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viernes, 5 de agosto de 2011
La crisis financiera | El temor a la recesión

El miedo a la recaída hunde los mercados

La medidas extraordinarias del BCE se quedan cortas y no frenan las tensiones de la deuda soberana - Se extiende el temor a un parón en la recuperación

Uno de los problemas para atajar las crisis financieras es que son impredecibles. Cuesta saber dónde y cómo darán su próximo golpe. Además, cuando todo parece que ha remitido vuelve con una virulencia inesperada. La Gran Depresión arrancó en 1929. Ocho años después dio un coletazo tal que arrastró a Estados Unidos a una grave recesión de la que parecía haber escapado hacía ya tiempo. Camino de su cuarto año, esta crisis, que tanto se ha comparado con aquella y que comenzó por el aumento en los impagos de las hipotecas subprime en Estados Unidos que estalló en agosto, se ha transformado en una trampa de alto desempleo -en Estados Unidos y España- y de deuda soberana -en Europa- que ayer tiñó de rojo intenso los índices de la renta variable en todo el mundo -en Wall Street las pérdidas alcanzaron el 4,31%- y disparó las primas de riesgo de los países periféricos de la zona euro, sobre todo de España e Italia, que volvieron a zona de máximos (398 y 389 puntos básicos respectivamente).

El euro pierde posiciones frente a las demás divisas de referencia

"Ni el mensaje ni el volumen de compra son contundentes", explica Barclays

El BCE solo adquirió títulos de deuda de Portugal y de Irlanda

Los bonos de Francia y Bélgica también sufren un severo castigo

Los problemas financieros en Europa se han convertido en la gran amenaza de la recuperación económica mundial. Cierto que se han recrudecido en agosto, cuando cuesta distinguir una tendencia de fondo de una fiebre veraniega. Pero este prolongado susto se ha sumado a una letanía de datos (producción industrial, consumo, empleo) en la economía de Estados Unidos que apuntan a un claro frenazo económico.

La amenaza obligó ayer al Banco Central Europeo (BCE) a saltar a la arena y tratar de atajar uno de los focos del problema: el asedio a la deuda soberana de Italia y España, que como afirmó el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, en la carta enviada a los líderes de la zona euro, ya no afecta solo a los países periféricos del euro. Para ello, el BCE trató de echarle un pulso a los mercados. Volvió a comprar deuda pública (no lo hacía desde marzo). Reactivó las medidas extraordinarias para inyectar dinero en la banca al menos hasta enero de 2012, y eso que pretendía enterrarlas definitivamente en septiembre. Y, además, el presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, dejó en el aire una nueva subida de tipos de interés, que hasta ayer parecía segura antes de fin de año. El francés apuntó que se ve "una alta incertidumbre" en la evolución de la economía europea en la segunda mitad de este año.

El arsenal al que recurrió Trichet es conocido. Ya lo ha usado en otras ocasiones. Y, de momento, solo ha servido de alivio momentáneo que no ha atajado definitivamente la crisis de deuda soberana europea. Pero ayer esas medidas no fueron ni un remedio con fecha de caducidad. El presidente de la autoridad monetaria europea quiso ser pícaro en su anuncio. "No me sorprendería que antes del final de esta rueda de prensa, vieran ustedes algo en el mercado", respondió tras el Consejo de Gobierno, insinuando que el BCE ya había comenzado a comprar deuda para calmar a los mercados.

La aclaración a estas palabras llegó poco después por la vía habitual. La agencia Bloomberg informó de que el BCE estaba comprando deuda de Portugal e Irlanda, no de España e Italia, los países más acosados en los últimos días. La acción selectiva no calmó a los mercados. Los enfureció.

Las primas de riesgo de España e Italia llegaron a nuevos máximos, pese a que habían bajado mucho al comienzo del día. La de Bélgica subió hasta los 218 puntos básicos y la de Francia, a los 87, otros dos récord en la era euro. Hacían así buenas las palabras de la carta de Barroso enviada el miércoles y divulgada ayer.

La pesadilla se extendió a los mercados de renta variable, de materias primas y de divisas. Las pérdidas superaron con holgura el 3% en toda Europa y el 4% en Wall Street. En Italia, el índice selectivo cayó el 5,16%. Y el Ibex 35 cayó por debajo de los 9.000 puntos, al descender el 3,89%.

El petróleo, por su parte, perdió bastante terreno. El barril brent, referencia en el mercado europeo, se llegó a pagar a 107 dólares, seis menos que el día anterior. Este descenso del precio de crudo es uno de los síntomas más claros del temor a que la recuperación económica se frene. Y en los mercados de divisas, el euro cedió ante el resto de monedas de referencia (dólar, libra o franco suizo).

"Con su acción, el Banco Central ha tratado de meter miedo a los mercados, pero le ha salido mal", explica Alfonso García Mora, de Analistas Financieros Internacionales.

Desde Londres, el economista jefe de Barclays Capital para el sur de Europa, Antonio García Pascual, analiza: "El BCE tampoco podía hacer demasiado. Pero ni el mensaje ni el volumen de compra han sido contundentes. Por lo que se ve en los precios de mercado, la intervención no ha sido significativa".

Desde luego, la vía por la que optó el BCE para retomar la compra de bonos es la que requiere un menor esfuerzo financiero. El tamaño del mercado de deuda de Portugal o Irlanda es mucho más pequeño que el de España o Italia, que en conjunto suman 2,2 billones de euros. Apunta García Pascual que para que las acciones del BCE tuvieran efecto, este organismo tendría que estar dispuesto a movilizar unos 220.000 millones. Y eso suponen palabras mayores, aunque este analista no lo ve imposible. "No hay que descartar que el BCE compre bonos de Italia y España si al final los mercados se colapsan. Sin querer ser alarmista, no es algo tan remoto".

Junto a la autoridad bancaria europea, el miedo al frenazo económico también obligó ayer al Banco de Japón a entrar en escena. Intervino en el mercado de divisas para evitar que el yen se apreciara más y amenace las exportaciones niponas, el gran motor de la economía japonesa.

Jean-Claude Trichet da la palabra a un periodista en la conferencia de prensa celebrada ayer en el BCE. / RALPH ORLOWSKI (REUTERS)

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