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lunes, 25 de abril de 2011
Entrevista:GERARD PIQUÉ | Defensa central del Barcelona | FÚTBOL | El clásico, en versión europea

"Un día seré presidente del Barça"

El internacional azulgrana, a los 24 años, ya lo ha ganado todo con su equipo y ha sido campeón mundial con España. Ahora afronta su tercera semifinal consecutiva de la 'Champions'. Al rival, el Madrid, le están ganando la Liga, pero han caído ante él en la Copa

Gerard Piqué nació en Barcelona hace 24 años. Era tan niño cuando pisó el Camp Nou por vez primera que ni se acuerda. A los tres jugaba al fútbol en el supermercado con las naranjas que cogía de los estantes, a los seis entró en el torneo social del Barça y a los 16 se fue al Manchester United. De vuelta a casa, se empeñó en ganar títulos y los ganó todos, incluido el Mundial de Sudáfrica 2010, en el que Franz Beckenbauer le calificó de mejor central del mundo. Precisamente, durante la grabación del vídeo de la canción oficial del torneo, conoció a su actual pareja, la cantante colombiana Shakira. El miércoles jugará ante el Madrid su tercera semifinal consecutiva de la Champions.

"El Madrid es un equipazo, con delanteros muy buenos y mucha pegada"

"El fútbol crea dependencia. Es pura adrenalina. Y es un subidón ver a Jordan"

"Ahora tenemos el reto de la 'Champions', pero lo que marca los ciclos son las Ligas"

"Soy muy cuidadoso y responsable, pero siempre me gustó destacar, ser diferente"

"Hay jugadores que, si les pitan, se esconden. A mí me motiva"

"Me dejé los morros en Sudáfrica y aún leo tonterías de que insulto a los españoles"

Pregunta. De pequeño, ¿qué quería ser?

Respuesta. Quería jugar al fútbol. Ser feliz con mi familia y jugar en el Barça. Me gustaban Figo y Guardiola porque eran muy buenos, pero yo era central, así que tampoco tuve un referente claro. El Camp Nou forma parte del paisaje de mi infancia. A los seis o siete años, entré en el torneo social tras pasar la prueba como delantero: metí dos goles y ganamos 3-1. De alevín, me pusieron de central. Toda la época en Barcelona fue estudiar, jugar al fútbol y pasarlo bien. No esperaba más. No soñaba con llegar al primer equipo. Simplemente, me gustaba lo que hacía, lo pasaba bien.

P. ¿Nunca se dijo "algún día jugaré en el Barça"?

R. No. Era como una autodefensa. Veía gente que se quedaba, que no subía, y no quería provocarme un sentimiento de fracaso y frustración. "Para qué me voy a poner a pensar en el primer equipo si me llevaré una hostia como un piano", pensaba para mí.

P. ¿Qué pensó cuando nació Montserrat, su prima [sufre síndrome de Down]?

R. ¡No me acuerdo ni de cuando nació mi hermano! Me fui dando cuenta poco a poco. Mi prima Montserrat es un ser maravilloso. Parece que sea diferente, pero, cuando hablas con ella, ves que piensa igual que tú, siente igual que tú, disfruta o está triste igual que tú... Son como nosotros, solo que a una velocidad menos. No la quieres más ni menos. La quieres porque es ella. He tenido suerte al vivir rodeado de amor y eso intento dar a los que me rodean.

P. ¿Es un pijo o solo lo parece?

R. Yo he tenido ciertas oportunidades en la vida que no todo el mundo tiene, es evidente. Si a eso se le llama pijo... Pero, sobre todo, he vivido en una familia muy unida, rodeado de mucho amor. Yo tenía la sensación de que todos tienen la misma familia hasta que a los 13 o los 14 años empecé a ver que la gente tiene problemas, que no todos tus amigos tienen tu misma suerte, que algunos padres se separan... Fue un golpe emocional ver que pasaban esas cosas. Me hizo ver la suerte que tengo. Mi madre, que es una mujer encantadora, superinteligente..., siempre se preocupó de que fuera buena persona, de mis estudios... Era una obsesión. Y, ya ve, es una mujer afortunada: tiene un hijo extraordinario [se parte de risa].

