíces y olor a tardes de lluvia se entendió como un género musical comunitario que se transmitía oralmente. En este 2011 en el que los mejores representantes del género en los últimos 25 años, con sus diferentes matices estilísticos del rock al pop, publican nuevos y aplaudidos discos, como The Jayhawks, Wilco, Iron & Wine, Bon iver o The fleet foxes, las voces femeninas también se alzan como protagonistas, deslumbrando con una serie de álbumes que se hallan entre lo más conmovedor de este curso. Y parece que se han puesto de acuerdo para que este sea su año. Los nuevos trabajos de Emmylou Harris, Lucinda Williams, Allison Krauss o Susan Tedeschi, entre las veteranas, coinciden en las estanterías con los de jóvenes talentos como Eilen Jewell, Zoe Muth, Laura Marling o Diana Jones, entre otras. El folk parece estar de nuevo en el centro de todas las miradas, aunque nunca haya dejado de estar ahí.

"Este renacimiento es una rebelión contra la producción masiva de las discográficas y el corporativismo mediático"

"Creo que hay muchísima buena música folk hoy en día", afirma Eilen Jewell (Boise, EE UU, 1979) al otro lado del teléfono desde Boston. Tras discos tan sobresalientes como Letters from sinners & strangers o Sea of tears, la cantante raya a más altura si cabe este año con la publicación de Queen of minor key (Signature Records / Karonte), un trabajo de un estilo tan intenso como bello. "Fui a una pequeña cabaña en el bosque y durante más de diez días estuve encerrada allí. Escribía a todas horas", cuenta. Con su voz suave y su magnífico sentido de la tradición, Jewell se ha erigido como una figura indispensable para entender a la última generación del folk femenino, una hornada que, sin formar una escena oficial, nutre su música de auténticos sonidos raíces, en algunos casos más crudos, en otros más tiernos, pero sin aderezos artificiales ni arreglos celofanes que quitan sabor y engañan sobre su naturaleza. "Siento que he crecido dentro de un estilo musical y como yo hay más gente con la misma educación artística", asegura la cantante de Idaho.

Si este año se antoja como la consolidación definitiva de Jewell como una gran compositora, tal vez la mejor de su época, también se presenta como en el que otras jóvenes compañeras de la escuela del folk dan todo el sentido a su generación con discos más que interesantes. Entre lo más reseñable se encuentra lo último de Diana Jones, High atmosphere (Proper Records). Desde Nashville, a medio camino del country y el folk, Jones desnuda un espíritu melancólico en baladas acústicas para carretera. En la misma línea intimista, aunque más oscuro, es lo nuevo de la tejana Jolie Holland, Pint of blood (Anti Records). Alumbrado con algunos intensos pasajes eléctricos, al más puro estilo de Cat Power, el disco posee una extraña fuerza febril. De similar ropaje es el álbum de Heidi Spencer, Under street light glow (Bella Union). Natural de Milwaukee y acompañada de su banda The Rare Birds, Spencer es dueña de una dulce voz que parece quebrarse en canciones frágiles.

Desde Seattle, una senda enigmática también recorre Jesse Sykes con su absorbente folk de potentes retazos psicodélicos en Marble son (Station Grey Records), un notable álbum como hecho en los sesenta. También de Seattle es Zoe Muth, amiga de Jewell. Con su segundo disco, Starlight hotel (Signature Records / Karonte), esta magnífica compositora acaba de firmar un trabajo maravilloso, que la sitúa al más alto nivel con su actitud forajida. "Hay un renacimiento de nuevos artistas trabajando en antiguas formas musicales, pero creo que siempre ha sido así y quizás la diferencia es que antes no era accesible para la gente como pueda serlo ahora gracias a Internet", explica Muth (Seattle, EE UU, 1980) en una entrevista telefónica. "Tal vez, esta especie de renacimiento es una rebelión contra la producción masiva de las discográficas y el corporativismo mediático", añade.

A decir verdad, esta última generación de folk apegado a la tradición se mueve en circuitos de segunda fila, pero al que no le falta su público. "Todo es muy colaborativo y se alimenta de una audiencia fiel", explica Muth. Siempre en la carretera, estas jóvenes no cuentan con apoyos promocionales importantes pero Jewell dice que no merece la pena lamentarse: "Al menos el folk es una música más respetada que el pop. Influye más en la vida de las personas, aunque no suceda en la programación de las emisoras". Y, sin embargo, a diferencia de otros productos más enlatados en el country comercial o el pop rock de radiofórmula, su música guarda una certeza: es exquisita. Así sucede con Sarabeth Tucek. Con apenas cinco años de carrera en solitario, a esta cantante afincada en Los Ángeles le ha sucedido como a Jewell o a Muth. De promesa ha pasado a ser una realidad admirable tras seguir su línea ascendente con Get well soon (Sonic Cathedral). Sus melodías delicadas, de un folk rock intenso, que trae a la memoria a Neil Young, iluminan como pocas en su estilo. Tucek comparte con Brandi Carlile, nacida entre montañas en un pueblo del Estado de Washington, haber sido respaldada por Ray Lamontagne. Carlile, que este verano se ha ido de gira con Lamontagne y antes lo hizo con Chris Isaak, acaba de sacar Live at Benaroya Hall with the Seattle symphony (Columbia), un disco en directo donde enamora, como previamente hizo con Give up the ghost, por su estilo moderno y preciosista.

