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SERVICIOS

Bananity: "Si no te gusta, dilo"

Sergio Galiano y David González estaban cansados de tanto Me gusta. "¿Por qué no hacer la web más parecida al mundo real donde expresamos lo que nos gusta y lo que nos disgusta", indica Galiano, ingeniero industrial de 30 años. El resultado es Bananity.com.

Su compañero de aventura es David González, programador de 24 años, premiado por su creatividad en Campus Party. Compaginan su labor profesional con la creación de esta red social para saber qué gusta o no en la calle, cuyo nombre juega con vanidad y banana, porque "suena frívolo y divertido al mismo tiempo".

El servicio se conecta con las dos redes sociales más populares: Facebook y Twitter, aunque no es ese su cometido principal, sino encontrar afinidades. Cada personaje, famoso, serie, objeto o comida que decida la comunidad se considera un bananity, que se puede amar -clicando sobre un icono con forma de corazón- u odiar, escogiendo el corazón roto. Debajo se abre la veda a los comentarios, con sus enlaces y argumentos para indicar por qué gusta o disgusta cada bananity.

Galiano prefiere no hablar de modelo de negocio. "Puede ser una herramienta interesante para empresas, políticos y para conocer mejor qué sensación tiene la gente de las marcas, pero no hemos pensado todavía cómo hacerlo rentable. Si lo hacemos bien y triunfa lo será", se ilusiona. Mientras tanto, sigue con su jornada laboral.

En menos de 15 días de actividad han superado la cifra de 1.000 usuarios registrados y acaban de lanzar la primera mejora, el botón next para que, cuando la red social proponga algo que podría gustarnos o no, pase sin tener que dar una opinión. "Sería como decir 'paso' solo que el sistema se acuerda de que ya te lo propuso y no lo vuelve a sacar" aclara Galiano.

Los creadores insisten en que gran parte del valor del servicio no está tanto en lo que ve el usuario, como en el potencial que tiene su motor para asociar gustos y sugerir que alguien comience, por ejemplo, a ver una serie por afinidad con sus amigos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de mayo de 2011