P. A veces, pienso que la va a matar a sustos. Le ha llenado la casa de paparazis.

R. ¡Qué va! Nunca le di problemas. Ella siempre dice que fui muy buen niño y que, dentro de lo que cabe, no le genero problemas... Yo me considero un buen hijo. Lo de los fotógrafos... Siempre me dice que ya pasará... Ahora, en serio, me considero un buen hijo. Lo que más me preocupa es ser un buen hijo.

P. ¿También fue futbolista su padre?

R. Mi padre siempre jugó al fútbol en el equipo del pueblo. Es un enfermo del deporte. Trabaja como director de una empresa de construcción de mallas de vidrio. Lleva muchos años. Siempre tuve previsto heredar su empresa si esto del fútbol no funcionaba.

P. ¿Le gusta ser futbolista por lo que pasa en el campo o por lo que le genera fuera?

R. Me gusta ser futbolista para jugar partidos y ganar títulos. Pero el recuerdo que te queda cuando lo dejas es más de lo que has vivido con los compañeros que de lo futbolístico. Los títulos, el dinero ganado... Sí, vale, pero, al final, te queda la gente que conociste.

P. ¿Sabe que transmite una imagen de frívolo?

R. Bueno, siempre me ha gustado dar la nota, eso es verdad. Pero soy muy perfeccionista. Parece que todo me la sude, pero le doy muchas vueltas, pienso mucho. No se crea que todo ha sido jauja, que siempre me ha ido bien. Otra cosa es que lo revierta, pero he sufrido. Irme a Inglaterra con 17 años, acostumbrado a ser siempre titular, a jugar en un equipo fantástico, a estar en casita..., fue un esfuerzo terrible y, a ratos, pensé: "¡A tomar por culo! ¡No vale la pena!". Pero mi carrera no habría sido la misma sin ir al Manchester. Aprendí muchas cosas en los entrenamientos. Allí no basta con ser alto y tocar bien la pelota. Debes saber utilizar el cuerpo, defender sin balón... Y también aprendí a vivir solo los momentos chungos. Llamaba mi madre y yo le decía que todo iba bien, pero estaba aguantándome las lágrimas. Ella lo pasó muy mal y yo no podía decirle: "Mamá, volvería mañana mismo, estoy harto, te echo de menos". Yo le decía que todo iba muy bien. ¿Qué iba a hacer? Fue duro.

P. ¿Y qué se esperaba?

R. ¡No lo pensé mucho! Salió la posibilidad y dije: "¡Qué guay!". Lo valoré deportivamente, pero no calculé las consecuencias del día a día. Me imagino lo que debió de ser para Andrés [Iniesta] o Leo [Messi] con 12 años... Yo no duro ni cinco minutos. Bueno, Leo tenía a su padre...

P. Usted conoce a Messi desde el primer día.

R. Sí, le recuerdo perfectamente. Pensábamos que era mudo. Es supernormal. Igual que en el campo. Hace lo más difícil y parece muy fácil. En el vestuario es igual. Parece imposible que sea tan natural y, al tiempo, tenga las mismas ganas de ser el mejor y de que el equipo gane que cuando tenía 15 años. Es un crack. Hoy le he cambiado la batería del móvil y ni se ha enterado. Iba por el vestuario pidiendo un cargador: "Che, he cargado el móvil y ya está sin batería", decía.

R. Y a Pep Guardiola.

R. Ni tocarlo. Ya lo he pensado, no crea, pero he calibrado la dificultad y sobre todo las consecuencias: si Pep se enfada, no juego.

