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domingo, 30 de mayo de 2010
Reportaje:

El síndrome de la mayoría de edad

Las diputaciones alertan de la falta de recursos para los jóvenes tutelados cuando estos rebasan los 18 años - Asuntos Sociales no los incluye en la renta básica

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Se acercan a la mayoría de edad, la línea invisible que para algunos, los que cuentan con el apoyo económico y social de sus familias, es sinónimo de libertad y para otros significa inseguridad y a veces desamparo. Los jóvenes tutelados por las diputaciones vascas se encuentran a menudo con la dificultad del limitado respaldo que existe para ellos una vez dejan de ser menores.

Los recursos de acogida de las instituciones forales son muy diversos y específicos para atender a los menores. Sin embargo, no ocurre lo mismo con los de emancipación y los de apoyo a los jóvenes que rebasan los 18 años. Para este colectivo "hay que desarrollar más y mejores programas", defienden desde la Diputación de Vizcaya. El 67% de los menores que están en los centros de esta provincia son mayores de 12 años, una realidad que se puede ampliar a Álava y Guipúzcoa y que demuestra la elevada necesidad de aumentar el apoyo hacia estos jóvenes.

Los jóvenes entran en pisos de emancipación desde los 16 años

"Estamos de nuevo en el punto de partida", lamentan las asociaciones

Las diputaciones acogen cada vez más grupos grandes de hermanos

Antes de que lleguen a la mayoría de edad, la formación y la orientación se dirigen a que puedan ser capaces de emanciparse llegado el momento. La situación en la que se encuentran hace que "con esfuerzos" consigan el graduado escolar. Con 15 años comienzan a recibir formación en módulos de garantía, en programas de capacitación profesional (PCPI), es decir, líneas muy específicas para que aprendan un oficio. A la universidad llegan pocos, pero los hay, sobre todo aquellos que llevan muchos años en el sistema, explican técnicos de la Diputación de Álava. "Para nosotros, el que está en una situación complicada y consigue terminar un módulo de Formación Profesional, es como si hubiese realizado la carrera universitaria más complicada", subrayan.

Todo porque "lo primero es la estabilidad", explican técnicos alaveses. La sensación de desasosiego y falta de apoyo se acrecienta cuando los menores se acercan a los 18 años: "tienen regresiones por miedo", se rebelan y su comportamiento empeora. Se trata de una especie de síndrome ante la inminente llegada de su madurez en términos legales. Y es que "no cuentan con todo el apoyo social y familiar" de los jóvenes que han crecido en un entorno normalizado.

El paso previo a la mayoría de edad son los pisos de preparación para la emancipación. Es el simulacro de su independencia, en el que se trabaja por su inserción laboral y social. Los pisos son únicamente para "mayores de 16 años, que presentan gran autonomía y no existe pronóstico de reunificación familiar con la mayoría de edad", explican desde la diputación guipuzcoana. En este territorio, la mayoría de los que se acogen al programa son menores extranjeros, pero los servicios sociales cuentan con pisos diferenciados para adolescentes autóctonos y para extranjeros, ya que sus necesidades son diferentes.

Desde las tres instituciones forales subrayan que el día en que cumplen 18 años no se quedan en la calle, pero reconocen que no hay recursos suficientes. Sí los hay para hacer un seguimiento y un apoyo tutorial a estos jóvenes. Aunque "algunos se marchan rebotados de los centros", explican, "con el tiempo vuelven" para recibir orientación. Solo algunos -los que cuentan con expedientes de buena conducta- logran entrar en pisos en los que pueden seguir estudiando y viviendo. En Guipúzcoa, por ejemplo, el servicio Lortuz proporciona un techo y apoyo a los jóvenes que se comprometen a seguir programas de formación y de inserción laboral hasta los 25 años.

La carencia se encuentra en el número de plazas destinadas a estos jóvenes, pero también a la falta de apoyo económico para aquellos que no cuentan con las prórrogas de las diputaciones. La solución a este último problema se encontraba hasta hace escasos días en el nuevo decreto de la Renta de Garantía de Ingresos. Ésta se otorga a mayores de 23 años, pero el Departamento de Empleo y Asuntos Sociales iba a incluir una excepción para abarcar a estos jóvenes desde los 18 años, lo que les aportaría unos ingresos de 7.800 euros anuales. Sin embargo, la medida se ha pospuesto a causa de los recortes, por lo que "estamos de nuevo en el punto de partida", explican desde una de las asociaciones que se encargan de formar a estos jóvenes.

Menores tutelados

- El 51,4% son autóctonos y el 48,6% inmigrantes.

- El 67% de los menores que viven en centros de las diputaciones vascas es mayor de 12 años.

- Pasos hacia la independencia: desde los 16 hasta los 18 estos jóvenes entran en programas de emancipación.

- A partir de los 18 años: los que tienen expedientes de buena conducta siguen en pisos forales. Los que no, reciben orientación y apoyo, pero no ayudas económicas.

Menores extranjeros, la mitad de la realidad

Los menores extranjeros no acompañados, los mena, saltan a los titulares de la prensa dejando relegada a un segundo plano otra realidad, la de los menores autóctonos tutelados por las diputaciones. Estos últimos suponen el 51,4% de los todos los menores atendidos por los servicios sociales.

En Álava, de los 379 menores en centros residenciales el 62% son extranjeros, una situación que ha llevado en diversas ocasiones a pedir que se establezcan cupos por comunidades, ya que las diputaciones vascas cuentan con el mayor número de menores extranjeros acogidos únicamente superadas por la comunidad canaria. En Vizcaya, de 720 menores en centros, un 53% son nacionales y el 47% de extranjeros. En Guipúzcoa se atienden 119 extranjeros y 206 autóctonos, 37% y 63% respectivamente. Los datos, recabados en diciembre de 2009, muestran que debido al aumento de extranjeros en los centros, los porcentajes se han ido igualando hasta reducir a un 51,4% el porcentaje de niños y niñas autóctonos.

Entre los nacionales, el 9% tienen menos de tres años, el 10% entre cuatro y siete, el 14% entre ocho y doce. Los más pequeños se derivan a la acogida, aunque "no siempre hay familias suficientes". Desde Álava y Vizcaya se indica que, mientras que antes eran más los menores solos los que entraban en el sistema, ahora los grupos de hermanos, en ocasiones de hasta cuatro, han tenido un incremento importante, lo que supone "un reto todavía mayor". La política de mantener a estos menores agrupados dificulta su salida a hogares de acogida.

Los jóvenes atendidos por los servicios sociales proceden a menudo de familias monoparentales o familias reconstituidas, es decir, personas separadas con hijos que crean una nueva familia. Además, desde Álava explican que la reagrupación familiar genera también problemas en este ámbito. Las complicaciones surgen cuando familias extranjeras que llevan tiempo en Euskadi traen a sus hijos de sus países después de años sin convivir. "Estos jóvenes tienen a veces muchas dificultades para acoplarse", explican expertos alaveses.

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