Del mismo corte, moldeado con finura y gracia, es el folk de Sarah Lee Guthrie, nieta del legendario Woody Guthrie. Acompañada de su marido Johnny Irion, da forma a discos donde se recoge el olor a brisas lejanas como en su más reciente Bright examples (Nirth Street Opus). Igual de elegante, como hecho a mano, suena Patch of land (Bandcamp), el nuevo álbum de Emily Arin, refugiada en los verdes paisajes del Estado de Nueva York. Con sus resonancias etéreas, Arin es tal vez la propuesta más angelical. Y, mientras tanto, este nuevo curso se inaugura con la llegada en septiembre de A creature I don't know (Virgin Records), de la británica Laura Marling, icono del género en las islas y con gran éxito comercial. Con modelos tan fascinantes como los grupos Pentangle o Fairport Convention, Marling hereda el gusto del folk británico y, por lo adelantado en el tema Sophia, garantiza verdadera calidad en su nuevo disco.

Tan maravillosa cosecha procede de un camino bien transitado. "Venimos del lugar correcto", afirma Jewell. Ese lugar es el legado que se recoge desde Woody Guthrie pasando por Bob Dylan o Pete Seeger, citados los tres repetidamente entre las influencias de unas y otras. Muth añade las suyas: "John Prine, Kate y Anna McGarrigle, Lucinda Williams y Emmylou Harris". Estas dos últimas, convertidas ya en clásicos en vida, también han publicado nuevos y destacados álbumes. Con su carisma y su magistral comunión del rock y el folk, Williams mantiene su gran nivel de siempre con Blessed (Lost Highway / Universal) mientras que Harris vuelve a lucir un inigualable toque seductor con sus características aproximaciones al country original en Hard bargain (Nosesuch / Warner), donde se incluye un tributo a Kate McGarrigle y otro a su mentor y amigo Gram Parsons. Ambas, más activas que nunca, son referencias absolutas para la nueva generación de compositoras por su capacidad para crear una obra sobresaliente, con personalidad propia, en la que la visión femenina goza de carácter y honor, sin sentimentalismos fáciles ni sumisiones a una industria que más de la cuenta peca de ser machista. "La visión de las mujeres en el folk es muy importante, especialmente en este tiempo cuando se están recortando derechos. En muchas ocasiones, los ejecutivos de las corporaciones tratan de dictarnos cómo deberíamos actuar y vestir", asegura Muth.

Con el precedente de Joan Baez, seguida por Judy Collins, Maria Muldaur o Joni Mitchell, la consolidación de la mujer en el folk ha ido paralela más que en ningún otro estilo musical al desarrollo del movimiento por los derechos civiles de las mujeres en Estados Unidos. De hecho, los movimientos feministas se desarrollaron a medida que lo hacían los pacifistas y los de los derechos de los afroamericanos en los sesenta con el folk como parte de la banda sonora de una época. Sin necesidad de tomar partido ahora como antes, Jewell considera que el folk no tiene por qué ser tan político como lo fue durante décadas en el pasado siglo XX, aunque sí cree que la perspectiva femenina es fundamental: "La visión que tenemos puede enriquecer la de los hombres. Nuestras relaciones de pareja o familiares no es la misma que la de los hombres".

Mucho de esto sabe la generación puente entre, por ejemplo, Emmylou Harris y Eilen Jewell. Voces femeninas llenas de categoría como Alison Krauss, Gillian Welch o Susan Tedeschi, que han hecho suyos los últimos 15 años. Las tres han sacado en este curso nuevo disco, dando más motivos a 2011 para disfrutar del folk más arrebatador en todas sus variantes. Tras su grandiosa colaboración con Robert Plant, Krauss se vuelve a rodear de su banda Union Station para facturar Paper airplane (Rounder / Universal), cargado de un hipnótico espiritualismo que coquetea con el bluegrass. Gilliam Welch, una superclase del género, ha publicado The harrow & the harvest (Acony Records), donde demuestra que no ha perdido sus cualidades para cantar y componer, después de ocho años de silencio discográfico en los que ha trabajado junto a los interesantes The Decemberists. Aunque la ecuación perfecta (y más heterodoxa) seguramente sea la que sale de unir a Susan Tedeschi con el magnífico Derek Trucks en Revelator (Sony), un álbum excelente, de lo mejor de todo el año en música norteamericana. En una asombrosa inclusión por ritmos negros, que se bañan en el soul de Stax o en el funk de The Meters, se conjugan la guitarra pantanosa de Trucks con la voz llena de alma de Tedeschi.

Mujeres y folk. Una espléndida cosecha de varias generaciones. Con la vista y el corazón puestos en su entorno, en las cosas cotidianas pero trascendentales. Como dice Jewell: "Eres una compositora de folk cuando cantas música de la gente para la gente. Tienes en cuenta ese aspecto y no tanto el comercial". Y ese inmenso árbol de la música sigue dando sus frutos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 27 de agosto de 2011