P. ¿Le da caña el míster?

R. Al principio, estaba encima. Era lógico, acababa de llegar, pero se ha dado cuenta de que soy extremadamente profesional, que sé separar cuándo toca julujulu y cuándo trabajar. Está muy contento conmigo y eso me hace feliz. He demostrado que soy un futbolista muy centrado [se ríe]. En serio, siempre he sido muy profesional, pero me gusta reírme, compartir con el vestuario, salir con los amigos..., pero hasta cierto punto. Soy muy cuidadoso y responsable, pero es cierto que siempre me ha gustado destacar y ser diferente.

P. ¿Comprende por qué el futbol genera tanta pasión?

R. No, pero, si no estuviera en el campo, estaría en la grada. El fútbol crea dependencia. Es pura adrenalina. Pero el último punto en una final de Wimbledon de cinco horas también me vuelve loco; es un subidón ver a Jordan en el último segundo, aunque lo haya visto 100 veces...

P. ¿Ve partidos de Jordan?

R. Sí, claro. Y finales de Nadal, de Pau Gasol... Y me emociono.

P. ¿Y las que ha jugado con el Barça?

R. No. Más adelante. He visto imágenes, claro. Pero el 2-6 [al Madrid] no lo he vuelto a ver, por ejemplo.

P. ¿Y que recuerda?

R. Detalles... Era la primera vez que jugaba en el Bernabéu. Había jugado con el Zaragoza, pero con el Barça es especial. Era el primero. Ibamos con cuatro puntos de ventaja y en el ambiente flotaba que no pasaría nada si perdíamos. Pep nos pilló por banda y nos dijo: "Cómo perdamos, perdemos la Liga". Nos fuimos a por ellos... Desde el 2-4, fue un disfrute espectacular. Solo me faltó meter el sexto. Si quiere que le diga la verdad, no me acuerdo de nada. De nada. ¡Tanta adrenalina!

P. ¿Siente que ha nacido para jugar esos partidos?

R. No. Volvemos a lo de antes. He tenido la suerte de nacer con unas cualidades y de tener oportunidades. Pero, más allá de eso, como dice Xavi, hasta la suerte se trabaja. Si te esfuerzas, trabajas, crees en lo que haces y tienes un poco de suerte, tal vez lo consigas. Esa es mi filosofía. He tenido la suerte de tener talento, pero lo he trabajado. Y mucho. Eso es un poco lo que le pasa a este equipo. Hemos corrido y peleado mucho para estar donde estamos: líderes, subcampeones de Copa y listos para la Champions. Tenemos mucho talento y mucho trabajo.

P. Xavi dijo que le gusta mucho jugar en el Bernabéu. ¿A usted también?

R. Sí, es magnífico. No sé muy bien por qué, pero me gusta más que la gente vaya en contra. Bueno, hay jugadores que, si les pitan, se esconden. A mí, no. A mí me motiva. Ganar al Madrid es una sensación única.

P. ¿Y perder?

R. Perder la final de Copa es duro porque sabes que hay gente que está muy triste; por los compañeros, que se vaciaron... Es parte del juego, hay que aceptarlo. Tenemos mucho por lo que seguir luchando para bajar los brazos y lamentarnos. Cuando te toca, te toca. Este equipo se ha ganado el derecho a perder siempre que sea con la actitud y defendiendo un estilo, como en la Copa.

P. ¿Cree que esa final marca un cambio de ciclo?

R. ¡Qué va! Hemos perdido la Copa, tenemos la Liga muy cerca y el reto de jugar otra semifinal contra el Madrid. Básicamente, lo que marca los ciclos son las Ligas.

P. ¿Está harto de verse con el Madrid?

R. De competir no te cansas. Se da la circunstancia de que los partidos decisivos de este curso han sido contra ellos. Estamos haciendo historia. No pasa siempre.

P. Se les ve muy enfadados. ¿Hay pique?

R. No. Cada uno defiende lo suyo. Tengo la conciencia tranquila. No he pisado a nadie, he sido tremendamente respetuoso con mis compañeros dentro del campo.

