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jueves, 19 de agosto de 2010
Reportaje:música

La piedra rosetta del jazz

Un museo adquiere la Colección Savory, un tesoro de grabaciones inéditas de la era dorada del género registradas por uno de los ingenieros que inventó el elepé

CHEMA GARCÍA MARTÍNEZ Madrid 19 AGO 2010

En los mentideros del jazz no paraba de hablarse de ella aunque nadie había podido verificar su existencia. La Colección Savory constituía una de esas leyendas románticas que alimentan los sueños húmedos del aficionado. Un verdadero tesoro escondido de grabaciones inéditas procedentes de la edad dorada del género. Lo nunca escuchado de los más grandes: de Louis Armstrong a Billie Holiday o Count Basie. Durante décadas, el autor de las grabaciones, un oscuro y excéntrico ingeniero de grabación llamado William Savory, impidió celosamente el acceso a las mismas con muy pocas excepciones. Hasta ahora.

El National Jazz Museum, en Harlem (Nueva York), ha anunciado la adquisición de la colección, compuesta por 975 discos de aluminio y vinilo. Las grabaciones, todas inéditas, fueron hechas por Savory a partir de retransmisiones radiofónicas, entre los años 1935 y 1941. Su calidad técnica, se asegura, es excepcional para la época.

En el legado, 975 discos, hay inéditos de Armstrong, Count Basie o Billie Holiday

Los discos registrados por Savory permiten escuchar a los grandes iconos de la era del swing a sus anchas y sin las limitaciones de tiempo que imponían los discos de 78 revoluciones por minuto. Entre los artistas representados, se hallan los más grandes directores de orquesta -Count Basie, Lionel Hampton, Artie Shaw o Benny Goodman- y solistas: Lester Young, Fats Waller... Al margen del jazz, la colección incluye grabaciones en directo de Arturo Toscanini y Eugene Ormandy y alocuciones a cargo de Franklin D. Roosevelt, el papa Pío XII y James Joyce.

William Savory (de nacimiento William Desavouret) vino al mundo un día de junio de 1916 a bordo del transatlántico Mauretania. Sus padres, franceses, esperaban encontrar en el Nuevo Mundo un lugar para establecerse lejos de la contienda que en esos días asolaba el continente europeo. Lo encontraron en la soleada California, donde William pasó sus primeros años.

Convertido en músico profesional, viajó a Nueva York para grabar una cinta de demostración en un estudio discográfico. Su estreno como músico no pudo empezar de peor manera: a poco de iniciada, la sesión hubo de abortarse por una avería en el aparato grabador. William se ofreció a arreglar el fallo mecánico e inmediatamente fue contratado como técnico de mantenimiento y especialista en grabaciones radiofónicas.

A lo largo de un lustro, el micrófono de Savory registró la música de las grandes estrellas del espectáculo en sus presentaciones radiofónicas en vivo. También los momentos íntimos de complicidad fuera de los focos. Así, entre las grabaciones que el National Jazz Museum pondrá a disposición del aficionado, puede escucharse a Benny Goodman interpretando Oh, lady be good! acompañado únicamente por un clavicordio; o a la gran Billie Holiday versionando su Strange fruit un mes después de su grabación original. El 29 de mayo de 1938, Savory grabó el Carnaval de Swing que tuvo lugar en el Randall's Island Stadium, considerado el primer festival de jazz al aire libre de la historia, del que solo se sabía por los reportajes que ofrecieron los noticieros de la época.

La entrada en guerra de EE UU puso fin a la experiencia. Savory pasó a colaborar con el Ejército en la creación de un radar para aviones de combate y como piloto. De vuelta en casa, formó parte del equipo que ideó el disco de 33 1/3 revoluciones por minuto. Sus posteriores experimentos con el sonido en dos canales se anticiparon en un año a la aparición del primer disco estereofónico. Una muestra de la Colección Savory puede escucharse en www.jazzmuseuminharlem.org/savory.php y, según informaba ayer The New York Times, la casa de discos especializada en reediciones exquisitas Mosaic Records negocia su próxima publicación.

Otras joyas

El jazz provoca adicción. Por eso, el caso Savory no es único. He aquí algunos amantes del género que nos dejaron su precioso legado.

- Frank Bruno reparaba radios cuando fue reclutado por el Ejército para participar en la operación V-disc: grabar, durante la II Guerra Mundial, a Frank Sinatra, Glenn Miller o Billie Holiday en discos para levantar el ánimo en el frente. Con la paz, los V-discs y sus matrices fueron destruidos, lo que no impidió su edición en compacto.

- El saxofonista Dean Benedetti siguió a Charlie Parker a sol y sombra y grabó sus apariciones en los clubes para luego transcribir sus solos e incorporarlos a sus propias interpretaciones. En 1988, su hermano, Rick Benedetti, vendió las cintas y acetatos a Mosaic Records, que los editó en 1990.

- Ebbe Traberg, crítico de jazz danés residente en España, no se separaba de su grabadora. El resultado son horas del mejor Dexter Gordon a su paso por el Whisky & Jazz madrileño, de Art Blakey, Paul Bley o Dizzy Gillespie. La colección reposa hoy en la fundación que lleva su nombre, en Madrid, a la espera de ver la luz algún día.

William Savory.

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