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Reportaje:SUDÁFRICA 2010

El milagro holandés

Un país con la extensión de Extremadura jugará mañana su tercera final, fascinante para el gran vivero futbolístico de Europa - La generación actual no seduce como otras, pero compite muy bien

En la historia del fútbol, pocas aventuras han sido más fascinantes que la de Holanda, un país con 16 millones de habitantes y la extensión de Extremadura. Un milagro. Un país donde el fútbol era un asunto de marcianos hace medio siglo y mañana afronta su tercera final de un campeonato del mundo. No solo el Mundial está en deuda con la ilusionista Holanda, sino todo el fútbol.

A finales de los sesenta, cuando el gran Real Madrid se había quedado sin depósito, este deporte languidecía entre las trincheras dominantes del calcio y las violentas guerrillas de algunos clubes argentinos. Entonces, de la nada, en una nación donde el fútbol era inexistente, subyugado por el ciclismo y el patinaje, en las calles de Ámsterdam la pelota recobró la sonrisa, surgió de forma espontánea un fenómeno contracultural. Desde aquella época su catálogo de estrellas ha convertido a Holanda en el primer vivero de Europa, en el Brasil continental.

Todo empezó en una calle de Ámsterdam donde doña Petronella limpiaba camisetas

Todo empezó en el estadio De Meer, en Amsterdam, donde Petronella Bernarda Draaijier, la mujer encargada del servicio de limpieza de un club llamado Ajax, se empeñó en que su hijo Johan fuera alistado con 10 años en las categorías inferiores. Aquel delgaducho chiquillo, que dos años después perdió a su padre, frutero, abrió la espoleta. Cruyff, Johan, nacido en 1947, siempre fue un transgresor, nunca aceptó una orden. Ya en 1964, el propio Johan y Piet Keizer, un gran delantero del Ajax cuatro años mayor que el hijo de Petronella, se convirtieron en los primeros jugadores profesionales de Holanda. Junto a ellos, un grupo de futbolistas melenudos y de patillas infinitas acunados en los tiempos rebeldes de la beatlemanía fueron refractarios a aquel fútbol declinante que entonces imperaba. Fue la semilla de la popularizada después como naranja mecánica, en referencia de la exultante Holanda de 1974. En realidad no era tan mecánica, más bien, como alguien subrayó en la época, era la desorganización más organizada que se haya conocido. La Holanda de Cruyff, Neeskens, Rep, Krol, Haan y tantos ilustres, se convirtió en el subcampeón más seductor que se recuerde. Perdió con Alemania en Múnich, y cuatro años después caería de nuevo ante el anfitrión, Argentina, pero ya sin Johan Cruyff al frente, enfrentado con los directivos. Antes de aquella final perdida ante los germanos, el fútbol holandés ya sumaba cuatro Copas de Europa: una el Feyenoord de Israel y Van Hanegem -sus dos islotes en la selección que gobernaba con puño de hierro el Ajax- y tres el equipo de Ámsterdam, que repetiría en 1995. En 1988 también hizo bingo el PSV, que frustró al gran Real Madrid de un buitre y su quinta.

De la escuela holandesa no solo se han exportado jugadores, sino un método, un dictado que ha servido de andamiaje para algunos equipos de leyenda: el Milan de Arrigo Sacchi que abrazaban Van Basten, Rijkaard y Gullit, el Barça de ensueño de Cruyff y Ronald Koeman o la actual selección española. Esta ha metabolizado el guión holandés con el equipo azulgrana de cordón umbilical, primero en los tiempos de Van Gaal y luego en la obra perfeccionada por Rijkaard y rubricada hasta lo sublime por Pep Guardiola.

La generación actual, la que mañana se medirá a España, no es la de mayor fantasía, ni mucho menos. Es naranja, pero ya no tiene aquel encanto revolucionario de los setenta, ni la maravillosa versatilidad del equipo de los noventa que lideraba un bailarín del Bolshoi como Van Basten, ni la más tecnocrática de Kluivert, Bergkamp y Overmars. Todas ellas tuvieron algún cortocircuito, bien porque se cruzaron con equipos campeones, o bien porque alguien tiró una cerilla en su concentración. Desde los tiempos de Cruyff, no han sido pocos los conflictos internos, incluidas las sospechas entre las nomenclaturas del Ajax, el Feyenoord y el PSV. En África, la selección ha vivido en armonía. Sin el talento de sus antepasados, el grupo de Bert van Marwijk ha sabido cohesionarse. En cuanto a tensión competitiva nada tiene que envidiar a los equipos de sus conspicuos predecesores. Esta selección triunfó en sus ocho partidos de la fase de clasificación (ante Noruega, Escocia, Macedonia e Islandia) y lleva otras seis victorias en Sudáfrica. Desde el deslumbrante Brasil de 1970 ningún equipo ha encadenado racha semejante. No es la mejor Holanda, pero no es una selección cualquiera y el fútbol hace tiempo que la espera en el trono. También la espera España, a la que jamás se ha enfrentado en una Eurocopa o un Mundial. Los amistosos sí que han resultado útiles: en 1957, Di Stéfano debutó con España ante Holanda, lo mismo que Xavi y Puyol el 15 de noviembre de 2000. Cómo han cambiado las cosas desde entonces: más cautivadora esta España; más competitiva esta Holanda donde los milagros no tienen fin.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 10 de julio de 2010