P. ¿Y fuera? Le acusaron de insultar al Rey...

R. ¿Quién? ¿Un periodista? Es mentira. Yo sé lo que dije y los que estaban allí saben lo que dije. Y por quién iba. También han dicho que me escupieron. No tengo nada que decir al respecto. Solo sé que empatamos, que ellos demostraron ser un gran equipo y que salimos con ocho puntos.

P. ¿ Y del césped tiene algo que decir? ¿Está tan alto?

R. Sí, está alto. pero no me voy a poner a llorar. Es normal que tengan cuidado a nivel defensivo, que intenten buscar la manera de frenar nuestro juego de pase. Mourinho usa todo lo que está en su manos. Pero, al final, son un equipazo, con delanteros muy buenos, con mucha pegada.

P. ¿Hasta qué punto es complicado ser central del Barça?

R. No sé... Es muy sacrificado, eso sí. Tienes muy pocas ayudas... Pero en un equipo en el que la cultura es tocar y tocar, tú puedes arriesgarte, disfrutas más de la pelota... Tiene sus cosas. Yo estoy muy acostumbrado. Llevo jugando así desde los 10 años. Hasta los 16 jugaba con una defensa de tres: yo en el medio y dos al lado. A mí lo que más me cuesta en el Barça es meterme en el partido porque hay muchos, y muy seguidos, y no podemos perder nunca, ni contra el Madrid ni contra nadie. Si además sumas los de la selección... Hay partidos que sales al campo, te calientas, hace frío... No sé... En Lituania, el otro día, sabe que el campo estaba hecho una mierda... O en Donetsk, que vienes de un 5-1. Pero, si no te metes, lo pagas. La concentración es fundamental... A mí, a veces, me cuesta muchísimo. Cuando juegas cada tres días, hay alguno que cuesta más. Es un partido y otro partido. Gente como Giggs, que compite con 37 años, me parece de otro planeta. O como Puyol, que llega a los partidos como si todos fueran la final de la Champions y piensas: "Nano, relaxat [chico, relájate]".

P. ¡Por eso ha dicho que a los 30 lo deja...

R. ¡Es que estoy muy cascado, nano!

P. ¿Se imagina de entrenador?

R. ¡Nooo! Yo lo que quiero ser un día es presidente del Barça... En esa faceta sí me veo. De entrenador, me puedo imaginar a Xavi, Iniesta, Busquets, Puyol...

P. ¿Estilo Laporta o Rosell?

R. Estilo Piqué, por supuesto.

P. ¿Se imagina al Barça sin Puyol?

R. No, no me lo imagino, pero sucederá. Este año le he echado mucho en falta. Me acuerdo que el día que volvió, en Bilbao, creo... En pleno partido, le dije: "Puyi, et trobava tant a faltar [te echaba tanto de menos]". Me dijo que me dejara de hostias, que me centrara. ¡No para! ¿No le conté el día que me dio la bulla con el partido parado? ¿No? Estaban atendiendo a alguien, la camilla en el campo, ganábamos 4-0, quedaban tres minutos y él pegándome gritos: "¡Gerard!". "¿Qué? Si está el partido parado...". "Da igual. Atento, que te conozco!" Es que me moría de risa. Puyi, en eso, me ha enseñado mucho. Lo malo fue lo de Abidal. Fue un palo enorme para todos, pero va para arriba y la temporada que viene estará con nosotros.

P. ¿Con Mascherano qué tal lo lleva?

R. Espectacular. Un compañero excelente, cero malicia. Y como jugador... Es el capitán de Argentina. Tácticamente, es impresionante.

P. ¿Cree que jugarán juntos en el Bernabéu?

R. No lo sé. Depende del mister, de si Puyi está recuperado...

P. ¿Visualiza mucho los partidos antes de jugarlos?

R. No mucho. Estos son de los que exigen poco para meterte. Sales del hotel y ya está. Me encanta que la gente nos insulte, nos tire cosas... Me sube la adrenalina. Hay gente que nos odia a muerte. Es de risa. ¡Pero si es un partido! Y lo quieres ganar, claro. Pero soy de los que creo que no vale todo.

