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Reportaje:

Escuelas que sostienen pueblos

Los alcaldes de 25 municipios con menos de 10 alumnos escolarizados idean mecanismos para atraer familias y mantener abiertos los colegios

Son héroes modernos del siglo XXI. Solo son alcaldes de pequeñas poblaciones de las comarcas del interior de la Comunidad Valenciana, que gestionan ayuntamientos cuya media de población censada oscila entre el centenar y los 250 habitantes censados. Pero, se las ven y se las desean para mantener el colegio abierto, ante el envejecimiento y la despoblación. La Generalitat les exige un mínimo de cinco alumnos matriculados. Cada cierto tiempo -en general, lo que duran los nueve años de vida de un escolar hasta que llega a la ESO- se ven obligados a buscar nuevas familias para repoblar el municipio, a cambio de trabajo y alojamiento barato. La escuela se convierte, así, en el principal sustento y atractivo del pueblo. "¿Cómo van a hacer los niños de cuatro años hasta 8 kilómetros, por carreteras heladas a 3 grados bajo cero en invierno, con curvas que hasta la gente del lugar que se las conoce, se sale de la carretera, para ir al colegio?", se pregunta el alcalde de Ayódar, Ramón Balaguer, que ha estado a punto de perder la escuela porque sólo tenía tres niños, que hubieran tenido que desplazarse en coche cada día.

Darijo: "Con una planta de biomasa, tendríamos cinco familias más"

Llodrá: "Tenemos claro el papel de la escuela. Sin ella, no hay parejas jóvenes"

Julián: "La escuela ejerce un efecto psicológico. Si se cierra, es un mazazo"

Balaguer: "El futuro dependerá de si somos capaces de ofrecer trabajo"

Balaguer ha protagonizado este verano la enésima batalla por mantener la escuela abierta de este puñado de alcaldes de 25 pueblos valencianos con menos de 10 alumnos matriculados el curso anterior, según datos oficiales. Y ha logrado, mediante un llamamiento público, atraer a una familia de Vila-real con dos niños de 3 y 4 años, para que se instalen, a cambio de "alojamiento barato".

Balaguer es un joven alcalde de 35 años, licenciado en Derecho que, hace siete años, aceptó el "reto" que le ofreció el PP -"influenciado por la vocación de servicio de mi padre, más que por las siglas de un partido", recuerda-. Su padre fue el alcalde que reabrió la escuela en 1987.

Sus ingresos proporcionales del fondo estatal se ciñen a los 235 habitantes censados. Aunque, los servicios -de alumbrado, alcantarillado, mantenimiento de bosques, fuentes naturales y parajes para acampar durante seis meses al año, para atender al triple de población que la censada- recaen sobre sus espaldas. Ayódar carece de industria y la agricultura hace tiempo que dejó de ser el principal sustento ante el envejecimiento de la población y la fuga de los más jóvenes hacia núcleos urbanos con más posibilidades de trabajo. "Aquí estiramos el euro, hasta el límite".

"El futuro del pueblo depende de si somos capaces de crear puestos de trabajo", advierte. Para este alcalde, la despoblación y el envejecimiento son "enfermedades crónicas" que acabarán con los pueblos de interior.

"La escuela, además de un servicio básico, es muy importante en pueblos de estas características; sobre todo, por el efecto psicológico que ejerce entre la población", coincide su homólogo en la alcaldía de Olocau del Rey, el socialista Ricardo Julián. "En el momento en que se cierra una escuela, es un mazazo colectivo, que deja al pueblo muy mal herido", advierte este joven que vive en Olocau "desde siempre", tras un paréntesis para estudiar.

Con 140 habitantes censados y "sólo seis alumnos", la escuela está "bajo mínimos". De momento, no ha tenido que recurrir a ninguna campaña de repoblación. Pero advierte que "o las Administraciones actúan rápido, o en diez años estos pueblos estarán despoblados totalmente".

Para evitarlo, sostiene que "hay que crear un tejido social y económico. Por ejemplo, si se opta por el biodiésel, habría que apostar en serio por una red de pequeñas centrales que generaran empleo y riqueza". Julián habla de "un plan estratégico" que contemple "qué tipo de desarrollo se quiere para estas comarcas. En el actual, en periodo de alegaciones, no se dice nada".

Olocau, que vivió de la ganadería durante siglos, tiene una población "envejecida" que vive "un poquito de la construcción, seis o siete personas empleadas; un taller de carpintería, fontanería y montaje de estructuras metálicas y, en determinados meses, del turismo rural". Se necesita "un cambio radical de las Administraciones Públicas. Hay un abandono institucional", subraya porque "los servicios, carreteras comunicaciones, siempre llegan tarde".

La pregunta que se hace es: "¿Si no hubiera llegado tan tarde, se hubiera producido esa despoblación?". Esa misma pregunta se la han hecho en algún momento los cinco alcaldes entrevistados por EL PAÍS, que consideran que además estos pueblos son el "pulmón de la sociedad".

