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Reportaje:

El guerrillero comunista que prefirió morir a delatar

Homenaje a un ferrolano ejecutado por el garrote vil

Su nombre de guerra era Villa. Se echó al monte durante la II Guerra Mundial para combatir el fascismo. Confiaba en que los aliados derrocarían a Franco. Cuentan que bajo la culata de su mosquetón, Segundo Vilaboy, grabó una estrella roja de cinco puntas sobre la hoz y el martillo. Fue capturado tras un enfrentamiento a tiros con la Guardia Civil.

Un consejo de guerra sumarísimo lo condenó a muerte el 31 de octubre de 1947. Tenía 29 años. Dos días antes de morir, ejecutado a garrote vil en la cárcel de Caranza, escribió una carta de despedida a sus camaradas: "Sé que se aproxima mi fin. Veo las caras de los guardias que se darán un festín sangriento en vísperas de la Nochebuena. Así son estos que se llaman católicos".

Obrero y republicano, Vilaboy fue secretario político del Partido Comunista en Ferrol

Unas 60 personas -familiares, y grupos de izquierdas vinculados a la memoria histórica- rindieron ayer un homenaje a Segundo Vilaboy Martínez (Ferrol, 1918-1947) en el cementerio municipal de Catabois, donde descansan sus restos.

Obrero, guerrillero, republicano, Vilaboy fue el secretario político del Comité del Partido Comunista en Ferrol. El historial de su vida se parece al guión de una película que el historiador Bernardo Máiz Vázquez ha querido rescatar del olvido. Durante años, Máiz buceó en los archivos militares del franquismo y recuperó parte de los documentos que le han servido para hilvanar la corta vida y cruel muerte del guerrillero ferrolano, y que recopiló en Resistencia, guerrilla y represión. Causas y Consejos de Guerra. Ferrol 1936-1975.

Vilaboy ingresó en el astillero de Ferrol al finalizar la Guerra Civil como plomero-tubero. Su intensa vinculación al PC, lo obligó a pasar muy pronto a la clandestinidad en las filas del Ejército Guerrilleiro de Galicia. Integró la IV agrupación de la resistencia gallega, La Pasionaria.

A finales de mayo de 1947, una bala de nueve milímetros lo dejó malherido cerca del río Bellele, a medio camino entre Neda y Fene, durante un intercambio de disparos con agentes de la Guardia Civil. Lo trasladaron al hospital de Marina de Ferrol. Lo operaron y sólo dos días después, comenzaron a interrogarle.

"No importó que estuviera moribundo. Primero fueron los interrogatorios, de 12 y 14 horas hasta que, agotado, perdía el sentido. Después las torturas", escribió en su celda, en diciembre de 1947, horas antes de su ejecución. Unas flores sobre su tumba y un sonoro tributo musical a cargo de Mencer Vermello, RPG7 y Mossin Nagant recordaron ayer a Segundo Vilaboy Martínez 63 años después de su muerte.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 29 de agosto de 2010