P. ¿Le molestan a su novia los insultos contra usted?

R. No es agradable. Por ella, básicamente. Hay veces que me insultan y, si el insulto es ingenioso, hasta me hace gracia. Bueno, ella es una mujer inteligente y sabe de qué va esto. Sufría por mí, pero no tiene más importancia. Si la tuvieran delante, le pedirían un autógrafo.

P. ¿Qué ritual sigue antes de jugar en el Bernabéu?

R. Más o menos, como siempre. Llega Alves, pone música, me voy a la camilla, me vendo los tobillos... Desde los 17 años, cuando tuve un esguince de tercer grado con el United, siempre lo hago. Como empiezo a tener problemas en todos lados, hay un fisio, Jaume, dedicado a mí en exclusiva. Luego, me pongo los cascos con mi música porque la de Alves, sinceramente, es insoportable...

P. ¿Y qué escucha?

R. A Shakira.

P. ¡No se lo cree nadie!

R. ¡¡¡Que sí, máquina!!! Bueno, también a The Killers, The James, Happy Mondays, mucho Manchester Sound... ¿Conoce?

P. Me ofende, he bailado en La Hacienda. Pero volvamos al Bernabéu...

R. Sí, doy vueltas a los vídeos, a lo que ha dicho el míster; repaso la estrategia con Tito [Vilanova]... y al calentamiento. No visualizo mucho los partidos. Cada jugada exige una respuesta. Me quedo con sus puntos fuertes, me mentalizo de que hay que defenderse bien, recuerdo quien es zurdo... Eso lo tengo en cuenta siempre.

P. ¿Jugar contra Cristiano Ronaldo exige algo especial?

R. No, solo que es muy bueno. Parado no es tan peligroso, pero, si te engancha en velocidad, es imparable. Puedes tener suerte en una jugada, pero, sin coberturas, a la larga estás muerto.

P. Si jugara en el Madrid...

R. Yo no soy jugador del Madrid. Y no creo que, a estas alturas, lo sea nunca.

P. Iré al grano. ¿Cuál es su relación con los madridistas con los que juega en la selección?

R. ¿Lo dice por lo que pasó con Ramos en Barcelona? Esta olvidado. Un momento en caliente. Se puede entender su reacción. Estás a 180 pulsaciones, has perdido 5-0 y eso duele. No pasa nada.

P. ¿Y en la final de Copa?

R. ¿Qué pasó en la final? Ganaron y deben de estar muy contentos y orgullosos. Les felicité de corazón. Punto, a por otro partido...

P. ¿Cuál es su sentimiento hacia la selección española?

R. Esa pregunta no me la haría si no fuera catalán, ¿no? Es muy triste. Llevo jugando desde los 16 años en la selección, me dejé los morros en Sudáfrica, literalmente, y aún leo tonterías de que yo insulto a los españoles. De ese tema no quiero hablar más porque me caliento. A quien dude le recuerdo que yo gané un Mundial con La Roja por si lo ha olvidado. Y me partí los morros.

P. ¿Qué recuerda del Mundial?

R. Que el ambiente era muy bueno, las ganas de ser los mejores y la sensatez de Del Bosque, que no hizo caso a la prensa cuando se le criticó por jugar con Busquets y Alonso. Fue fiel a sus ideas y eso fue una muestra de confianza en el grupo. Al decir "yo jugaré como creo que hemos de jugar", ganamos confianza. Pasamos la fase de grupos. Nos jugamos la vida en el tercer partido y nos acostumbramos a vivir así. No encajamos ni un gol. A nivel defensivo, el equipo estaba muy trabajado. Y delante teníamos gente desequilibrante, a Villa enchufado... Ese mes lo recordaré toda la vida.

P. Usted dijo una vez que no hay mejor estado de ánimo que el de vivir enamorado.

R. Lo sigo pensando.

Piqué festeja su gol al Villarreal en El Madrigal. / JOSÉ BRETÓN (CORDON PRESS)

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