"Yo me planteo que, si somos el pulmón de la sociedad, por qué no se implanta una tasa medioambiental, con la que podríamos ofrecer empleo estable todo el año en una brigada de servicios y limpieza de bosques, por ejemplo", apunta el alcalde de Benagéber, Rafael Darijo, también socialista. "En Benagéber el problema es doble: con 164 habitantes solamente, el 80% de la población es mayor de 65 años". El resto, los 26 vecinos en edad de trabajar están contratados por el Ayuntamiento para las brigadas forestales y de mantenimiento.

"El curso pasado tuvimos que hacer un llamamiento para atraer a una familia con cuatro hijos, pero este curso dos ya van al instituto en Utiel, sólo hay siete niños", explica Darijo. No ha sido la única vez, el anterior alcalde recurrió a la repoblación para evitar el cierre de la escuela en 1997. El problema, es que "el Ayuntamiento no puede ofrecer a las nuevas familias trabajo y no hay empresas, ni ninguna industria".

Darijo trabaja desde hace tiempo en un proyecto para crear una planta de biomasa, con una empresa privada pequeña, que daría empleo a ocho o diez personas más y permitiría que llegaran cuatro o cinco familias con niños. "Pero, aún estoy pendiente de la autorización de Iberdrola, para poder seguir el trámite ante la Generalitat", afirma resignado.

En Casas Bajas en 2008 estuvieron a punto de cerrar la escuela porque el mínimo de niños bajó a menos de cinco, cuando su alcalde, Vicente Bes, del PSPV. Este curso, con 252 habitantes censados, tienen 12 niños matriculados, gracias a que hace dos años contactó con el Ministerio de Inmigración y Asuntos Sociales y llegaron una familia boliviana con cuatro niños y una colombiana con tres. "Ahora las dos esperan hijos", dice con satisfacción.

Bes, como el resto de alcaldes tiene que dar servicio en temporada alta a más de un millar de personas que vuelven al pueblo en los meses de verano. Alguna vez ha recibido ayudas de los programas de desarrollo turístico cofinanciados por la Diputación y el Ministerio de Energía y Turismo.

Pero, en general, los alcaldes tienen que "estirar el euro". O poner "dinero del bolsillo para pagar los jornales, si hacen obra pública", añade Darijo, para quien "las Administraciones debería de plantearse ayudas a estos municipios pequeños que producen más oxígeno del que consumen y ayudamos a mantener los parajes naturales y las zonas de acampada".

¿La crisis económica puede ayudar a repoblar estas zonas? Bes sostiene que se empieza a ver un tímido retorno de familias que se fueron en busca de oportunidades a Cullera o a pueblos de Barcelona y que "ahora tienen los hijos en el paro y vuelven al pueblo a vivir a casa de sus padres o abuelos".

Lo mismo está ocurriendo en la Vall d'Ebo, pequeña localidad con 280 habitantes y ocho alumnos donde "excepto dos trabajadores a tiempo parcial empleados en el Ayuntamiento, el resto trabajan todos en obras pequeñas en Gandia", cuenta Rafael Llodrá, este joven alcalde socialista.

La "desaparición" de dos familias -una a Brasil y la otra a Ecuador, con tres o cuatro hijos cada una- ha dejado un "descenso brutal" de alumnos. "Ahora sólo tenemos ocho, con lo que nos acercamos al límite para poder mantener la escuela abierta, porque hemos pasado de 15 a ocho".

"Los alcaldes tenemos claro el papel fundamental que juega una escuela. No podemos ofrecer trabajo, pero sí calidad de vida, y dentro de esa calidad, está la escuela", resume Llodrá. "Si no hay colegio, no habrá parejas jóvenes". ¿Héroes modernos del siglo XXI? "Creo que sí", confirma Balaguer, "porque con presupuestos tan pequeños, hacemos maravillas financieras".

Colegios con menos de 10 alumnos en el curso 2009-2010

- Alicante. Beniadrà, Benifaió, La Vall d'Ebo, Monòvar-Casas del Señor, Tormos y Alpatró, pedanía de La Vall de la Gallinera.

- Castellón. Algimia de Almonacid, Almedíjar, Ayódar, Chóvar, La Pobla de Benicaf, Torre d'en Besora, Ludiente, Olocau del Rei, Serra d'en Galceran, Rosildos, Torás, Torre en Doménech, Zorita del Maestrat.

- Valencia. Benagéber, Benissuera, Casas Bajas, Castielfabid, Pinet y Jaraguas, pedanía de Venta del Moro.

- Total de poblaciones. Según los datos oficiales de matrícula de la Consejería de Educación las 25 poblaciones de la citada relación el curso pasado tuvo menos de 10 alumnos por pueblo matriculados.

- Situación del profesorado. Sólo los 6 pequeños pueblos de Alicante no están agrupadas en los llamados Colegios Rurales Agrupados (CRA). El resto, sí, lo que supone que tienen uno o dos profesores de plantilla y comparten a los especialistas de Educación Física, Inglés o Matemáticas.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Domingo, 12 de septiembre de 2010

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