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COLUMNA

De lo crudo a lo cocido

Podría parecer que el auge de los libros de divulgación científica en español respondiera al paso de una sociedad premoderna a otra moderna, y a un pensamiento crítico más evolucionado que hace treinta años. Habida cuenta de que el pensamiento de masas es cada vez menos crítico, no lo creo así. La razón hay que buscarla en el lugar que hay más allá del pensamiento crítico-ilustrado: en el juego posmoderno. No hay suplemento dominical, periódico o revista generalista que no las introduzca resaltando el aspecto lúdico del conocimiento. La seducción es ya el elemento consustancial a cualquier discurso social. Esto genera dos polos: el banalizante, pero también el acceso del profano a cosmovisiones antes inalcanzables, y como virtud colateral, compensa los efectos de ese otro tipo de disparatadas publicaciones que han crecido al amparo del pensamiento mágico, llamadas "de autoayuda" -si alguien quiere autoayudarse, ¿por qué necesita de un libro que le ayude?-.

Quizá el ejemplo paradigmático de libro científico-divulgativo, editado a finales de los setenta por Alianza Editorial, sea Los tres primeros minutos del universo; su autor, el Nobel Steven Weinberg, decía que le había hecho ganar más dinero que todas las clases de física impartidas en su vida. Arranca ahí, acorde con la sensibilidad de la época, una línea divulgativa que se perpetúa hasta principios de los años noventa: libros que tratan, bien de cosmología, bien de física cuántica, donde se dan a conocer autores ya clásicos como Richard Feynman o Michael Friedman, y se reeditan clásicos como Mente y materia de Erwin Schrödinger, complejos aún para el no versado. En los años ochenta se consolidan autores como Paul Davis o John Gribbin, que refunden, amplían y hacen más asequible todo lo anterior, llegando quizá S. Hawking a la parodia con su Historia del tiempo. En español aparecen dos colecciones que serían clave de toda esa difusión y de la que vendría: Metatemas (Tusquets), dirigida por Jorge Wagensberg, y Drakontos (Crítica), sin olvidar, a mediados de los años ochenta, la importantísima colección de quiosco Biblioteca Científica Salvat. A partir de los años noventa, en parte gracias a un libro que lo cambiaría casi todo, La nueva alianza (Ilya Prigogine), la divulgación toma otro camino predominante: el caos, la fractalidad, los procesos irreversibles y lo que en general se da en llamar sistemas complejos -paralelo al boom popular de la filosofía posmoderna francesa-, y este cambio trae consigo una apertura de la divulgación hacia lugares que estaban olvidados, principalmente la biología. La "nueva alianza" pone de relevancia la interacción entre sistemas muy sensibles a cambios y muy alejados entre sí en espacio, escala, y casi ontología, por lo que se hace especialmente atractiva para la divulgación. Es esa deriva hacia los "sistemas complejos" la que propicia el cambio del que hablábamos al principio: una divulgación más atractiva para el profano por cuanto mezcla abstracción matemática y cotidianidad de las diferentes formas de vida. España cuenta con importantes expertos divulgadores; por citar solo algunos, Jorge Wagensberg, F. J. Yndurain, A. Fernández-Rañada, Sánchez Ron, J. L. Arsuaga, otros que por diferentes motivos están fuera de la ortodoxia como Antonio Escohotado o Eduardo Punset, los centrados en la filosofía de la ciencia como Jesús Monsterín, y otros más recientes como Ricard Solé, quien ejemplifica lo que sería el último gran salto: la divulgación de los sistemas de redes complejas (neurociencia, lenguaje, ecosistemas, teoría de la información, economía, redes sociales, virus, etcétera). Tal como expuse en Postpoesía (Anagrama), las ciencias conforman una de las poéticas de este siglo, y la divulgación ha contribuido a que estén en la sensibilidad de nuestra época. La domesticación de lo crudo en lo cocido.

Agustín Fernández Mallo es físico, autor de la novela Nocilla Lab (Alfaguara), y de Postpoesía, hacia un nuevo paradigma (finalista Premio de Ensayo Anagrama 2009). Mantiene el blog: http://blogs.alfaguara.com/fernandezmallo/

* Este articulo apareció en la edición impresa del Sábado, 10 de julio de 2010